viernes, 13 de marzo de 2009

No os alegréis si bajan los precios: la deflación sería una catástrofe. Explicación de qué es y por qué es peor que la inflación. (Economía, Política. 13)

Cómo afecta al consumidor una inflación baja: balón de oxígeno a corto plazo, catástrofe a largo.
La escalada de los precios a lo largo los últimos meses de 2007 y la primera mitad de 2008, unida a la subida del Euribor durante el pasado año, colocó a muchas economías familiares al borde del colapso. La reducción de los precios, en parte por el descenso del coste del petróleo y de algunos alimentos básicos, ha dado un pequeño balón de oxígeno a los ciudadanos que están sufriendo los rigores de la crisis, la destrucción de puestos de trabajo y la incertidumbre sobre su futuro inmediato. Sin embargo, a pesar de las positivas consecuencias que, en estos momentos, puede tener la caída de la inflación para los consumidores, si la bajada de precios continúa puede traer consigo efectos muy negativos.

La inflación ha sido un enemigo de las economías europeas y los ciudadanos han sufrido sus efectos y han visto cómo con el dinero de sus salarios podían acceder cada vez a menos productos y servicios. y tuvo su punto álgido cuando el barril alcanzó los 147 dólares, su máxima cotización, en julio de 2008. Paralelamente, numerosos productos dispararon su precio, lo que obligó a muchas familias a hacer juegos malabares para llegar a final de mes. A esto se le unió la subida de las cuotas de las hipotecas con lo que miles de economías familiares llegaron al colapso.

Ahora la situación ha dado la vuelta. Los precios comenzaron a bajar a mediados de 2008 y la tasa de inflación ha pasado de un 5,3% en el mes de julio a un 0,7% en febrero de 2009. Las causas, el descenso del petróleo (44$), o la caída del precio de productos de primera necesidad.

A priori, estos dos factores son positivos para los consumidores, que contarían con mayor liquidez y podrían gastar más dinero y estimular así la demanda. También para las empresas porque abarataría los costes de producción, algo que a su vez podría redundar en la bajada de los precios de los bienes que fabrican, e incluso la demanda se mantendría o podría llegar a crecer.

Pero la recesión que padecen las economías mundiales y en concreto la española donde se han perdido puestos de trabajo y otros viven bajo la amenaza de un futuro laboral incierto hacen que el consumo se haya retraído y sea otro factor de la bajada de precios. Es este elemento uno de los que más preocupa por su influencia en la inflación, ya que puede provocar que la caída de los precios sea más duradera. Aquí es donde aparece otro de los grandes fantasmas de la economía, el reverso de la inflación en su lado más oscuro: la deflación.

La deflación se entiende como una caída persistente y general de los precios. Aunque en principio parezca algo positivo -la idea de poder comprar más con el mismo dinero siempre es atrayente- es uno de los grandes miedos a los que se enfrenta la economía, pues supone adentrarse en una espiral de difícil salida para la que los economistas no tienen recetas efectivas.

Las consecuencias de la deflación para los trabajadores, las empresas y la economía en general serían nefastas. La espiral comienza con la bajada continuada y persistente de los precios. Esto crea unas perspectivas en los consumidores, que piensan que los productos pueden seguir bajando y, por tanto, prefieren esperar y gastar después su dinero. Es el proceso contrario al ocurrido con la adquisición de vivienda en los primeros años de esta década. Los ciudadanos veían que el precio subía y que quien compraba en ese momento no tenía que desembolsar después cantidades mayores.

Las expectativas de bajada de precios hacen que la gente no consuma y, por tanto, los productos creados por las empresas no se venden. Esto es muy negativo porque la paralización de la demanda hace que, de nuevo, tengan que bajarse los precios para estimular la compra. Así, la empresa ve reducidos sus beneficios y tiene que disminuir el número de productos que hacía (caso actual del sector del automóvil). Los ciudadanos no compran -por la crisis, por la falta de liquidez, porque no tienen financiación o porque se había llegado a una situación de consumismo poco razonable- y las factorías tienen que parar. Las empresas reaccionan haciendo reajustes y esto afecta, claro está, a las plantillas de los trabajadores, que son despedidos.

La espiral deflacionista continúa porque si hay elevadas tasas de paro la gente no consume, porque ya no tiene dinero o porque prefiere ahorrarlo ante el negro panorama que se presenta. Pero el problema no termina ahí. El círculo vicioso continúa porque, ante la nueva situación de desempleo masivo y parón de la demanda de productos, los precios siguen bajando lo cual trae consigo el cierre definitivo de numerosas empresas, que ya no pueden hacer frente a los gastos sin percibir apenas ingresos. El cierre supone una nueva oleada de despidos y una nueva restricción de la demanda en una complicada espiral de difícil salida.

Los beneficiados por la baja inflación

¿Cómo afecta esto a los consumidores? El descenso de los tipos de interés genera, a su vez, una bajada del Euribor con lo que los principales beneficiarios de esta medida son los millones de españoles que están pagando una hipoteca y que ven cómo las cuotas mensuales descienden notablemente. Aunque no todos los titulares de una hipoteca se van a ver beneficiados por la rebaja del Euribor pues muchos de ellos, sin saberlo, tienen firmadas cláusulas en su contrato con el banco en las que figura un "suelo" y aunque el referencial europeo siga bajando, los consumidores no pagarán por debajo del porcentaje firmado.

También se ven favorecidos los ahorradores, que no han gastado su dinero durante la época de bonanza. Ahora su dinero "vale más" porque pueden adquirir más productos o comprarlos de mejor calidad.

En una situación similar se encuentran aquellos que cuentan con un trabajo fijo. La inestabilidad laboral no les influye personalmente; disponen de un sueldo todos los meses, y pueden adquirir los productos más baratos.

La bajada de los precios, puede ser muy beneficiosa pues siempre que se trate de una situación transitoria y pasajera fruto de un ajuste, como ha sucedido con el precio del petróleo. Lo mismo sucede con la bajada de los tipos de interés que arrastran al Euribor, porque favorece a gran parte de las familias españolas que hoy en día están pagando una hipoteca. Beneficia a los consumidores y puede incentivar la demanda de productos y servicios. El problema viene cuando el descenso de la inflación viene acompañado por una recesión, la destrucción de empleo y negras expectativas económicas porque, en ese caso, la bajada de precios es síntoma de que algo va mal en la economía de un país o de un grupo de Estados como la Unión Europea. Cuando el fantasma de la deflación planea sobre el futuro de una economía, los efectos que podría tener la bajada de precios para los ciudadanos y para el tejido empresarial son realmente perjudiciales y preocupantes.

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