Este es un nuevo ejemplo ilustrativo de lo que busca la izquierda para acrecentar su poder e ideología vía diversos instrumentos, en este caso la lengua.
Esta estrategia la ha venido desarrollando en las distintas comunidades autónomas. Su estrategia seguida es similar a las llevadas a cabo por los nacionalistas (de ahí su afinidad y nexos). Y no es otra que la de exaltar un sentimiento nacionalista que pueda instrumentalizar en beneficio propio, con el cual acaba dividiendo a la sociedad en buenos y malos (ciudadanos de primera y de segunda, verdaderos ciudadanos y extranjeros en su propia tierra a cualquiera que se oponga a sus crecientes imposiciones).
La división le permite presentarse como los buenos, obviamente, los representantes del verdadero pueblo, de las victimas oprimidas por una fuerza externa e imperialista (en este caso España).
Y así arrinconan y hacen caer en una trampa a su oposición política generando una falsa dicotomía.