miércoles, 17 de agosto de 2011

Crisis europea, demanda decreciente e intervencionismo creciente. (Energéticas, Calentamiento global. 45)

Una muestra más del creciente intervencionionismo en Europa en todos los ámbitos y sus consecuencias, en este caso en la política energética, que nuevamente dilapida los recursos del contribuyente y por tanto, el bienestar futuro.

"Ya estamos en julio y las cifras de demanda energética son, cuando menos, preocupantes, puesto que son fiel reflejo de la evolución de la economía y del PIB.

Los números asustan, fundamentalmente porque excepto Alemania y algún país nórdico, el resto de Europa languidece a pesar de las optimistas expectativas de “recuperación” anunciadas a bombo y platillo en 2008. Es aun más preocupante comprobar que el efecto de los planes de estimulo, mas de un 3.5% del PIB de la UE entre 2007 y 2009, no solo se han disipado, sino que la actividad industrial cae a niveles similares a los de 2008, lo cual nos deja la deuda generada por esos planes, pero ningún efecto relevante sobre el PIB.

Según Societé Generale, la demanda de gas natural en los países analizados (Francia, Portugal, España, Reino Unido e Italia) se desplomó en mayo un 11.8% con respecto a 2010. El acumulado del ejercicio 2011 muestra una caída del 9.7% año con año. La demanda de gas natural en España en el primer semestre, incluido junio, ha caído un 1.9% con respecto al 2010.

En cuanto a la demanda eléctrica, los países analizados de Europa (Francia, Reino Unido, Italia, Bélgica, Grecia, Portugal, Dinamarca, España y Polonia) muestran un descenso interanual acumulado del -2.5%. La demanda eléctrica en España en el primer semestre sin embargo se ha mantenido relativamente estable con respecto al 2010, pero crecer, no crece.

En este entorno, la Unión Europea ha lanzado su Directiva de Eficiencia Energética, que exige al sector eléctrico y gasista alcanzar un ahorro en consumo anual equivalente al 1.5% de sus ventas. Con ello se conseguiría un aumento de la eficiencia energética del 20% para el año 2020. Otro brindis al sol de nuestros amigos de Bruselas.


¿Y cual es el problema? Que si el PIB no se recupera de manera agresiva, el endeudamiento de las economías aumentará, y el acceso al crédito se reduce, justo cuando llega el año, 2013, en que los grupos empresariales tienen mayores vencimientos de deuda (2013-2014). Y con más de €30.000 millones anuales de subsidios y ayudas en los sistemas energéticos europeos, que la UE quiere que se tripliquen, el coste de la energía seguirá subiendo aunque caiga el PIB.

Adicionalmente, si la demanda se mantiene lánguida, la sobrecapacidad de los sistemas eléctrico y gasista no bajará, justo cuando Europa anuncia incentivos varios para invertir en nueva capacidad, tanto nuclear (en Reino Unido, 10GW), eólica (7GW/año) y solar (10GW/año) , incluso carbón (Alemania, lignito, 5GW planeados). Una cantidad de inversiones que pueden ser muy válidas en un proceso de desplazamiento de otra tecnología, pero resulta que la política hasta ahora es subsidiar no solo a las tecnologías “nacientes”, sino a las “fallecientes” también.

Lo que sorprende de esta Unión Europea a la que tanto le gusta ordenar, dar directivas y recomendar de manera paternalista al mundo lo que tiene que hacer, es que se entreguen subsidios al carbón, por ejemplo (€1.500 millones en España solamente entre subsidios directos y pagos de capacidad), llegando a la situación, divertida cuando menos, de ver países donde todas las tecnologías están subvencionadas.

El problema de los sistemas energéticos de la UE no ha sido la liberalización, sino la intervención

La liberalización del sistema eléctrico y gasista entre 1999 y 2004 introdujo el mayor periodo de inversiones, mejora de infraestructuras, calidad de servicio y coste desde la época negra de los recortes de suministro de los setenta. Fue entonces, cuando los gobiernos decidieron intervenir, cambiar las leyes a mitad de partido, subvencionar unas tecnologías sobre otras, restringir la libre circulación de capital, crear mercados ficticios (como el de CO2) y generar señales caprichosas de demanda y precio a través de subvenciones cuando empezó el problema. Y sin riesgo, porque sea a través de la tarifa o a través de los impuestos, los errores de planificación siempre los ha pagado el consumidor.

Es este entramado endiablado de costes añadidos a la factura final, y añadido a ellos los impuestos, que en la UE son los mas altos de la OCDE lo que hace que los precios finales no bajen, de hecho suban, aunque la demanda caiga. Hemos cargado al sistema de infinitud de pequeños conceptos, que siempre empiezan por la presunción de ser “pequeños”, pero que poco a poco van sumando al total.

¿La solución? Pues muy simple. Como dice un conocido directivo español, “mercado, mercado”. Si la generación con carbón o con gasoil tiene que reducirse o desaparecer, que lo haga. Si el precio de la electricidad o sistema gasista que hemos aceptado es caro, el consumidor debe saberlo para tener claro qué es lo que está promoviendo. Mantener al consumidor engañado, en el caso de España, creyendo que la energía que consumimos es barata a base de prolongar el déficit de tarifa, o recortar los retornos de otras tecnologías, es simplemente eso: engañar.

Si una tecnología o una planta, sea carbón, ciclo combinado de gas o un molino de viento, sobre todo si está totalmente depreciada, no genera retornos aceptables, que la empresa que la gestiona la cierre o la mantenga con los retornos de sus otros negocios. ¿Saben ustedes cuantas plantas de generación con petróleo quedan? Casi ninguna. ¿Por qué? Porque fueron desplazadas por tecnologías más rentables y mejor posicionadas. Si mantenemos a base de subsidios tecnologías ineficientes y anti-económicas, no solo mantenemos una sobrecapacidad innecesaria en el sistema, sino que el consumidor no ve las ventajas de las partes bajas del ciclo económico."

Fuente: Cotizalia

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