martes, 12 de agosto de 2014

Revuelta en Tennessee

Gregory Bresiger muestra las recientes protestas llevadas a cabo en Tennessee, ante la intención por parte de sus políticos de expandir aún más el gobierno imponiendo un nuevo impuesto estatal sobre la renta. 
A lo que los políticos responden como siempre indignados por no permitirles que quiten más dinero del bolsillo de los ciudadanos, amenazando como siempre con quitar y quitar servicios como si éstos fueran a desaparecer (en el caso de que sean necesarios) o dejar de darse si los políticos no metieran sus manos en ellos y dejaran de monopolizarlos. Toda negativa a su pretensión de aumentar el peso del Estado, de tener más dinero del contribuyente en sus manos y de apropiarse de más y más servicios quitando su gestión a la sociedad civil es impensable para ellos y los que viven de ellos...

Los legisladores, burócratas y políticos no se pueden permitir hacer esfuerzos y reducir el gasto público, y expanden año a año dichos gastos, enfureciéndose incluso si se mantienen a ralla. Pero resulta que eso implica que los ciudadanos tengan que hacer más y más esfuerzos para compensar las crecientes mordidas fiscales (impuestos) que realizan las autoridades (y en absoluto compensadas por lo que ofrecen). Ni tampoco llevan idea alguna en reducir la burocracia y las onerosas regulaciones para estimular y crear negocios, de forma que se generen mayores ingresos sin aumentar los impuestos. Como bien indica, "Solo conocen una respuesta a todo problema social, económico o político: Tomar más dinero despellejando a todos y cada uno, nunca reducir el tamaño de la burocracia pública". 
La conclusión y la "traducción" de los argumentos que dan para convencer de la necesidad de más impuestos da en el clavo...
La tendencia paso a paso hacia el socialismo sigue su marcha...
Se produjo un desastre en Tennessee la semana pasada, un desastre, al menos desde el punto de vista de los políticos de carrera de ambos partidos y los miembros de los medios de comunicación de élite, que parecen apoyar toda expansión del gobierno.
Con la Asamblea General lista para poner en los códigos otro impuesto estatal de la renta, cientos de contribuyentes furiosos iniciaron una revuelta llegando al capitolio del estado en Nashville con gritos de “¡No a nuevos impuestos!”
La revuelta aparentemente generó terror en los corazones de muchos políticos y periodistas de Tennessee, ya que los enfurecidos ciudadanos llegaron a romper unas pocas ventanas.  Los legisladores dijeron a Tennessean.com que se sintieron “intimidados” por las protestas. El presupuesto estatal (sin otro nuevo impuesto estatal de la renta e incluso sin un aumento fiscal de ningún tipo) fue enviado al gobernador Don Sundquist. Este dijo que este terrible presupuesto, sin un nuevo impuesto de la renta, era “un probable candidato a un veto”.
No sorprende que Sundquist no esté contento. ¿Qué cargo público no se va a volver loco cuando no obtiene más dinero? ¡Eso significaría que alguna unidad del gobierno podría tener que reducirse!
El presupuesto de Tennessee, tal y como está ahora, obligaría a la administración Sundquist a recortar gasto por 110 millones de dólares. Son 110 millones de un presupuesto de 19.200 millones de presupuesto. Aun así, debido a esta pequeña cantidad, el gobernador está amenazando con hacer volver a los legisladores a una sesión especial, cerrar los parques nacionales y tomar otras medidas drásticas, todo debido a que fracasó el intento de añadir otro impuesto más a los ciudadanos sobregravados del estado .
Los colegas del gobernador en la legislatura estatal, muchos de los cuales has estado contando con esta “nueva fuente de ingresos”, tampoco están contentos, igual que otros que viven del gobierno de Tennessee. El senador del estado Jerry Cooper, uno de los líderes del movimiento de “modernización” fiscal, se lamentaba: “Los que han perdido hoy han sido el estado de Tennessee, nuestros hijos, nuestra atención sanitaria”.
Tal vez Cooper debería pensar en los contribuyentes quejosos de Tennessee. Estos creen que ya pagan demasiado y temen cualquier “reforma fiscal” que incluya otro impuesto.
“Vivo bien, mi mujer vive bien. Pero no hay razón para que se nos grave en un 50%”, dijo Doug Bundy, un representante de manufacturas de Hermitage, que estaba participando en la protesta. Bundy simplemente no podía aceptar el argumento de que añadiendo otro impuesto se le facilitaría la vida. Concluye lógicamente que más impuestos significa más gobierno, sin que importe cuánto prometan los políticos que, una vez el impuesto de la renta se convierta en ley, vayan a rebajarse otros gravámenes. (He aquí un pensamiento revolucionario: ¿Por qué no renunciar a todos los planes de impuesto estatal de la renta y reducir y eliminar otros impuestos al mismo tiempo?)
Bundy tiene el mismo espíritu rebelde de la gente que arriesgó su vida hace más de dos siglos por unos pocos impuestos relativamente intrascendentes, si se miden los impuestos de la América colonial con respecto al omnipresente paquete de impuestos que ataca la riqueza del estadounidense medio cada día.
Imaginaos cómo debía estar de enfurecida la clase política de Tennessee con esos ciudadanos sobregravados e ingratos que recientemente les visitaron. Probablemente estos políticos se quejaran a su personal financiado por el estado: “¡Imaginad cualquier estado aprobando un presupuesto sin un aumento fiscal! ¡Imaginad cualquier estado sin un alto impuesto de la renta! ¡Qué caradura la de esos manifestantes!”
