viernes, 1 de agosto de 2014

Refutación de los argumentos económicos de Podemos para llevar a cabo sus políticas

En el siguiente artículo mostraré las tres falacias económicas en las que se basa Podemos para justificar incrementar aún más el gasto público y el déficit y que se basan en aumentar la recaudación, mediante el incremento de los impuestos (aludiendo a que se pagan pocos impuestos en España) y la lucha contra el fraude. 

En este sentido, leo en un artículo la respuesta que da Pablo Iglesias a una pregunta que le hacen sobre el enorme gasto público y la consecuente subida de impuestos que conllevarían sus medidas, que no fue otra que la falaz "en España se pagan pocos impuestos respecto a Europa". Dicha respuesta pone de manifiesto otra reveladora contestación de Pablo Iglesias, donde defiende que en España se pagan pocos impuestos y por tanto hay que seguir aumentándolos para incrementar aún más el gasto público (sí, ese que no deja de subir, y que provoca un déficit y una acumulación de deuda pública insostenible, lo que lleva a recortes posteriores y a nuevas subidas de impuestos en una rueda sin fin, empobreciendo cada vez más al ciudadano). 
Y sí, esa misma deuda que defiende que siga subiendo sin fin para defender a su vez que no sea pagada a quien nos presta el dinero, nos ofrece los servicios y nos vende los productos/materia prima de la que disfrutamos. 
Como siempre, confundiendo y manipulando para obligar al ciudadano a que acepte y le crea. 
Tal es el caso de emplear la presión fiscal frente al esfuerzo fiscal, siendo España el país donde más esfuerzo hacen sus ciudadanos para pagar impuestos de toda la eurozona, y por tanto, más impuestos pagan en función de la renta que ganan. 
El tema de la presión fiscal es una trampa bien extendida y una falacia bien grande que no refleja en absoluto el nivel impositivo en un país y si se pagan muchos o pocos impuestos. Para entenderlo, basta decir, que los impuestos han subido enormemente durante la crisis (tanto por parte del PSOE como por parte del PP), mientras la presión fiscal caía en esos años. Es fácil entenderlo, pues la presión fiscal es el cociente entre la recaudación por impuestos y el PIB. Si cierran cientos de miles de empresas como ha ocurrido y se van al paro millones de trabajadores, la recaudación fiscal caerá sí o sí. Los políticos para no tener que tocar el gasto público incrementaron drásticamente impuestos a los cada vez menos empresas y trabajadores (asfixiándoles cada vez más y llevando al cierre o paro a más gente aún o a un nivel de vida más duro a otros tantos). Esta subida no consiguió una recaudación como la de los momentos de burbuja, por lo que la presión fiscal según esta fórmula no aumentó. Esto es así además, puesto que el denominador (el PIB) puede aumentarse o sostenerse artificialmente incrementando el gasto público o bien reduciendo las importaciones por el menor consumo interno (y junto al incremento de exportaciones que se ha producido), como bien ha ocurrido. Por tanto, pese a la mayor asfixia y pago de impuestos, pueden decir que la presión fiscal es menor que en otros países. Pero sencillamente es una trampa más de aquellos que quieren hacer cada vez más siervos y someter a sus dictados a los ciudadanos, haciéndoles más y más dependientes del Estado. 
La cuestión es entonces, qué nivel de renta tenemos y cuánto de ella va a impuestos, y en esto salimos los peor parados de toda la eurozona. Ganamos menos que ellos y pagamos más en proporción a nuestra capacidad. Y es que hay un agravante adicional, y es que no es lo mismo pagar el mismo nivel de impuestos cuando ganas mucho más como en el resto de la eurozona, que cuando ganas menos, como es el caso de España (un 17% menos que la media) . Y la solución a eso no es subir impuestos, sino bajarlos.

