lunes, 11 de agosto de 2014

20 falacias sobre Empresa y Política: 3) El Estado resuelve la crisis

Tercera entrega de Carlos Rodríguez Braun sobre las extendidas falacias entre empresa y política. En este caso muestra la falacia referente a que es el Estado el que resuelve la crisis (empezando por la negación de que no es el Estado quien la origina).
Artículo de Expansión:
Es la falacia recíproca de la que analizamos en el artículo anterior. En efecto, se empieza negando la responsabilidad del Estado en la gestación de la crisis y se termina afirmando su mérito en rescatarnos de la misma. Esto es también incierto. 
Analicemos las tres principales áreas de la acción económica del Estado: moneda, Hacienda y reformas microeconómicas. En la primera, las expansiones monetarias y los rescates bancarios resultan distorsionantes y costosos frente a sus posibles alternativas. Esto es masivamente ignorado tanto por las propias autoridades como por numerosos economistas mainstream que insisten en que los fallos del mercado en el terreno de la moneda y la banca vuelven imposible la alternativa de la libertad. Argumentan a menudo como si las externalidades del dinero –que, por cierto, no descubrió la ortodoxia neoclásica sino que fueron expuestas ya por Adam Smith– vedaran de por sí cualquier sistema monetario “desnacionalizado”, por recordar el título del ensayo que Hayek publicó dos siglos después de La riqueza de las naciones. 
La intervención 
A esta cálida ficción se añade otra que es crucial para la justificación de la intervención: se repite machaconamente que resulta mejor que cualquier alternativa concebible, no porque carezca de costes, sino porque previene incurrir en costes mucho mayores. Así, se insiste en que los rescates bancarios son buenos, porque en su ausencia el sistema monetario colapsaría. En las crisis, además, se suele agitar un pañuelo de Desdémona, supuesta prueba irrefutable de la imperiosa necesidad de la intervención pública: en la actual cumplió un papel destacado la caída de Lehman Brothers. 
Si resulta cuestionable el mérito intervencionista en el caso financiero, en el de la Hacienda Pública lo es aún más, porque la solución de la mayoría de los Gobiernos ante la crisis fue subir los impuestos, lo que frenó la recuperación, y hacer explotar la deuda pública, que amenaza tanto el presente como el futuro. 
Por último, las reformas microeconómicas son un batiburrillo donde sólo cabe saludar las medidas liberalizadoras, que por regla general, y al revés de lo que se proclama sin cesar, son tímidas e insuficientes. 
Todo sugiere, por lo tanto, que el Estado no resuelve las crisis sino que, por el contrario, no solamente las crea sino que también las profundiza y prolonga. Es verdad, y lo estamos viendo en tiempos recientes, que cuando la economía se recupera las autoridades se apresuran a reivindicar su papel en tan fausto acontecimiento. Sin embargo, su mérito es dudoso: por regla general las economías superan los baches gracias a los sacrificios de trabajadores y empresarios, y no de los políticos que, en el mejor de los casos, se limitan a hacer menos daño, y en el peor, a hacer más.

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