lunes, 8 de agosto de 2016

Por qué Chile no debería imitar las pensiones públicas de España

Diego Sánchez de la Cruz analiza por qué Chile no debería imiitar las pensiones públicas de España e ideas y datos que hay que valorar y conocer en dicha cuestión. 

Artículo de Libre Mercado: 
Santiago de Chile, capital de Chile | Flickr/ Alobos Life

El economista chileno José Piñera lleva años recorriendo el mundo para explicar el sistema de pensiones de capitalización que introdujo con éxito en su país allá por 1980. Desde entonces, más de 30 países han incorporado total o parcialmente este modelo, basado en canalizar las cotizaciones sociales hacia cuentas personales de ahorro.
Con el sistema de reparto vigente en España y otros países, el trabajador de hoy paga la pensión del jubilado de hoy, ya que los fondos que se retiran mes a mes en concepto de cotizaciones sociales se reparten después entre los pensionistas. El peso de las cotizaciones sociales sobre el coste laboral es significativo, pues suponen alrededor del 40% de todo lo que paga el empresario para emplear al trabajador.
A cambioel sistema español arroja una pensión media de apenas 900 euros y enfrenta un panorama negro a largo plazo, como consecuencia de la evolución demográfica. En las últimas décadas, las “reformas” introducidas en el modelo de reparto han supuesto sucesivos recortes en los salarios de referencia para el cálculo de la pensión, el número de años necesario para cobrar el 100% de la pensión, la edad de jubilación, etc.
A esto se suma la insostenibilidad manifiesta que se está constatando en los últimos años con la crisis de la llamada “hucha de las pensiones”. Y es que el déficit del sistema de pensiones se está moviendo en niveles de 16.000 millones de euros anuales, lo que obliga al gobierno a echar mano de la “hucha” si quiere pagar las pensiones prometidas a los jubilados.
Pero todos estos recortes no han impedido que, según los cálculos que han publicado Javier Díaz-Giménez y Julián Díaz-Saavedra, las pensiones vayan a seguir bajando en los próximos años, de manera que en 2030 serán un 10% más bajas y en 2050 habrán caído un 30% frente al nivel actual. En las pensiones mínimas, la proyección para 2050 apunta que caerán de 634 euros a 445 euros (en 14 pagas).
Con el sistema chileno de pensiones, el trabajador de hoy cotiza para su jubilación de mañana. Esto se hace cobrando una cotización del 10% sobre la nómina mensual, lo que supone una fuerte rebaja de la fiscalidad del trabajo y una clara mejoría del sueldo neto que perciben los trabajadores de los países donde se ha desarrollado este modelo. Esos aportes del 10% pasan luego a la gestión de las AFP, que no son más que entidades inversoras que invierten esos ahorros de acuerdo con el nivel de riesgo que indica el trabajador.

Mitos, realidades y propuestas de reforma

Un sistema así evita los problemas de medio y largo plazo que enfrentan los países que basan su sistema de jubilación en el modelo de reparto, pero evidentemente está sujeto a críticas más o menos fundadas. Lamentablemente, en Chile estamos viendo cómo el giro radical de la izquierda y la tibieza intelectual de la derecha han alentado un confuso debate sobre el futuro del sistema de capitalización.
Por este motivo, José Piñera ha viajado de regreso a su país natal, interrumpiendo su “campaña internacional” por la reforma de las pensiones e invitando a los actores políticos de la izquierda y la derecha chilena a un gran diálogo nacional sobre el futuro del sistema de pensiones de capitalización.
En su regreso a Chile, Piñera ha planteado una serie de ideas fuerza para el debate sobre la reforma que podrían sintetizarse con los siguientes puntos:
  • Chile se ha desarrollado notablemente con esta reforma. El PIB chileno es un 8,5% más grande a raíz de la introducción del modelo chileno de pensiones. De hecho, desde la introducción del sistema privado de pensiones, la pobreza ha caído del 50% al 7,8% y el PIB per cápita ha crecido exponencialmente, de 5.000 a 23.000 dólares. Esto ha llevado a Chile del subdesarrollo a los mayores niveles de bienestar socioeconómico de toda América Latina.
  • Las tasas de rentabilidad alcanzan el 9% después de la inflación, una cifra muy difícil de alcanzar por la mayoría de gestores financieros. Por tanto, esto supone una gran conquista social, pues esas rentabilidades están al servicio de los trabajadores, de manera que 70 de cada 100 pesos atesorados en las cuentas de ahorro se deben a la rentabilidad obtenida y apenas 30 son las aportaciones directas.
  • Los gobiernos democráticos de izquierda y derecha han alentado la confusión y la frustración social. Por un lado, plantean recelos y objeciones al modelo de capitalización cuando comparecen en público. Por otro lado, mantienen e incluso perfeccionan el sistema cuando llega el momento de legislar. Esto genera desencanto social y exige más altura de miras.
  • El modelo ha demostrado ser fiable. No se ha cumplido ninguna de las predicciones alarmistas sobre lo que podría suponer la privatización del ahorro para la jubilación. Los fondos ahorrados ascienden al 70% del PIB y jamás se han detectado casos de corrupción.
  • No tiene sentido ofrecer cifras de pensiones medias sin indicar también los años de cotización. La gestora Hábitat ha hecho este ajuste para sus dos millones de clientes y encuentra que la tasa de reemplazo lograda por quienes han aportado durante más de 30 años ronda el 80% (650.000 pesos). Algo similar concluyen los informes de DICTUC, que apuntan que la tasa de reemplazo supera el 70% entre los trabajadores que han aportado a las AFP durante 40 años. Por tanto, la clave es evaluar los años de sueldo cotizados al modelo de capitalización.
  • El sistema de reparto ya quebró en Chile. De acuerdo con los estudios que ha hecho Hernán Cheyre, la pensión media que generaba el sistema de reparto vigente en Chile hasta 1980 suponía una prestación media de 69.000 pesos, claramente por debajo de los 650.000 pesos que se obtienen hoy cuando se hace bien el cálculo (trabajadores que cotizan por 30-40 años).
  • No se están presentando alternativas. De la protesta no se pasa a la propuesta y esto genera incertidumbre, puesto que la única experiencia similar en la región es la de Argentina, donde la Administración Kirchner expropió los fondos de pensiones y terminó llevando a su país al colapso y la ruina.
  • Se puede mejorar el sistema. Entre las posibles propuestas: reforma laboral (el ministerio de Trabajo reconoce que hay al menos 20 programas y reglas en vigor que minan el empleo y con ello el alcance de las aportaciones a las AFP), subida de la cotización (Piñera plantea llevarla del 10% al 15%), retraso de la edad de jubilación (sigue fijada según criterios de hace décadas pese al aumento de la esperanza de vida), etc.
Si desean conocer con mayor detalle los argumentos que tumban las falacias de los críticos del sistema chileno de pensiones, hagan click aquí.  

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