lunes, 19 de septiembre de 2016

Más sobre el 'problema' de los colonos

Eli Cohen sobre el "problema" de las colonias en Cisjordania, algunos mitos al respecto del terrorismo palestino y su origen, el diferente tratamiento de la violencia en Cisjordania y el problema que se sigue suscitando respecto a la solución de dos Estados.
Artículo de Elmed.io:
desierto-judea
La creencia de que el terrorismo palestino se origina en la ocupación de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este en 1967, tras la aplastante victoria militar israelí en la Guerra de los Seis Días, está muy extendida. Pues bien, es una mentira que no resiste un mínimo repaso histórico. Ni que decir tiene si el análisis se hace desde la moral.
Desde 1949 hasta 1967, cuando Gaza estaba administrada por Egipto y Cisjordania y Jerusalén Este por Jordania, se perpetraron más de 50 ataques terroristas contra israelíes. Además, antes incluso del establecimiento del Estado de Israel tuvo lugar la revuelta árabe de 1936-1939, en la que se cometieron matanzas como la de Tiberíades. Unos años antes, en 1929, una muchedumbre encolerizada instigada por el líder árabe palestino de entonces, el gran muftí de Jerusalén –protegido del mismísimo Hitler–, asesinó a 67 judíos en Hebrón y a 20 en Safed.
El axioma “el terrorismo es causa de la ocupación” es, pues, un mito más, que pesa sobre el conflicto entre israelíes y palestinos y que daña las expectativas de paz. Lo mismo cabe decir de otros mitos que pesan sobre la ocupación militar israelí en Cisjordania y sobre los colonos.
Richard Falk, enviado del Consejo de Derechos Humanos de la ONU –ese que tiene una obsesión con Israel, tal como dejó claro el anterior secretario general, Kofi Annan– para la situación de los derechos humanos en los territorios palestinos, afirmó en 2010 que la ocupación militar de Israel era un crimen contra la humanidad. Falk, dicho sea de paso, desprende siempre cierto tufillo antiisraelí, hasta Ban Ki Moon lo ha percibido. Pero con acusar a Falk de esto o de aquello no lograremos gran cosa. Lo mejor será recurrir a datos e informaciones que nos ayuden a saber qué pasa con Cisjordania y con las colonias judías repartidas por dicho territorio, de lo que ya hemos hablado anteriormente.
En primer lugar, debemos llamar a las cosas por su nombre. Cisjordania ha sido conocida durante más de dos mil años como Judea y SamariaWest Bank o Margen Occidental son términos acuñados por la legión jordana en 1948, así como Cisjordania, que quiere decir, literalmente, “en frente del río Jordán”.
En segundo lugar, en cuestiones de soberanía, el conocido como Cisjordania está considerado “territorio en disputa”, ya que tanto Israel como los palestinos reclaman todo o parte del mismo. La Línea Verde, línea de armisticio acordada entre Israel y los países árabes en 1949, no tiene reconocimiento internacional alguno. Nunca ha habido tras, sobre o más allá de dicha línea un Estado árabe llamado Palestina; por ello, no hay una ocupación de iure, y es un territorio bajo disputa. Israel rechazó la soberanía sobre Gaza cuando se desenganchó en 2005.
Es cierto que existe una ocupación militar de facto en Cisjordania. Cisjordania, administrativamente, se divide en tres tipos de zonas: A, B y C. Las zonas A, como Ramala o Yenín, están administradas civil y militarmente por los palestinos. Las zonas B, como Abú Dis, tienen administración civil palestina y un control militar israelí. Y las zonas C, que son colonias judías en su mayoría, están bajo administración exclusiva israelí. Así se acordó en Oslo, y así se ha mantenido en mayor o menor medida. El objetivo es una autonomía palestina progresiva que dé paso a un Estado independiente con fronteras seguras y negociadas con los israelíes. Ni siquiera la operación Escudo Defensivo (2002), que amenazó con acabar con la autonomía palestina, acabó con este estado de cosas.
