lunes, 13 de junio de 2016

Comparativa de los programas fsicales para el 26J

Juan Rallo analiza los programas fiscales para el 26J de los cuatro principales partidos políticos.
Poco optimismo al respecto. Lejos de rapiñar más dinero al ciudadano, o se consolida la rapiña actual o se incrementa enormemente...
 
Artículo de su blog personal: 
Todo partido político lleva en su ADN el deseo de subir impuestos, es decir, el deseo de controlar directamente un mayor porcentaje de las haciendas privadas de los ciudadanos. Frente a este instinto político básico, los ciudadanos pueden oponer resistencia y negarse a dar su apoyo a aquellos dirigentes que prometan rapiñarles con más saña o, en cambio, plegarse servilmente a sus caprichos y aceptar cabizbajos abonar las nuevas gabelas exigidas. En las elecciones del 26-J, por desgracia, parece que la mayoría de españoles ya ha interiorizado que, de un modo u otro, le tocará pagar muchos más tributos: por eso, las principales formaciones políticas nacionales no tienen el más mínimo reparo en amenazarnos con un terrorífico rearme impositivo dirigido a pauperizar al conjunto de la población.
Como no podía ser de otro modo, el partido que más sablazos fiscales propugna es Unidos Podemos: la formación de Pablo Iglesias aspira a recaudar en 2019 unos 125.000 millones de euros anuales más de los que se recaudaron en 2015, el equivalente a duplicar los ingresos conjuntos por IRPF e IVA. Para alcanzar tal nivel de expolio sobre el ciudadano, Podemos plantea multiplicar las cargas fiscales sobre el ahorro, eliminar la práctica totalidad de deducciones y exenciones dentro del IRPF, incrementar los tipos impositivos a partir de ingresos anuales de 60.000 euros, aumentar el tipo fiscal efectivo soportado por grandes empresas y por pymes, establecer una tasa sobre las transacciones financieras e incrementar la tributación sobre las herencias. En realidad, ni con este rejonazo les cuadran las cuentas, motivo por el cual necesitarán impulsar subidas impositivas aún más agresivas que las anunciadas y que, evidentemente, afectarán a la totalidad de los españoles.
El siguiente partido que más plantea subir los impuestos es el PSOE. Lejos de los 125.000 millones de euros anuales que aspira a extraer Unidos Podemos de los españoles, el partido socialista se conforma sólo con 20.000 millones. Para ello, propone castigar tributariamente atodas las empresas —eliminando exenciones y deducciones—, armonizar al alza los impuestos de Patrimonio y Sucesiones, multiplicar la fiscalidad dizque “medioambiental” para disimular un hachazo fiscal indiscriminado a todos los ciudadanos y, por último, imponer la tasa sobre transacciones financieras.
Por lo que respecta a Ciudadanos, el partido de Albert Rivera ha renunciado definitivamente a recortar los impuestos que padecen los españoles. Por un lado, sí, la formación naranja acepta rebajar tímidamente los tipos impositivos del IRPF (aunque bastante menos de lo que prometía reducirlos en las elecciones del 20-D): con ello, estiman que devolverán 2.000 millones de euros a los españoles (comparen la magnitud del expolio planteado por Unidos Podemos o el PSOE, cifrado en 125.000 o en 20.000 millones de euros, con la nimia rebaja de 2.000 millones de Ciudadanos). Por otro lado, sin embargo, los de Rivera prometen compensar esa rebaja a las familias con un aumento de los impuestos a las empresas: al estilo de Podemos o el PSOE, busca eliminar la práctica totalidad de deducciones y exenciones del Impuesto de Sociedades. Lo comido por lo servido.
Por último, el PP es el único partido que promete no subir ningún impuesto. De hecho, se ha comprometido a rebajar el IRPF en unos montos muy parecidos a los de Ciudadanos (el PP promete un tipo marginal máximo del 43% y Ciudadanos uno del 43,5% frente al 45% actual). En el resto de capítulos impositivos, los de Rajoy aceptan mantener la fiscalidad tal cual se encuentra ahora. Sucede, empero, que estas promesas —que desde luego se orientan en la buena dirección: bajar impuestos— están manchadas por la falta de credibilidad pasada y por la inviabilidad futura: por un lado, el PP también prometió bajar impuestos en las elecciones generales de 2011 y, más tarde, nos castigó con uno de los mayores sablazos tributarios de toda nuestra historia; por otro, la desviación del déficit público de 2015 va a dificultar mucho cualquier alivio tributario. Para que este compromiso fiscal fuera realmente viable, sería necesario que, a su vez, se impulsaran recortes sustanciales del gasto público: pero lejos de avanzar hacia una moderación del gasto, el PP propone incrementarlo.
En definitiva, ninguno de los partidos que concurren a las próximas elecciones generales ha presentado un plan verdaderamente creíble para revertir las monstruosas subidas de impuestos que padecimos en la anterior legislatura. Pero mucho más inquietante es que dos formaciones políticas —Unidos Podemos y PSOE— sí han manifestado su intención de multiplicar los impuestos muy por encima de sus ya elevadísimos niveles actuales. Parece que las brutales subidas de impuestos que hemos sufrido desde 2012 se les han quedado cortas: para nuestra desgracia, su voracidad tributaria no conoce límites.

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