Decir que en España se pagan pocos impuestos o menos que fuera cuando tenemos que trabajar hasta entrado julio gratis para el Estado (todo lo que percibe el trabajador hasta julio es arrebatado en forma de impuestos por el Estado) es una burla y un insulto a la inteligencia. 
El otro tema comodín de los políticos que defienden más y más gasto y déficit y que prometen el paraíso y la irresponsabilidad fiscal, endeudando y dilapidando la riqueza y futuro de la sociedad, es el tema del fraude fiscal. Siempre es lo mismo. Todos prometen acabar con él y que si se pone un poco de interés se solucionan todos los problemas del mundo, pudiendo poco menos que nadar entre billetes. 
En consecuencia, el tema del fraude fiscal siempre se utiliza (con Podemos a la cabeza) para justificar ya no solo que eliminaríamos el déficit actual (70.000 millones de €, y de cerca de 100.000 millones cada uno de los cuatro años anteriores), sino para argumentar que se podría disparar aún mucho más el gasto público!! con medidas de locos. 
Este argumento también es más que fantasioso por muchos motivos. Este artículo enlazado desmonta dicha fantasía, y es que se habla de unas cifras que se obtendrían por recaudación ajena a toda realidad. Se suele hablar alegremente de una cifra de 80.000-90.000 millones! cuando en el mejor de los casos y siendo muuy generosos, se alcanzarían 15.000-20.000 millones, considerando además que dicha cifra se vería reducida considerablemente por todas las actividades que dejarían de hacerse al no ser ya rentables tras ser gravadas por impuestos. Pero hablar cuesta muy poco y si es sobre algo abstracto como el "fraude fiscal", no digamos. 
Al fin y al cabo, sirve como comodín para justificar cualquier cosa que se quiera vender. Y luego, ya veremos, como bien defendía el economista de Podemos (Nacho Álvarez) en un debate en El Confidencial, donde decía que primero se hacían las propuestas, y luego ya les dirán los técnicos que hacer para poder llevarlas a cabo y cómo obtener el dinero. Increíble pero cierto. Esta es la formación y luces de los que pretenden dirigir el país. No importa que ni en el máximo de la burbuja que experimentó España se pudiera recaudar ni de muy lejos lo que pretenden hacer creer algunos. Es la frase que soluciona todos los problemas financieros del derrochador de turno. 
Y es que efectivamente, no se cae en la cuenta de que a más impuestos (como defiende este nuevo mesías y como han llevado a cabo el PSOE y el PP), más fraude, puesto que es la única salida de mucha gente de defenderse ante el expolio continuo e ilegítimo del Estado, que emplea el monopolio de la fuerza para exigirte a la fuerza que cada vez trabajes más para él (no hace falta recordar que en España trabajamos hasta entrado julio íntegramente para el Estado, y solo a partir de entonces podemos decidir relativamente, debido a las múltiples prohibiciones y regulaciones, en dónde o en qué emplear el dinero ganado con el esfuerzo y trabajo de cada uno). Y es tanto una protección para dicha defensa de lo que es de cada uno (su propiedad privada, que no solo es el cuerpo de cada uno, sino lo que obtiene con él, ya sea cuerpo o cerebro), como un medio de supervivencia, pues múltiples actividades y trabajos dejan de ser rentables con el incremento de los costes de las regulaciones y de los impuestos, lo que les llevaría a desparecer y a no poder trabajar, incrementando en mayor cantidad el paro. 
De hecho, ésta ha sido la única salida para muchas personas y una de las explicaciones de que España, con cerca de un 25,5% de paro, no estalle socialmente (a pesar de las políticos). 
Y es que como bien advierten la Asociación Española de Asesores Fiscales y Gestores Tributarios (Asefiget) "Cuando los contribuyentes no pueden pagar más, buscan la forma de eludir algunos de los pagos que la ley les exige. Esto es lo que algunos analistas llaman fraude cuando, en realidad, es una cuestión de justicia contributiva y, sobre todo, de supervivencia". 
Pues bien, Pablo Iglesias (y cualquiera que defienda esta tesis), lejos de entender la relación causa-efecto y los motivos que llevan a esta situación, está dispuesta a incrementar las causas que provocan el fraude, atacando a su vez a la gente que vive estrangulada e intenta sobrevivir escapando de la persecución voraz del político y su fiscalidad. 


