lunes, 11 de septiembre de 2017

La hora de la violencia

José Carlos Rodríguez sobre la "hora de la violencia" que llega, a raíz del referéndum en Cataluña. 

Artículo de Voz Pópuli: 
La hora de la violencia.La hora de la violencia. EFE
[...] Gobierno: el referéndum no se va a producir, y se impondrá la legalidad frente a los secesionistas. Son las palabras de un oráculo[...]. Mariano ha asumido su papel con tanto ahínco que incluso le ha otorgado parte de sus funciones al Tribunal Constitucional, para que el órgano frene las acciones secesionistas de la Generalitat sin que el Gobierno no tenga que añadir más que un “os lo dijimos”.
Pero ese futuro ya está aquí, [...] ha llegado a decir que no descarta aplicar la ley, incluso si se llama artículo 155. ¡Tomar una decisión y aplicar la ley! Extraordinario.
Pero lo más interesante de lo que ha dicho el portavoz del oráculo es que teme que el primero de octubre “pueda haber episodios de violencia”. [...] y ya sabe quiénes la van a ejercer, los extremistas. [...]
Pero lo más chocante es esto: “La violencia es la negación de la democracia”. El Gobierno, [...] presidido por Mariano Rajoy Brey, no ha dejado de identificar la democracia con el cumplimiento de las leyes. ¿Y cuál es la última ratio de la ley? La violencia. ¿Sobre qué se erige todo el Estado y sus normas? Sobre la violencia. Sin violencia, monopolística pero limitada, organizada pero mal gestionada, como todo lo público, no habría impuestos ni se cumplirían las leyes, ni habría democracia tal como la conocemos. De modo que la violencia no es la negación de la democracia, sino su sostén. En última instancia, para defender la ley hay que ejercer la violencia. Nada extraordinario. Nada imprevisto. Todo contemplado en las leyes. [...]
No hacía falta tener dotes adivinatorias para saber que llegaríamos a este punto. Para entender que la palabra “nacionalidad” es un eufemismo y que los nacionalistas la incluyeron en la Constitución para adoptar el término “nación” en todo su significado. Para comprender que el control, ese sí antidemocrático, de los medios de comunicación más el de las aulas, era para inculcar la idea de que Cataluña es una nación. A ello ha contribuido el Gobierno permitiendo que triunfe el discurso de la división y la exclusión, que desaparezca España como referencia, y que se incumpla la ley si ésta no servía al proyecto secesionista.
Entre los nacionalistas catalanes y los sucesivos gobiernos españoles ha habido un juego en el que los primeros daban pasos hacia adelante, pero nunca atrás. Y los segundos iban cediendo en el bien entendido de que, deslealtad tras deslealtad, los nacionalistas acabarían reposando en una estación de lealtad al resto de España.
Lo previsible era que ocurriese lo que ha ocurrido. Y lo que está por ver es que el Gobierno tome la decisión de echarse la mano al cinto y hacer cumplir la ley.

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