Los Acuerdos de Oslo propiciaron, entre otras cosas, la proliferación de checkpoints militares. Estos puestos de control repartidos por Cisjordania mermaron la libertad de movimiento de los palestinos entre ciudades y especialmente en el acceso a Israel durante la Segunda Intifada. Ahora bien, su número se ha ido reduciendo progresivamente, tras el final de la oleada de ataques terroristas y conforme ha ido avanzando la cooperación en materia de seguridad entre la Autoridad Nacional Palestina de Abás e Israel. El número de checkpoints operativos es difícil de calcular, teniendo en cuenta el baile de cifras que practican los mismos israelíes. Según el Ejército, en julio de 2008 había 40 y en octubre de 2012, 12. Según Btselem, organización israelí que está en contra de la ocupación y monitorea las actitudes de los colonos y de los soldados israelíes en Cisjordania, en febrero de 2013 había 98.
No seré yo, que he visto con mis ojos cómo funciona el checkpoint más grande de todos, el de Qalandia, quien diga que todo sea idílico. Pese a la informatización y a la perfección del proceso –según la Corte Suprema de Israel, un palestino no debe esperar más de 45 minutos en un checkpoint–, la situación continúa siendo delicada. No obstante, son puestos de control que poco difieren de los de Beni Enzar o Farhana, en Melilla, donde también he estado.
En tercer lugar, hay cifras y estadísticas realmente interesantes. El 84% de la población de Cisjordania es árabe. Según el CIA World Factbook, en 2011 el número de colonos israelíes era de 325.500. El 98% de los palestinos de Cisjordania vive en zonas A. Las colonias judías representan apenas un 2% del territorio, aunque la jurisdicción militar y civil de las zonas B y C alcanza al 42%.
En cuarto lugar, la fiscalización de la violencia en Cisjordania está desequilibrada. De acuerdo con Btselem, la violencia de colonos contra los palestinos se reduce a provocaciones, bloqueos de carreteras, vandalismo y sabotaje de cultivos. El mayor atentado de un colono radical –cuando se habla de colonos siempre se habla en plural, modo responsabilidad colectiva, como si todos fueran lo mismo, un pecado que no podemos cometer si hablamos de terroristas de cualquier pelaje– lo llevó a cabo Baruch Goldstein en 1994, cuando asesinó a 29 árabes palestinos en la Tumba de los Patriarcas en Hebrón. Goldstein era miembro de un partido considerado terrorista en Israel, el Kaj, que está prohibido y perseguido.
No sólo la mentada Btselem, también Peace Now o The Israel Center for Human Rights fiscalizan los movimientos israelíes en Cisjordania, así como Breaking the Silence denuncia los abusos del Ejército israelí contra los palestinos, por no hablar de la sobreexposición mediática que padece la zona.
Sin embargo, la violencia que sufren los colonos por parte de los palestinos no suele estar fiscalizada por organizaciones palestinas, ni mucho menos por los medios de comunicación. Hagamos un somero repaso: en 2001 un francotirador palestino asesinó a un bebé de 10 meses; en mayo del mismo año los adolescentes Koby Mandell y Yosef Ishran, de 13 y 14 años respectivamente, fueron lapidados hasta la muerte; en mayo de 2004 la colona judía Tali Hatuel, embarazada de ocho meses, fue asesinada junto con sus cuatro hijas, de entre 2 a 10 años. En 2006 Eliahu Asheri, de 18 años, fue secuestrado y asesinado. En 2011 la familia Fogel fue asesinada en su casa del asentamiento de Itamar: los terroristas acuchillaron a un bebé de 3 meses a sangre fría y nos tuvimos que enterar por los medios israelíes, claro. En todos estos casos, siempre se ha recalcado que las víctimas eran colonos, radicales, ultraesto y ultralootro.
Lo que pasa con las colonias, pues, no responde a un planteamiento de blanco y negro. Los hechos así lo desvelan.
Los que estamos de acuerdo con la solución de los dos Estados aún seguimos preguntándonos por qué se tienen que desmantelar las colonias judías y no pueden vivir seguras bajo soberanía palestina, al igual que lo hacen las ciudades y villas árabes de Israel. Y es en este punto, precisamente, donde reside el nudo gordiano del conflicto entre israelíes y palestinos.

Artículos Relacionados por categorias


No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada