miércoles, 31 de julio de 2013

Por tu seguridad… y para mi bolsillo. (Política, Economía. 1.794)

  • Muy buen artículo de Jorge Valín acerca de hacia dónde es dirigida la sociedad por parte de los Gobiernos, una tiranía escondida tras "buenas intenciones" para llevarnos pasito a pasito hacia sus intereses:

    Artículo de Negocios.com
    "Vienen las fiestas veraniegas y con éstas la proliferación de regulaciones para poner más multas. En realidad, no suelen ser las grandes leyes las que restan libertad al ciudadano, sino las continuas y pequeñas normas que nos caen día a día. Para que se haga una idea, las autonomías generan 700.000 páginas de regulación al año. Eso equivale a más de 200 kilómetros en línea recta de papel. De hecho, y desde 1978, se aprueban, de media, 10 normas autonómicas al día, sábados, domingos y festivos incluidos. La sobrerregulación es grotesca. ¿Y todo para qué? Algunos creen que es para hacernos la vida más cómoda y segura, pero desde el momento que hemos de consultar la legislación para hacer cualquier cosa, nos daremos cuenta que no vivimos en libertad y que la excusa de la seguridad no deja de ser un pretexto para otros fines. Veamos algunos ejemplos recientes.
    La semana pasada el Partido Popular pretendió aprobar en Plasencia, provincia de Cáceres, una normativa para prohibir a los peatones cruzar la calle por lugares distintos a los autorizados; correr, saltar o circular de forma que “moleste” a los demás ciudadanos, así como multar a aquellos que esperen a los autobuses y demás vehículos de servicio público fuera de los refugios. Incluso exigía que, como norma general, los patines, patinetes, monopatines y otros debieran contar con autorización municipal para transitar por los lugares públicos.
    Recientemente, también, el Gobierno ha endurecido las multas por conducir bajo la influencia del alcohol doblando el importe de las multas y se han prohibido los detectores de radares imponiendo multas de 200 euros y tres puntos del carné. En realidad los detectores de radares nos hacen disminuir la velocidad y prestar más atención, así que implican un decremento de los accidentes en los supuestos puntos negros.
     James Madison, uno de los más conocidos padres fundadores de los Estados Unidos y cuarto presidente del país americano, dijo (parafraseando al filósofo estoico Helvidio Prisco): la seguridad es “el viejo truco de convertir toda contingencia en un recurso para que el Gobierno acumule la fuerza”. ¿Se ha preguntado qué sentido tiene que multen a un padre de familia con 200 euros por llevar un antirradar, y sin embargo, no ocurra absolutamente nada al delincuente habitual que nos roba el móvil, la cámara de fotos o la cartera? ¿Tiene sentido que solo proliferen y endurezcan leyes que atacan actos no criminales y estilos de vida de la clase media en lugar de los realmente que atacan la libertad, vida y propiedad de las personas? ¿Cómo puede ser, por ejemplo, que las multas por la violación de mal llamada propiedad intelectual sean más duras que aquellas donde hay agresiones físicas? Todo esto es convertir a la Ley en el principal enemigo de la Justicia.
     El paso del tiempo ha probado cómo los autores clásicos de la libertad, como Madison, tenían razón. El efecto de la intromisión del poder estatal sobre el social tiene la única finalidad de que los políticos y gobernantes asalten nuestro bolsillo. Los Gobiernos no dejan de ser una empresa con ánimo de lucro, pero mientras que una empresa privada vive del consentimiento de su cliente y éste dice le dice qué vender y cómo, en el caso del poder político se invierte todo. Es la empresa (el Gobierno), quien dice al cliente (ciudadano) cómo comportarse mediante el uso de la fuerza, la coacción y el latrocinio. Busca cualquier excusa o contingencia, normalmente relacionada con la seguridad, para aumentar sus beneficios y bienestar.
    Una sociedad totalmente intervenida y que funciona a base de castigos y multas no es libre ni segura, más bien dispara la inseguridad convirtiendo al ciudadano medio en un criminal permanente. No se pueden hacer personas virtuosas por ley. Así solo se consiguen esclavos y borregos. Y cuando el Gobierno deja de ser el sirviente del ciudadano para convertirse en una herramienta de éste para conseguir fines, la democracia funcional desaparece para ser solo un elemento formal que esconde tras de ella una tiranía. La de las buenas intenciones y el lucro más salvaje."

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