lunes, 1 de agosto de 2016

La dictadura de “lo correcto” y la falsa tolerancia se apoderan del mundo


Vanesa Vallejo analiza la dictadura de "lo correcto" y la falsa tolerancia, que se apodera del mundo, poniendo algunos ejemplos bien evidentes. 

Artículo de Panampost:

(Sofía) toleranciaLa semana pasada publiqué un video en el que hablaba de la “tiranía del feminismo colectivista”, y lo gracioso es que no duró ni un día (Sofía)

Si usted cree que es tolerante y que defiende la libertad de expresión porque afirma que está bien que alguien se declare “trans-especie” o que un hombre se case con un árbol, pero al mismo tiempo pide leyes antidiscriminación, está equivocado; no hay nada de tolerancia en su actuar.

Defender la libertad de expresión y ser tolerante tiene que ver con que si, por ejemplo, usted es homosexual, no pida castigos ni sanciones para quienes creen que su orientación sexual está mal. Lo que hace tolerante a alguien es reconocer los derechos, incluyendo el de expresión, de quien no comparte sus creencias o su actuar.


Y en esto de creerse tolerantes y defensores de la libertad de expresión cuando se es todo lo contrario, las feministas colectivistas son expertas. Afirman que luchan por liberar y empoderar a la mujer pero cada vez que una de sus congéneres se atreve a decir algo que les molesta, se van en hordas a censurarla. La semana pasada publiqué un vídeo en el que hablaba de la “tiranía del feminismo colectivista”, y lo gracioso es que no duró ni un día, porque la red social en la que lo había publicado, decidió eliminar la cuenta debido a “denuncias masivas”. Las feministas que afirman que me equivoco en lo que digo y que no hay ninguna tiranía, han logrado que se elimine el contenido que no les gustó.
Pero lo que me ha pasado a mí es una pequeñísima muestra de la gran tolerancia y la incansable lucha de estas mujeres por la libertad de expresión. Recientemente, el cantante mexicano Gerardo Ortíz, fue capturado por hacer “apología al delito”. La orden de captura fue emitida después de que centenares de mujeres empezaran una denuncia en redes sociales ya que según ellas el cantante “promueve el femicidio” en el vídeo de una de sus canciones. Tanto Ortíz como el productor del vídeo fueron hallados culpables, e incluso la propiedad en la que se grabó el vídeo permanece vigilada por la fiscalía.
En el vídeo el cantante encuentra a su pareja con otro hombre y los asesina a los dos. La pregunta que más me inquieta es: ¿hasta dónde vamos a llegar? En algunos años los guionistas de cine, por ejemplo, tendrán que modificar sus libretos porque ninguna mujer podrá ser asesinada en una película. De ahora en adelante, señores guionistas, sólo pueden matar hombres. De lo contrario serán acusados de promover el “femicidio” y serán enviados a la cárcel.
El grado de censura, dramatismo y victimización al que han llegado estos grupos de feministas de género es de tal magnitud, que en muchas ocasiones se vuelve cómico. En 2014, la Universidad de Brown realizó un debate en el que se exponían los puntos de vista de una feminista y una mujer que criticaba la existencia de una “cultura de violación”. Para llevar a cabo el evento, la universidad tuvo que adecuar un “espacio seguro”: un cuarto en el que las mujeres que se sintieran afectadas pudieran “recuperarse”. En el lugar había  libros para colorear, música relajante, cobijas, cojines, y vídeos de cachorros jugando. Además de personal especializado en tratar traumas.
Podría dedicar muchas más líneas a citar ejemplos de cómo las feministas de género son incapaces de tolerar opiniones contrarias. Sin embargo, mal haría en adjudicarles esta característica solo a ellas, cuando tal intolerancia es, en general, propia de la izquierda. Gracias al marxismo cultural los progresistas han ganado la batalla de las ideas. Entonces,  sus opiniones son ampliamente aceptadas por la sociedad. En la actualidad es muy poca la censura que la izquierda enfrenta. Y no es que esté mal que puedan hablar libremente, lo que no es correcto es que mientras disfrutan de la libertad de expresarse, quieran callar a otros y que anden por el mundo creyéndose dioses con la autoridad moral de censurar lo que no les gusta.
La izquierda no lucha por la libertad de expresión, sino por la libertad para que sus ideas puedan ser escuchadas, las de los otros no le importan. Incluso dan batallas legales para que quienes proclaman pensamientos diferentes sean castigados. Noam Chomsky dijo, alguna vez, que incluso Goebbels estaba a favor de la libertad de expresión de las ideas que a él le gustaban. Lo mismo sucede con la izquierda, que aunque alguna vez estuvo censurada, ahora es la que calla a quien no le agrada.
La tolerancia y la lucha por la libertad es otra de las falsas banderas que se ha adjudicado la izquierda. Las feministas no deberían defender solo la idea que ellas tienen de una buena vida, sino la libertad de cada mujer para hacer lo que quiera, incluso si lo que desea es ser una sumisa ama de casa. Los progresistas que se proclaman defensores de la libertad de expresión, si eso quisieran ser, no deberían pedir leyes anti discriminación. Lo que esta gente demanda es libertad solo para quienes comparten sus posturas. Pero atacan a quienes tienen opiniones contrarias.
Con la misma autoridad moral a la que apela un izquierdista para penalizar la discriminación en los restaurantes, mañana alguien nos dirá a quién debemos dejar entrar a nuestra casa. En los cines solo morirán hombres. Si usted, por alguna razón, rechaza a alguien que pertenezca a una minoría irá a la cárcel. Sus hijos hablarán como Hugo Chávez, con “lenguaje incluyente”. La censura es peligrosa y hay que pararla. Lo ético no es defender a quien dice lo que usted piensa, sino a cualquiera; cada persona debe tener la libertad para decir lo que sea, aún si consideramos que su opinión es inaceptable.

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