viernes, 26 de agosto de 2016

Así se convirtió Hong Kong en la economía más liberal del mundo

Diego Sánchez de la Cruz analiza cómo se convirtió Hong Kong en la economía más liberal del mundo.
Una exitosa historia de desarrollo y progreso.
Artículo de Libre Mercado:

Calle de Hong Kong | Ángel Riesgo Martínez.



A comienzos del siglo XIX, la Administración Imperial china trataba duramente a los comerciantes occidentales, que solamente podían operar desde el puerto de Cantón. La fiebre del opio terminó derrumbando estas barreras, a raíz de los enfrentamientos entre China y Reino Unido. El conflicto se resolvió por sorpresa, cuando el capitán británico Charles Elliot recibió de las autoridades mandarinas un acuerdo de paz que incluía la cesión de la pequeña isla de Hong Kong.
En el Hong Kong de mediados del siglo XIX vivían unos 2.000 pescadores. Londres no recibió de buen grado el pacto sellado por Elliot, que de hecho no contaba con autorización para suscribir un acuerdo así. Pero Hong Kong terminó convirtiéndose en un puerto británico que estaba sujeto a las leyes anglosajonas. El Tratado de Nanking, firmado en 1842, regularizó esta cesión territorial.
Como explica J.P. Floru en el libro Heavens on Earth, Hong Kong era el único puerto de aguas profundas que separaba Singapur y Shanghai. En 1880 ya se había convertido en el tercer puerto más activo del Imperio Británico, solamente por detrás de Londres y Liverpool. Además, como la tecnología de finales del siglo XIX distaba mucho de ser tan ágil como la actual, Hong Kong gozaba, de facto, de un alto grado de auto-gobierno. Al fin y al cabo, la correspondencia entre la isla y Reino Unido tardaba casi un año, por lo que los gobernadores de Hong Kong podían hacer y deshacer a su antojo.
La población de Hong Kong creció de manera espectacular entre 1841 y 1941, pasando de 2.000 pescadores a 1,6 millones de habitantes. Pero aquello fue solamente el comienzo. A lo largo de la segunda mitad del siglo XX, la isla se convirtió en el hub capitalista más importante del continente asiático, beneficiándose del atraso que indujo el comunismo en la República Popular China. Esto explica que, entre 1950 y 2010, la población de Hong Kong se disparase de 1,6 a 7,6 millones de personas.

La colonia supera a la metrópoli

A lo largo de los años, las tasas de crecimiento de Hong Kong han superado holgadamente a las de Reino Unido. Esto ha permitido que la colonia supere a la metrópoli en todos los indicadores que miden la riqueza de los habitantes de unos y otros territorios.
Por ejemplo, el crecimiento por lustro del PIB de Hong Kong ha superado a Reino Unido en todo el periodo que va de 1960 a 2005. De media, la isla ha aumentado el PIB a un ritmo del 7,2% que supera holgadamente el 2,5% registrado en Reino Unido.
En 2011, el PIB per cápita de Hong Kong ya era de 37.000 dólares frente a los 32.000 dólares de Reino Unido.

La apuesta por los impuestos bajos

El modelo de impuestos bajos desarrollado en Hong Kong tiene nombre y apellidos. Gobernadores como Alexander Grantham o Robert Black fueron los primeros en defender un marco fiscal atractivo en la isla, pero quizá el más destacado de los impulsores del Hong Kong de fiscalidad reducida fue el ministro local de Finanzas entre 1961 y 1971, John Cowperthwaite.
Se han escrito ríos de tinta sobre la tozudez de Cowperthwaite, un hombre capaz de decir que no una y otra vez a todo tipo de propuestas encaminadas a reforzar el poder de la Administración pública. Cowperthwaite llegó al extremo de negarse a desarrollar una oficina estadística moderna, bajo el temor a que una mayor recolección de datos sobre la economía de Hong Kong abriese la puerta a un mayor intervencionismo sobre el sector privado. Al final de su periodo, el gasto público apenas alcanzaba el 13% del PIB y las cuentas habían estado en superávit año tras año.
Su sucesor, Philip Haddon-Cave, mantuvo esta apuesta y marcó definitivamente el rumbo que siguieron los que llegaron detrás. Nadie se ha atrevido a tocar el modelo de impuestos bajos que Cowperthwaite defendió a capa y espada.
J.P. Floru sintetiza de la siguiente forma el marco fiscal vigente:
  • Las empresas pagan un tipo único del 16,5% en el Impuesto de Sociedades.
  • Los sueldos están sujetos a un IRPF progresivo que va del 2% al 17%, aunque también se puede abandonar este sistema y pagar un tipo plano del 15%.
  • No hay IVA ni impuesto sobre las rentas del capital.
  • La propiedad sí está sujeta a diversas cargas impositivas.
El grueso de los programas de 'gasto social' que también están en vigor en Europa fueron adoptados en los años 60 y 70, aunque de manera mucho más eficiente. Así, el gasto per cápita de la Administración de Hong Kong no llega a 2.500 dólares frente a los 8.000 dólares de Reino Unido.
Las pensiones están reguladas por un sistema similar al exitoso modelo de capitalización de Chile. Cada mes, el 10% del coste laboral se deposita en un fondo de ahorro ligado al trabajador. Firmas privadas de gestión financiera se encargan de invertir esos fondos de manera diversificada, siguiendo el perfil de riesgo que escoja cada ciudadano de Hong Kong.
No es de extrañar que todas estas reformas hayan hecho de Hong Kong la economía más libre del mundo, con una puntuación de 88,6 sobre 100 en el Índice de Libertad Económica que elabora la Fundación Heritage y que Civismo difunde en España.

China y la falta de democracia

Desde finales de los años 70, China vuelve a controlar Hong Kong, aunque lo hace bajo un sistema de administración regional especial que permite un alto grado de auto-gobierno. Sin embargo, Hong Kong sigue sin ser una democracia liberal.
La falta de libertad política resulta especialmente sangrante en una isla en la que el 38% se considera "ciudadano de Hong Kong" frente al 17% que se define como "ciudadano chino". De hecho, en las últimas elecciones controladas que ha celebrado Hong Kong, el triunfo del candidato respaldado por el Partido Comunista chino fue tan estrecho que la calle se ha llenado de protestas y manifestaciones desde el año 2014.
El éxito económico de Hong Kong es incontestable, por lo que la transición hacia la democracia liberal sería el paso lógico para completar una exitosa historia de desarrollo y progreso.

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