sábado, 23 de septiembre de 2017

No olvidemos a Cuba

Daniel Lacalle analiza la situación de Cuba, cuánto le cuesta su rescate a España (sin que sirve para impulsar democracia y libertad), la gran mentira del régimen para justificar su miseria, así como la falacia de la nula desnutrición, la de la gratuidad sanitaria o su excelencia...

A su vez analiza el insulto de equipar como presos políticos a las detenciones de políticos en España con lo que ocurre en Cuba, y la necesidad de no olvidar lo que ocurre en Cuba.


Artículo de El Español: 


Me jump and run me see de boat head for horizon, Havana moon, de boat is gone” Chuck Berry
Nos contaba hace unos meses Guillermo Gortázar que el rescate a Cuba le ha costado a España 1.500 millones de euros y un aplazamiento de una cantidad similar en 18 años. La condonación de la deuda del régimen, desafortunadamente, no ha servido para impulsar la libertad y la democracia, sino para perpetuar la dictadura.
La gran mentira del régimen y sus defensores para justificar la miseria en la que han sumido al país en las últimas cinco décadas es el inexistente bloqueo. Porque no lo hay. Un embargo no es un bloqueo.
¿Bloqueo? Cuba tiene más de 27 tratados bilaterales con 90 países.
¿Bloqueo? Las exportaciones de Cuba según el Banco Mundial alcanzaron el 17,15% del PIB en 2015.
Estados Unidos es uno de los mayores socios comerciales de Cuba, $180 millones en 2015. España es el principal inversor y tercer socio comercial de Cuba. Vaya birria de “bloqueo”, se cuela hasta el apuntador (ironía).
Sin embargo, se utiliza la falacia de ese supuesto bloqueo para justificar la miseria y represión de la dictadura. Pero, en realidad, el régimen castrista es una máquina de dilapidar subvenciones.
Dilapidó ayudas de la Unión Soviética entre 1960 y 1990 equivalentes a seis planes Marshall y no consiguió mejorar su patrón de crecimiento ni aprovechar las enormes subvenciones para mejorar la productividad. Entre 1960 y 1990, Cuba recibió más de 65.000 millones de dólares de la Unión Soviética, sin contar los que recibió de otros países socialistas.
Actualmente, se beneficia anualmente de la subvención que le hace el chavismo venezolano que llegaba a cubrir el 70% del consumo del país y, además, recibe cientos de millones de dólares en cooperación internacional.
A pesar de todo ello, el ranking de Nationmaster, que compara el salario medio por países en todo el mundo, coloca en último lugar global (puesto 176) a Cuba con un salario medio de 25,05 dólares al mes en 2014.
El desabastecimiento en productos básicos llega al 70% según El Diario de Cuba e Infobae, lo cual hace que la famosa frase de que «no hay desnutrición» sea fundamentalmente falsa porque casi todos los cubanos sufren de la escasez endémica.
Cualquiera que viaje a Cuba puede ver que la tan repetida “inexistencia de desnutrición infantil” que algunos dicen que muestra Unicef –más abajo lo desmontamos-, solo enmascara un régimen que está aún bajo el yugo de las cartillas de racionamiento y la miseria.
Pero es que Unicef “no indica eso en absoluto, sino que la incidencia de peso inferior al normal ha bajado al 4%”, un récord roto por Chile, por ejemplo, que llegó al 1%. "En Tracking Progress on Child and Maternal Nutrition: A survival and development priority (Unicef, noviembre de 2009, p. 102 y ss.) se muestran indicadores con cifras similares”. Es decir, nada de erradicar, y Chile, por ejemplo, muestra mejores cifras.
Y además, sufre la “sanidad gratuita más cara del mundo”, como me decían en La Habana. El mito de la calidad de la sanidad se ha desmontado en varias ocasiones. María Werlau, de la ONG Archivo Cuba explicaba que «la sanidad en Cuba es pésima para el ciudadano de a pie. Existe un apartheid que favorece a la élite gobernante y a los extranjeros que pagan en dólares».

¿Presos políticos en España?

Mientras, en España, es insultante que los defensores del castrismo llamen presos políticos a ciertos políticos que cometen delitos contra leyes democráticamente establecidas (y una constitución votada por amplísima mayoría) en un país democrático, con separación de poderes y todas las garantías. Las que no le conceden a los cubanos. Denuncias por presos políticos, detenciones arbitrarias y restricciones de la libertad de expresión, asociación y reunión están a la orden del día en Cuba.
No podemos olvidar a los cubanos. No podemos preocuparnos por el pueblo venezolano e ignorar el asalto a la libertad y los derechos humanos en Cuba, porque los problemas de los dos países hermanos son los mismos, el totalitarismo y el destrozo económico del colectivismo. Y las soluciones, las mismas. Democracia y respeto a la propiedad privada y la libertad económica y social.
Igual que condenamos sin paliativos los asaltos a los derechos humanos en cualquier régimen dictatorial, sea el de Pinochet o de Kim Jong Un, el de Stalin o el de Hitler, igual que criticamos las ejecuciones sea en China o en Irán, no podemos suavizar o blanquear el ataque incesante contra los derechos humanos del castrismo.
Invertir, tener relaciones diplomáticas y comerciar con Cuba es esencial para ayudar a que el país salga del erial castrista y que mejore la calidad de vida, pero no es suficiente. Esas relaciones deben servir para acabar con el totalitarismo.
Ignorar el sufrimiento de los cubanos es un error. Justificarlo es criminal.

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