miércoles, 24 de agosto de 2016

La enseñanza de los Juegos Olímpicos: el deporte no necesita del Estado

Vanesa Vallejo analiza el mito, tan extendido en muchas otras actividades de que el deporte necesita la ayuda estatal para sobrevivir y tener éxito. 
Y NO, no es así en absoluto.

Artículo de Panampost:
Yuberjen Martínez es un colombiano que antes de obtener la medalla de plata en boxeo en los Olímpicos de Río 2016, vendió turrones de coco, de niño hacía artesanías para ayudar a sus padres y trabajó de mecánico hasta que llegó al boxeo. Días antes de su pelea final, dijo ante cámaras que quería ganarse la medalla de oro para comprar una casa.
El joven no logró su propósito, sin embargo, la ministra de Vivienda de Colombia prometió que le regalarían la casa que anhelaba. Los seres humanos nos emocionamos con la victoria de otros y con las historias de jóvenes humildes que alcanzan sus sueños. La gente se siente orgullosa cuando ve la bandera de su país izarse en una competencia internacional. Tal vez es por eso que por esta época muchos alzan la voz pidiendo mayor presupuesto estatal para apoyar el deporte.
Es muy común que se crea que sin financiación del Estado ningún país tendría buenos deportistas. Esta semana, por ejemplo, en La Silla Vacía, un portal web de opinión en Colombia, han publicado un vídeo que se ha compartido miles de veces en redes sociales. El objetivo es mostrar que la financiación del Estado es la causa del éxito en competencias como los Juegos Olímpicos.
El vídeo inicia con la siguiente frase: “La inversión pública se mide en oro”. Pero resulta que no, tal afirmación es falsa. El ganador histórico en los Juegos Olímpicos es Estados Unidos con 2520 medallas. Son pocas las veces que ese país no ha sido líder en este evento, y sin embargo, la financiación de los deportistas estadounidenses no viene principalmente del Estado. El Comité Olímpico del país al que nadie ha logrado arrebatarle su hegemonía deportiva no recibe subvención regular alguna del gobierno.
Pero, ¿cómo es esto? No se empeñan los defensores del estado de bienestar en decir que los empresarios son malos y que de no obligarlos no ayudarán en nada, que la caridad no existe y que si el gobierno no financiara el deporte profesional, éste llegaría a su fin. Pues se equivocan y Estados Unidos es la prueba. No tienen un Ministerio o un Departamento de Deporte, como sí lo hay en la mayoría de los países del mundo. En la página del Comité Olímpico aclaran que no reciben dinero del Estado. Su funcionamiento descansa en la inversión empresarial, la filantropía personal y el esfuerzo de cientos de voluntarios que dan su trabajo sin pago alguno. El país norteamericano es la prueba de que el deporte no sólo no desaparecerá si se deja de financiar por el Estado, sino que además el resultado es mucho mejor que el obtenido vía planificación centralizada.
Normalmente, cuando digo que el mercado siempre es más eficiente que la planificación centralizada, la mayoría de veces lo que la gente me responde es que es conveniente en algunas cosas pero en otras no. No sé con qué criterio deciden qué funciona bien de manera libre y espontánea, y qué debe ser subsidiado. Pero al igual que se cree que el arte se acabará si se deja de financiar con impuestos, también se suele pensar que el deporte profesional llegará a su fin si no se subsidia. El análisis que se puede hacer de por qué Estados Unidos, apoyado en el sector privado, es el líder histórico en los Juegos Olímpicos, es el mismo que en cualquier mercado. La idea que hay detrás es simple y clara: es imposible que unas cuantas personas desde el Estado obtengan toda la información y sean más eficientes que el mercado.
Acá no solo hablamos de que es posible el deporte como disciplina olímpica financiado por los privados, sino de que funciona mucho mejor cuando no hay planificación centralizada. El caso de China es un muy buen ejemplo para entender por qué el Estado nunca podrá funcionar mejor que el mercado. La inversión estatal del país asiático en deportes es asombrosa. Los chinos invierten millonarias sumas en preparación y financiamiento de deportistas. El Estado se encarga de “cazar talentos” en colegios. Aquellos niños que los funcionarios estatales consideran que tienen habilidades, son entrenados en costosos programas deportivos. Este es el sueño de todos los que se quejan de que el gobierno no apoya a los deportistas. Esa es la idea de que el deporte es un derecho social. Pues bien, ni aún con “caza talentos”, escuelas, financiamiento y todo el aparato burocrático que China ha elaborado alrededor del deporte, han logrado arrebatarle el liderazgo a Estados Unidos.
Y es que como en cualquier campo, en cuanto a maximizar el talento de los individuos, también sucede que el orden espontáneo da mejores resultados que el Estado. En China el gobierno asume que es el juez. Él decide quiénes tienen talento, cómo se deben entrenar y de qué forma se asignan los recursos. En Estados Unidos, mientras tanto, en el deporte, son las personas y no el Estado, quienes buscan su propio camino. Son las familias las que al ver el talento de su hijo, y sus ganas, lo ayudan en su búsqueda del triunfo. Son los empresarios y donantes quienes deciden en qué invertir y cómo hacerlo. Y es por eso que sin la dirección de un órgano centralizado que se cree omnisciente, se es más eficiente en la maximización del talento de los deportistas.
Como en muchas otras actividades, en el deporte nos han hecho creer que el Estado es indispensable, que sin la mano protectora del planificador central, nuestros deportistas vivirían en la miseria y su desempeño sería pésimo. Contrario a esto, Estados Unidos nos demuestra que lo que hace falta es eliminar la intervención estatal, reducir la carga tributaria sobre las empresas y permitir que el mercado pueda hacer lo que mejor hace: asignar recursos de la manera más eficiente posible. Si Yuberjen viviera en Estados Unidos, donde el deporte se financia con actividad privada y no estatal, no estaría pidiendo una casa, hace rato la habría obtenido por sus propios medios y sin tener que esperar la caridad del gobierno.

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