sábado, 17 de septiembre de 2016

Reino Unido impone un 'techo' al cobro de ayudas sociales

Diego Sánchez de la Cruz se hace eco de la exitosa medida del "tope a los beneficios" establecido al asistencialismo en el Reino Unido dados los múltiples efectos perniciosos que provoca. 

Y es que ya se sabe, si subvencionas x, tendrás más oferta de ese x, si subvencionas los precios de x, tendrás más demanda de ese x. Esto es algo universal. Es una ley económica. No implica el objeto. Por ello, si subvencionas la pobreza, tendrás más de ella, y es algo incuestionable. 
La solución no es otra que facilitar todo aquello que la reduce y que permite la generación de trabajo y el trabajo. Toda traba al mismo (y hay múltiples) provocan dichos malos resultados. 
No es de extrañar (aunque es una medida muy limitada que debe ser acompañada de otras muchas), que desde la instauración de la misma, haya aumentado el empleo y reducido la dependencia y el número de receptores. 
Estos son hechos (frente a las falaces y políticamente correctas manifestaciones tan comunes de escuchar). Y es muy positivo (y muestra madurez) que dicha medida tenga un amplio apoyo popular (de los distintos partidos).
Artículo de Libre Mercado:
Theresa May, primera ministra británica | EFE

El Partido Conservador británico emprendió hace años una cruzada contra el exceso de asistencialismo en el que habían incurrido las Administraciones Públicas de las islas. Bajo el liderazgo del ya ex primer ministro David Cameron, se planteó una nueva forma de concebir el "gasto social", que iba a quedar sujeto a más condiciones y controles.
Los tories se plantearon el objetivo de lograr que cada vez haya más hogares que reciben más ingresos de su trabajo que de los subsidios, transferencias y ayudas públicas. Desde 2010, ha bajado casi un 3% el número de familias que estaban en una situación de dependencia neta.
En el año 2000, la tasa neta de dependencia suponía que el 43% de los hogares recibía más ayudas del Estado que ingresos del trabajo. Este porcentaje tocó techo en 2010, cuando se alcanzaron niveles cercanos al 54%. Ahora, la tasa ha caído al 50,8% con sesgo a la baja.
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La clave, el tope a los beneficios

La herramienta más efectiva para lograr este descenso ha sido el "tope a los beneficios", un techo de gasto establecido por el gobierno británico que limita el monto total de ayudas que pueden ser concedidas, por una u otra vía, a las distintas familias. Desde entonces, una de cada cinco familias que han alcanzado el "tope a los beneficios" ha salido de esta situación de la mano de una entrada efectiva en el mercado de trabajo.
Entre los hogares que han llegado al "tope a los beneficios" en los últimos años, un 19% ha acabado saliendo de la dependencia encontrando un nuevo trabajo. Entre quienes no están sujetos al techo, esta tasa es del 11%. Por este motivo, se plantea que el "tope a los beneficios" debe ir bajando año tras año.
Los resultados del "tope a los beneficios" también se pueden percibir en el mercado de trabajo. De 2011 a 2016, el paro bajó de casi un 9% a menos de un 5%El número de desempleados ha caído en 685.000 personas entre los años 2010 y 2015, generando un aumento de ingresos para rentas medias-bajas que redujo la tasa de desigualdad de 33,7 a 32,4 puntos (Coeficiente Gini).

Una reforma exitosa

El "tope a los beneficios" contempla que una familia media que reside en Londres puede recibir hasta 23.000 libras al año. Si hablamos de una persona que vive sola, su límite es de 15.000 libras. En el resto de las islas, los techos alcanzan, respectivamente, 20.000 y 13.400 libras por ejercicio.
Cuando se introdujo el "tope a los beneficios", el nivel máximo de ayudas era de 26.000 libras para las familias residentes en Londres, con 18.200 libras para los solteros. Por tanto, no hablamos de un techo estático sino de un límite que se va ajustando a la baja.
Las encuestas de opinión publicadas a mediados de 2013, tras varios años de funcionamiento del "tope a los beneficios", apuntan a un amplio respaldo social hacia esta reforma, que cuenta con el aplauso del 73% de los británicos. Liberal-demócratas y laboristas apoyan esta medida de los conservadores, aunque el éxito a medio y largo plazo solo puede venir de seguir perfeccionando el programa, esta vez con Theresa May como primera ministra.

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