Por último, la tercera pata con la que argumentan un mayor gasto público es el argumento de hacer pagar más impuestos a las empresas, sosteniendo que en realidad las grandes empresas solo pagan un tipo efectivo del 3,5%. Otra burda manipulación y falacia explicada por Juan Rallo, en la que se cometen errores muy graves, como medir la tasa efectiva sobre los beneficios contables totales obtenidos en todo el mundo pero contando para el cálculo solo los impuestos pagados en España y no en el resto de países. Lo correcto es calcular la tasa sobre la base imponible, sobre la que se realizan los ajustes pertinentes, puesto que por ejemplo, dichas empresas ya han pagado impuestos fuera de España por los beneficios obtenidos fuera de España, por lo que no debe pagar nuevamente aquí por ellos (ajuste por doble imposición), o bien que hay que considerar las operaciones dentro del mismo grupo (ajustes de consolidación), ya que dicho cálculo no contempla la compensación de los beneficios dentro de las filiales del grupo con las pérdidas, por lo que la tasa efectiva se debe calcular sobre el beneficio neto del grupo, considerando las pérdidas de las filiales.

Y lo que vemos, cuando se consideran los ajustes pertinentes, es que con datos del 2012, el tipo efectivo medio por el impuesto de sociedades era del 20,9 con datos del Banco Mundial, como se muestra en este gráfico, y desde luego, no salimos nada bien parados:




Y los datos de la Agencia Tributaria, muestran también un tipo efectivo que nada tiene que ver con el manipulado dato que se exhibe para justificar más y más subidas de impuestos y más gasto público. Según la estadística de 2012, la tasa efectiva del Impuesto de Sociedades alcanza, de media, un 19,3%. Entre los grandes grupos empresariales, el tipo medio llega al 17,7% (que es el que se compara con el 3,5 que arguyen algunos), mientras que para el Ibex 35, la tasa de Hacienda alcanza, de media, el 19,5%.
Por cierto, una tasa efectiva que seguirá aumentando (la tasa nominal se sitúa en el 30%, la cuarta más alta de toda Europa), pues las reciente medidas del gobierno han eliminado bastante de las deducciones de las empresas por lo que aumentará el pago impositivo y el esfuerzo fiscal por sobrevivir de cada una, reduciendo su capacidad para, competir, invertir y crear empleo.

Pero el grave problema, es que a pesar de las falacias económicas y manipulaciones al respecto, sus medidas y soluciones son aún así imposibles de sostener financieramente, entre ellas las medidas estrella y de más peso, y sus efectos serían absolutamente contraproducentes y empobrecedoras, como detallo medida a medida en este artículo. 
Pero si todas estas medidas fantasiosas (pero que venden estupendamente) se disfrazan de buenas palabras (como democracia, pese a que lo que ellos entienden por democracia no es lo que la gente entiende por democracia, como así saben y reconocen, pero facilita la aceptación de su discurso), de discursos fáciles pero vacíos y faltos de concreción, y se le une de un enfado generalizado y una desilusión o necesidad por parte de una amplia capa de la población, el resultado es el que tenemos hoy en día.

El problema es que somos muy poco conscientes de las consecuencias de dejarse llevar por el deseo y no por la cabeza, y del impacto que muchas de estas medidas implican para el bienestar de la sociedad, especialmente en el medio y largo plazo, pues algunas pueden implicar pan para hoy (aunque no para todos, desde luego) y mucha más hambre para mañana.

Pero luego siempre tienen tiempo para echar la culpa a otros, y de ganarse apoyos por las enormes redes clientelares y de dependencia del poder político que hayan creado, intentando así mantenerse lo máximo en el poder.

Y ojo, porque criticar y evidenciar los errores de estos populismos no es defender lo establecido o manera de actuar hoy (otra falsa argucia  que emplean sus defensores pretendiendo que si estás contra ellos es porque estás a favor del establishment pretendiendo que elijas).
Sencillamente, es indicar que la solución no es más de lo mismo pero en mayor cantidad, y que hay una cosa más que evidente, y es que los populismos ofrecen soluciones falsas a problemas reales. 

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