De las citas que se incluyeron en un relato de la manifestación contra el impuesto en un periódico, se podría pensar que la Revolución Francesa había llegado al sur. “Tengo un problema personal con cualquier que trate de intimidarme”, decía el representante Joe Twons. El senador Ben Atchley decía: “No me importa decirlo, pero eso es el gobierno de la masa”. Sin embargo, el periódico (que no incluía ningún comentario de ningún legislador que se opusiera al impuesto estatal de la renta) informaba de que, según los legisladores de Tennessee, la “masa” no influyó en el debate.
Aparentemente una de las razones de la ruptura del acuerdo sobre el impuesto estatal de la renta fue una división entre los legisladores respecto de si el nuevo impuesto debería imponerse inmediatamente o someterse a referéndum. El estado, que ha tenido déficit en años anteriores, aparentemente necesita dinero para expandir sus programas.
Pero la idea de legisladores recortando su gasto (algo que millones de estadounidenses deben hacer para satisfacer el hambriento apetito de multitud de autoridades fiscales) o tratando de estimular la economía del estado reduciendo regulación y creando un mejor clima para los negocios, de forma que se generen mayores ingresos sin aumentar los impuestos, son ideas extrañas a la mentes de los políticos de carrera de ambos grandes partidos. Solo conocen una respuesta a todo problema social, económico o político: Tomar más dinero despellejando a todos y cada uno, nunca reducir el tamaño de la burocracia pública.
Cada vez que los defensores del impuesto de la renta se reúnen (ya sea para aprobar un impuesto estatal de la renta o alabar la historial del impuesto federal de la renta), los argumentos son siempre los mismos:
1) Un impuesto de la renta es más justo, porque “iguala” la carga.
Traducción: Queremos redistribución de rentas. Pero no vamos a decir eso porque podríais pensar que somos un hatajo de socialistas, cosa que somos muchos, pero no dejemos que se sepa porque socialismo es todavía una palabra fea para el estadounidense medio, a quien vamos a reeducar en nuestras escuelas estatales y a través de varias técnicas de ingeniería.
2) Un impuesto de la renta nos permitirá “modernizar” el gobierno.
Traducción: Queremos expandir algún nivel del gobierno. Queremos pagar varios intereses políticos que nos pusieron en el cargo, pero no podemos decir eso, así que nos escondemos tras el impuesto de la renta. Por ejemplo, en el sitio web de “Tennesseans for Fair Taxation”, un grupo de presión a favor del impuesto estatal de la renta, una mujer argumenta: “No podemos resolver la crisis presupuestaria del estado con más recortes que amenazan la educación, la asistencia sanitaria, la pureza del aire y el agua, nuestra economía y la calidad de vida de nuestras familias”.
Podría pensarse, leyendo los comentarios en la página web de este grupo, que lo único bueno que pasa en nuestra sociedad viene de programas del gobierno. Por ejemplo, podría concluirse que la educación pública en Tennessee, y en otros estados, es un modelo que debería protegerse y expandirse, mientras que la educación privada es atroz. Por supuesto, eso es lo contrario a la verdad.
3) El impuesto de la renta será pequeño. Tú, ciudadano medio, apenas lo notarás.
Traducción: Apenas afectará a nadie, salvo a los ricos, a los que odiamos de todos modos, así que hagamos que paguen. Mirad la historia del impuesto federal de la renta. Se vendió a los estadounidenses, en 1913, como un impuesto al rico. Había que tener una renta considerable para pagar entonces un impuesto federal de la renta. ¿Hoy quién cree que el impuesto de la renta es un impuesto al rico?
Todos los impuestos nuevos empiezan igual: modestamente. Posteriormente, después de haber existido unos pocos años, se aumentan los tipos y se amplían los márgenes, afectando a más gente que había pensado erróneamente que siempre pagaría el otro. El otro resulta ser en ciudadano medio. ¿Es el impuesto federal de la renta un impuesto al rico? La pérdida de cada vez más dinero para nuestras burocracias públicas es nada menos que la pérdida de libertad económica, la libertad de disfrutar de los frutos de tu trabajo y de usar nuestra propiedad de cualquier forma que nos parezca apropiada, siempre que empleemos fraude ni coacción.
La pérdida de libertad del rico, que fue al principio bienvenida por muchos estadounidenses crédulos, acabó convirtiéndose en la pérdida de libertad de todos. Más de unos pocos ciudadanos de Tennessee demostraron que entienden esto.
Fue Frank Chodorov, un pensador seminal, el que, en 1954, en un extraordinario libro breve llamado The Income Tax, Root of All Evil, hizo sonar la alarma que, más de una vez, se escucha en una nación cuyos fundadores fueron rebeldes fiscales.
“Un gobierno es tan fuerte como su renta”, escribía  al argumentar que debía derogarse el impuesto federal de la renta. “Por el contrario, la independencia del pueblo está en proporción directa a la cantidad de su riqueza que pueden disfrutar. No podemos restaurar la libertad tradicional estadounidense, salvo que limitemos el poder fiscal del gobierno. Ningún apaño en esta, esa o aquella ley detendrá la tendencia hacia el socialismo”.
Para los amigos del “gobierno fuerte”, hubo un desastre en Nashville la semana pasada. ¿Dónde y cuándo volverá a producirse?

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