miércoles, 3 de octubre de 2012

Un ejemplo de valentía contra la obsolescencia programada. (Economía, Política. 915)

En enero del 2011 colgaba en un artículo (Curiosidades anécdotas históricas. 128) el interesantísimo documental sobre la obsolescencia programada que sirve para entender la sociedad del consumo en la que vivimos.

En respuesta a esto, es de valorar la valentía de personas que luchan contra esta obsolescencia, como la mostrada por Benito Muros, pese a las amenazas recibidas:

Esta es la entrevista en El Economista, donde muestra la situación:

"La batería del móvil se muere a los dos años, un ordenador a los cuatro, para la nevera ya no hay repuestos pasados los ocho años y de repente, un buen día, la televisión dice adiós, así por las buenas. "Nada que hacer, le sale mejor comprar otra". ¿Les suena el diagnóstico? A Benito Muros, presidente de la SOP (Sin Obsolescencia Programada), sí le suena. Y por eso está amenazado de muerte.

Eso de la SOP da miedo.

¡No! Se trata de un movimiento que denuncia la obsolescencia programada. Luchamos para que las cosas duren lo que tengan que durar, pero los fabricantes de aparatos electrónicos los programan para que duren un tiempo determinado y obligan así a los usuarios a comprar otros nuevos. ¡Y la ley lo permite!

¿Se mueren así, de repente?

El consumo de nuestra sociedad se basa en productos con fecha de caducidad. Cambiar esto supondría cambiar nuestro modelo de producción y optar por un sistema más sostenible. Los fabricantes deben ser conscientes de que las crisis de endeudamiento como la que vivimos son evitables, y que podemos detener el crimen ecológico.

¡Uff! La lavadora de mi madre duró 35 años, por lo menos.

Y ahora a los seis ya da problemas y mejor tirarla. También antes había unas medias de nailon irrompibles.

¿No se hacían carreras? ¿Dónde se venden?

[La pregunta, en este caso, es de la fotógrafa]. Se dejaron de fabricar, por eso, porque duraban demasiado. Pero hoy todavía queda una bombilla que lleva encendida 111 años en un parque de bomberos en Livermore (California). De ahí me surgió la idea de crear, junto con otros ingenieros, una línea de iluminación que dure toda la vida.

¿No se funde nunca?

¡Nunca! Dura más de cien años, pero como no lo veremos, ofrecemos una garantía de 25.

No se ve en los lineales de los grandes almacenes...

No, porque las distribuidoras nos dicen que viven de las que se funden. Incluso hemos tenido ofertas millonarias para no sacarla al mercado.

¿Y cuánto cuesta su bombilla?

Comprada online, unos 37 euros. A los fabricantes no les interesa.

¿Un genio o un loco?

Ni lo uno ni lo otro. Sólo buscamos una sociedad más justa. Aunque eso suponga estar amenazado de muerte.

Parece una película de ciencia ficción.

(Nos muestra la denuncia): "Señor Muros, usted no puede poner en el mercado sus sistemas de iluminación. Usted y su familia serán aniquilados".

¿Merece la pena ser un héroe por una bombilla?

Merece la pena luchar por una sociedad donde no se viva del usar y tirar, aunque se pase miedo."

2 comentarios:

  1. No es la SOCIEDAD DE CONSUMO, es la voracidad de ganancia desmedida EMPRESARIAL, vendiendo articulos DISEÑADOS y CONSTRUIDOS pesimamente de modo que su vida util sea muy corta y asi debamos comprar nuevamente.
    Si bien es una estafa comercial de los fabricantes, no se debe dejar de lado la responsabilidad ETICA que tienen los diseñadores industriales, meros empleados de los EMPRESARIOS, se entiende?

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  2. Creo que hay que tener mayor habilidades e investigacion para fabricar algo de corta vida que algo de larga vida. Aunque parezca mentira, se gasta muchisimo dinero en investigacion para desarrollar metodos de diseño y construccion que logren por resultado un artefaco descartable, reñidos con toda logica y sentido comun, MALDITOS.
    Como si eso fuera poco, el COMPRAR y TIRAR y volver a COMPRAR PRODUCE residuos altamente toxicos, que son enviados a paises pobres de ASIA y AFRICA, con la consecuente contaminacin ambiental en dichas sociedades. DOBLEMENTE MALDITOS.!
    Yo los llamo: los INGENIEROS EN OBSOLESCENCIA.

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