martes, 22 de noviembre de 2011

Las razones de por qué la cultura de la subvención es un grave error de nuestra sociedad. (Politica, Economía. 435)

Uno de los graves problemas que tiene nuestra sociedad, y que supone un gran lastre para el crecimiento económico y el bienestar de la sociedad son las subvenciones, es decir, la cultura de la subvención que hay en España.

Esto que los liberales vemos tan claro, la mayoría de la sociedad lo sigue apoyando pese a las implicaciones tan graves que tienen en la economía y en la libertad del individuo. Y la razón de ello, y de no eliminar esta práctica es la cantidad de políticos, gente y sectores relacionados con las mismas, y es que una subvención al fin y al cabo puede suponer "la compra" de un voto electoral, la compra de un "favor" político o económico o la creación en la mente del individuo de una sensación de dependencia del Estado, haciéndonos esclavos del sistema y eliminando nuestra libertad.

Las razones de por qué las subvenciones son perniciosas son numerosas y diversas y las resumiré a continuación, pese a que se pueden desarrollar en mayor profundidad: 

En primer lugar, mediante la extorsión o coacción, quitas dinero de gente que ha ganado ese dinero con su trabajo, para que un político decida por su cuenta a quién se lo regala, para que esa otra persona viva de tu esfuerzo, y no del suyo, lo que desincentiva el trabajo y el esfuerzo, lo que tiene implicaciones negativas en la creación de empleo y en la iniciativa emprendedora, y en consecuencia, en la creación de riqueza. Y esto aunque vestido de legalidad es un atentado contra la libertad del individuo y es injusto.

En segundo lugar, supone un gran error económico puesto que quita recursos de la economía productiva, y los desvía a la economía improductiva, manteniendo artificialmente algo que la gente y el cliente no demanda, haciendo menos productiva la anterior y empeorando la situación económica.

En tercer lugar, fomenta la corrupción, ya que los políticos gestionan ese dinero que de otra manera no harían, siendo desviados en muchas ocasiones los recursos hacia sectores o lobbies por algo a cambio, desde favores políticos a económicos, o sencillamente, como en muchísimos casos para dirigir ese dinero a lugares donde han colocado los políticos gente a dedo, como familiares, afines, conocidos...y eso sí, muuy bien pagados.

En cuarto lugar, intensifica e incrementa la aparición de grupos de presión, lobbies, con mucho peso y poder de decisión y movilización a raíz de esas subvenciones e intereses en juego, lo que implica en muchos casos elevadas subvenciones o sumas de dinero para tener su apoyo y tenerlos calmados, lo que suele suponer cada vez crecientes recursos para ellos. Relacionado de manera indirecta con esto, se le suman los derechos que van adquiriendo muchos grupos a cambio de ese apoyo, y que suponen un inmobilismo y rigidez al cambio, que implicaría una mejora muy necesario para  todo el sistema (y aquí se puede hablar de muchísimos ejemplos de rigideces en sectores, en el aspecto laboral, sindical...).

En quinto lugar, incentiva el fraude, ya que incita a mucha gente a montar una actividad o chiringuito u ONG...exclusivamente para cobrar la subvención sin justificar en muchos casos los importes (o nada o no en su totalidad, siendo el control patético, como se reconoce) e incrementando las trampas, para vivir del trabajo ajeno.

En sexto lugar, supone un incremento de la improductividad y una merma continua de la calidad y la competitividad, debido a que al recibir uno la ayuda pública sea bueno o malo mi producto, y no dependiendo de la demanda y el cliente, no me esforzaré por mejorarlo, puesto que mi trabajo no depende de ello, teniendo la subvención asegurada, lo que a su vez, me hará cada vez más dependiente de dicha subvención, menos rentable mi producto, y necesitaré por tanto mayores subvenciones cada vez (algo que se ve muy claramente en el cine español por poner un ejemplo).

Y en séptimo y último lugar, el alto coste de oportunidad que supone, término que indica lo que se pierde por no invertir ese dinero en otra cosa. Obviamente el coste de oportunidad es alto cuando en lugar de invertir esos recursos en algo productivo lo inviertes en algo improductivo, lo que conlleva menos empleos (los que puede generar que muchos emplean en la defensa de esa subvención) son inferiores a los que supondría inviertiéndolos en algo más productiva, o bien la creación de esos puestos de trabajo supone la destrucción de más puestos de trabajo en otro sector. Y esto se hace mucho más clamoroso cuando además ese dinero o recurso no existe y se da vía deuda, como ocurre en nuestra economía, cuyo coste económico es muchísimo mayor (especialmente hoy en día), lo que implica un coste de oportunidad mucho más elevado.

En conclusión, mientras la sociedad no sea consciente de las graves consecuencias que tiene la cultura de la subvención para sí misma, estaremos lejos de salir de la espiral en la que estamos metidos.

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