sábado, 12 de noviembre de 2011

Las reformas que nadie quiere hacer. (Política, Economía. 424)

Excelente análisis sobre reformas que son muy necesarias para un país y su progreso económico, pero que son imposibles de realizar ante las fuertes rigideces del sistema e intereses de los privilegiados. Y aunque el artículo habla de Italia y su situación, en España ocurre lo mismo en mayor grado en algunas cosas y en menor en otras:

"Pese a loschistes, las meteduras de pata y los escándalos de Berlusconi, hasta hace poco tiempo Italia se veía como un país pese a todo sólido, capaz de garantizar una buena estabilidad económica. Muchas señales parecían confirmar esta sensación: un paro por debajo del 8%, déficit contenido, bancos bien capitalizados y un made in Italy todavía muy fuerte en el mundo. Sin embargo, estos días Italia parece ser la preocupación principal de Europa, como si pudiera convertirse en un nuevo caso griego. ¿Qué es lo que despierta tanta inquietud? ¿Qué es lo que ha cambiado? No, no ha habido ningún cambio en los datos económicos de base. Muchas pymes aguantan, así como los ahorros de las familias, y el paro no ha estallado. ¿Entonces? El verdadero problema es que Italia es un país parado, sin empuje. Y sin crecimiento, el endeudamiento está destinado a crecer sin límite, obligando a recortes cada vez más duros, con medidas depresivas que corren el riesgo de dar lugar a un mecanismo peligroso. Esto es lo que da más miedo, porque no estamos ante un estancamiento relacionado con la crisis, sino con problemas que Italia arrastra de antes. Basta con pensar que desde las egunda mitad de los años noventa, cuando España crecía a un ritmo del 4% anual, y otros países cerca del 2,5%-3%, a Italia le costaba superar el 1,5%. No es sólo una cuestión de rigidez del mercado laboral, sino de rigidez económica y social a 360 grados. Italia es un país bloqueado por castas, reglas, pequeñas y grandes jaulas pensadas para proteger a los que están dentro, pero que han acabado atrapando a todo el país. En cada actividad económica, Italia está bajo el dictamen de colegios profesionales, licencias y otras formas burocráticas que limitan el acceso y que definen las reglas de funcionamiento: desde los abogados hasta los taxistas, pasando por los ingenieros o arquitectos. Por ejemplo, un joven abogado que hoy quisiera hacerse un hueco aplicando tarifas más bajas o haciéndose pu- blicidad no puede hacerlo: los honorarios están fijados por el colegio y la publicidad está prohibida. Un joven farmacéutico que quiera montar su negocio lo tendrá difícil: las licencias son pocas y caras y suelen transmitirse a los hijos. Lo mismo para los taxis u otras actividades. En Italia el 44% de los arquitectos son hijos de arquitectos, el 39% de los ingenieros son hijos de ingenieros, el 42% de los licenciados en derecho son hijos de licenciados en derecho, etcétera. Estas son las reformas que Europa pide a Italia pero que nadie quiere hacer. Sólo hace unos meses, cuando el Gobierno intentó liberalizar la profesión de abogado, hubo una insurrección entre los diputados en el Parlamento, en su mayoría abogados. La norma se eliminó. Hace cinco años, el intento de aumentar las licencias de taxi bloqueó Roma durante semanas.

Luego está el tema de los jubilados. Europa espera en este asunto medidas que este gobiernono es capaz de dar. El problema no sólo es la edad de jubilación. Todavía está en vigor en Italia una norma que permite a las personas jubilarse después de cierto número de años trabajados, sin tener en cuenta la edad. De esta manera, durante décadas se jubilaron personas de 40-45 años o incluso más jóvenes. Se ha estimado que estos baby jubilados cuestan a Italia, si se consideran los menores ingresos y los mayores gastos, 163,5 millones de euros, según Confartigianato. Sin embargo, es imposible tocarlos. Los sindicatos se oponen (el 55% de sus miembros son jubilados) y también la Liga Norte, el aliado más fiel de Berlusconi.

En conclusión, Italia está paralizada por una alianza transversal que suma a grupos de derecha y de izquierda, que se movilizan cada vez que hay algo que puede poner en riesgo sus derechos adquiridos y sus posiciones de privilegio. Pero fuera de este denso sistema de jaulas y proteccionismos, existe otra Italia. Una Italia formada por jóvenes, mujeres y parados ocasionales que no están enmarcados en ningún contrato de categoría, que no están protegidos por ningún amortiguador social. Casi una de cada dosmujeres no trabaja, cerca del 28% de los jóvenes italianos está en el paro. Muchos de ellos han dejado de buscar empleo. Es un pedazo de Italia que podría aportar energía, competencia, innovación, pero que es ignorado no sólo por la política, sino por el resto de la sociedad civil, unos ciudadanos que están dispuestos a sumarse a sus movimientos de protesta pero que no quieren cambiar ni un ápice del sistema que les ha protegido hasta ahora, por el miedo a perder algo. Cada individuo quiere salir de la crisis, cuando el reto debería ser la construcción colectiva del país de mañana."

Fuente: Irene Tinagli

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