miércoles, 28 de septiembre de 2016

Rebelión contra los deberes

Santiago Navajas analiza la rebelión contra los deberes por parte de organizaciones de padres. 

Artículo de Voz Pópuli: 
Una organización de padres ha convocado una huelga de sus hijos contra los deberes. Al principio, cuando leí la noticia, tuve el impulso de mirar si era 28 de diciembre o la fuente originaria era El Mundo Today. Pero no. Sospechaba que llegaría este día porque tengo amigos que se quejan de los deberes que los profesores mandan a sus hijos. En realidad, son los mismos padres que les hacen los deberes a sus vástagos y luego se mosquean cuando el maestro les pone sólo un notable. La generación de mis progenitores se cabreaba si en el cole no nos mandaban tareas para casa. Los de hoy, que han criado a los suyos siguiendo la moda (digo, la teoría) del "apego", montan piquetes si les mandan un par de ecuaciones de segundo grado y traducir "Stultorum infinitus est numerus". Es como lo de los sevillanos y su referéndum sobre si prolongar un día más la Feria de Abril. Lo que no entiendo es la necesidad de realizarlo. Ni que Sevilla fuese la capital de un cantón suizo. Como me decía un amigo, que también es padre pero profesor de Conservatorio, pronto nos tendremos que reunir en secreto los profesores que queremos enseñar con los alumnos que quieren aprender. En lugar de "El Club de la Lucha", el "Club de los Deberes". Nos perseguirán como a peligrosos terroristas. Primera regla: "Que no se enteren los padres" (¡y las madres!, siempre me olvido de que ahora son "AMPAS").
Los estudios e investigaciones siempre hay que cogerlos con papel de fumar. Es decir, leyendo la letra pequeña y revisando los meta-análisis porque suele haber investigaciones contradictorias. Algo que no ha hecho Eva Bailén cuando ha puesto en circulación una campaña online “por la racionalización de los deberes” - lo que, además, supone una intromisión ilegítima en la libertad de cátedra de los profesores- con el dato de que en España los estudiantes de quince años hacen seis horas y media de deberes a la semana. No indica la fuente pero debe referirse al estudio PISA que aporta dicha cifra según “lo que dicen” los propios estudiantes. Que puede no ser lo mismo que lo que hacen. Pero asumamos que dicha hipótesis se corresponde con la realidad. Lo que ya no dice Bailén es que de la misma investigación se sigue que en los últimos años ha habido una reducción de una hora a la semana en los deberes. O que la media de deberes de la OCDE es de cinco horas a la semana. O que lo ideal, “según parece” desprenderse de la evidencia made in PISA, es que el tiempo ideal de deberes para esa edad es de cuatro horas. Quizás seis horas y media en lugar de cuatro o cinco semanales sea un poco excesivo (o no, porque depende del contexto socio-educativo), pero no es motivo para la campaña histérica y demagógica que ha llevado a Bailén a su caza de brujas online, a esta asociación de padres (¡y madres!) a hacer una huelga y a una célebre multinacional sueca del mueble a anunciarse en televisión con el lema “Salvemos las cenas familiares” porque “merecemos menos deberes” (no creo que impresione mucho a Ikea pero si me paso por una de sus tiendas será únicamente para llevarme gratis un par de lápices).
Lo que tampoco dice Eva Bailén, y calla la muy “progresista” CEAPA, es que de la comparativa internacional también se sigue que son los estudiantes con más poder económico los que dedican mayor número de horas a hacer deberes, dado que tienen más apoyo familiar y disponen de los medios necesarios para realizarlos, empezando por adecuados lugares de estudio en sus casas. En lugar de la frívola demanda para reducir e incluso eliminar los deberes, estos padres deberían estar demandado que, en todo caso, fuesen los propios centros escolares los que habilitasen zonas de estudio apropiadas para que el alumnado con menos recursos pudiera dedicar más horas a los deberes, apoyados por profesores auxiliares (por ejemplo, alumnos de los Máster de Secundaria) que les ayudasen a hacer las tareas. Más y mejores deberes es a lo que tienen derecho los estudiantes. De esta forma, en lugar de la igualación por debajo que implicaría la eliminación de los deberes, se llevaría a cabo una creación del conocimiento hacia la excelencia, haciendo que el incremento en las horas dedicadas a los deberes estuviera acompañada de una mejora cualitativa. Además, los padres se librarían de la penosa tarea, al parecer por sus protestas, de ayudar a sus vástagos con las tareas escolares. 
Tampoco explica Eva Bailén que de acuerdo con el Informe Pisa los estudiantes que hacen más deberes también puntúan mejor en las pruebas matemáticas. Concretamente, los resultados apuntan a que se consiguen hasta 17 puntos más por cada hora extra en matemáticas cuando se analizan los resultados de Hong Kong, China, Japón, Macao-China y Singapur.
Hay que poner deberes, tanto en cantidad como en complejidad, de acuerdo a las edades, claro. Pongamos desde 15-30 min al día en 1º de Primaria avanzando progresivamente hasta 1 hora-hora y media en Secundaria y dos-tres horas en bachillerato. Y no olvidar también realizar ciertas tareas, la misma cantidad diría, durante las vacaciones para no perder el hábito y ganar conocimiento para el curso que viene. El problema no reside en los deberes en sí sino en la mala planificación y la procrastinación. En una tira cómica de Quino, Felipe le explicaba a su amiga Mafalda que 
“Nuestro derecho a la educación es tan indiscutible… que no hay la más mínima esperanza de que un alma caritativa nos lo quite”
Pero si Felipe fuera un estudiante español podría estar tranquilo. Porque si ahora los “sindicatos” de padres, a los que se unirán entusiasmados los de alumnos, piden que se acabe con los deberes, posteriormente exigirán que no haya exámenes; finalmente, exterminarán a los profesores. En un mundo huxleyanamente feliz, todo será hipnopedia, juegos florales y condicionamiento clásico. Lo que empezó como una rebelión contra los deberes terminará con la derogación de la educación misma.

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