miércoles, 5 de junio de 2019

La tragedia de los anticomunes en la derecha

Juan Rallo analiza la actual tragedia de los anticomunes que está experimentando (o puede darse) en el espectro de la derecha en Madrid, exponiendo en qué consiste esto, cuál es la estrategia de cada partido, las cartas que tiene cada partido y los riesgos. 

Artículo de El Confidencial: 
Foto: El presidente de Vox, Santiago Abascal (2i), el líder del PP, Pablo Casado (4i), y el líder de Ciudadanos, Albert Rivera (d), en la concentración en la plaza de Colón de Madrid. (EFE)El presidente de Vox, Santiago Abascal (2i), el líder del PP, Pablo Casado (4i), y el líder de Ciudadanos, Albert Rivera (d), en la concentración en la plaza de Colón de Madrid. (EFE)
La tragedia de los comunes es una de las ideas que ha alcanzado mayor popularidad dentro de la ciencia económica durante las últimas décadas: originalmente desarrollada por el biólogo Garrett Hardin, esta teoría sostiene que, si demasiadas personas tienen derecho a utilizar un mismo bien económico, entonces existe el riesgo de que ese bien económico sea sobreexplotado en perjuicio de todos. Por ejemplo, si muchos pescadores poseen un derecho irrestricto a faenar en un caladero de pesca, es bastante probable que no se respete suficientemente el periodo de veda y los peces terminen extinguiéndose.
La tragedia de los comunes puede resolverse privatizando el bien económico: ya sea con una propiedad privada de tipo individual (solo hay un dueño sobre cada recurso) o, tal como demostró la premio Nobel de Economía Elinor Ostrom, con propiedad privada de tipo comunal (hay varios codueños sobre un mismo recurso pero todos ellos se coordinan a través de unos estatutos privados de gobernanza orientados hacia la preservación del bien en beneficio de todos los comuneros). Expresado con otras palabras: para evitar la sobreexplotación de los recursos, necesitamos de múltiples derechos de propiedad sobre el entorno para, de ese modo, internalizar plenamente las ganancias y los perjuicios de las acciones de cada individuo (esa es, dicho sea de paso, la teoría del origen de la propiedad de Harold Demsetz: un instrumento para internalizar las externalidades positivas y negativas de nuestras interacciones con el entorno).
Menos conocida que la tragedia de los comunes es otra tragedia donde el problema no es el insuficiente reconocimiento de derechos de propiedad sobre el entorno sino su excesiva proliferaciónla denominada tragedia de los anticomunes, esbozada hace dos décadas por el jurista Michael Heller. La intuición central de la tragedia de los anticomunes es que la excesiva fragmentación de los derechos de propiedad puede abocarnos a un bloqueo multilateral de los planes de acciones de las personas y, por tanto, a una ineficiente infrautilización de los bienes económicos.
Por ejemplo, si dos vecinos son propietarios de la planta baja de un edificio y los dos deben prestar su consentimiento para autorizar la instalación de un negocio, esta planta baja puede terminar permaneciendo 'sine die' en barbecho si las preferencias de ambos propietarios son incompatibles (por ejemplo, uno de ellos quiere instalar una peluquería y veta cualquier otro tipo de negocio, mientras que otro desea instalar un despacho de abogados y veta cualquier otro tipo de negocio). El remedio para la tragedia de los anticomunes no pasa por una mayor fragmentación de los derechos de propiedad —y, por tanto, por otorgar todavía más derechos de exclusión/veto— sino por una reconcentración de los mismos o, como poco, por un acuerdo estatutario de mínimos entre los diversos propietarios para coordinar una utilización eficiente de ese recurso compartido.
En cierto modo, podemos emplear el modelo de la tragedia de los anticomunes de Heller para describir la situación poselectoral en la que ahora mismo se halla 'el espectro de la derecha'. Y es que, hasta hace muy pocos años, el Partido Popular concentraba todo el voto de ese 'espectro de la derecha' (es decir, era el único 'propietario' de tales sufragios) y, por tanto, podía utilizarlo por entero en alcanzar sus fines: a saber, llegar al Gobierno. En este contexto de unificación del voto de la derecha, no se producía nada parecido a la tragedia de los anticomunes. Pero la división de ese voto sí ha modificado radicalmente el terreno de juego.
En la actualidad, existen tres 'dueños' de los votos de la derecha: PP, Ciudadanos y Vox. Para poder hacer un uso efectivo de los mismos (es decir, para llegar al Gobierno), las tres derechas han de mancomunar su voto y no excluirse mutuamente. Si, en cambio, existen vetos recíprocos dentro del espectro de la derecha, entonces se cae de lleno en la tragedia de los anticomunes y la derecha se queda fuera de las instituciones (gobierna la izquierda). Podemos representar fácilmente la interacción de las distintas estrategias políticas de la derecha mediante la siguiente tabla:
Ciudadanos tiene dos opciones: excluir a Vox de cualquier tipo de acuerdo o no hacerlo; a su vez, Vox tiene dos opciones: vetar cualquier tipo de acuerdo sin Vox o no hacerlo. Si Ciudadanos y Vox persisten en sus vetos, entonces gobierna la izquierda. Si Ciudadanos persiste en su veto y Vox no, entonces gobernarán PP-Cs con Vox a modo de convidado de piedra (el modelo andaluz). Si Vox persiste en su veto y Ciudadanos no, gobernarán conjuntamente las tres derechas. Y si tanto Vox como Ciudadanos levantan sus respectivos vetos, tendremos algún tipo de acuerdo programático de la derecha (Gobierno PP-Cs pactado con Vox; Gobierno en solitario del PP con apoyo parlamentario de Ciudadanos y Vox...).
Por supuesto, la opción preferida por Ciudadanos es que Vox levante su veto sin que Ciudadanos elimine el suyo (Gobierno a la andaluza). A su vez, la opción preferida por Vox es que Ciudadanos levante su veto sin que ellos supriman el suyo (gobiernos de coalición de las tres derechas). De ahí que ambas formaciones tengan el incentivo de amagar con mantener sus respectivas exclusiones hasta el final. Pero si ambas perseveran en sus vetos, habrá tragedia de los anticomunes dentro del espectro de la derecha y, por tanto, gobernará la izquierda (un resultado bastante familiar para quienes conozcan los equilibrios subóptimos típicos del dilema del prisionero).
Como ya hemos expuesto con anterioridad, hay dos formas genéricas de solucionar la tragedia de los anticomunes: o alcanzando un acuerdo de mínimos entre los distintos propietarios (levantamiento parcial de los vetos recíprocos) o concentrando los diversos derechos de propiedad en manos de menos propietarios (reunificación del voto en un partido de derechas). Si a corto plazo no se avanza hacia la primera de estas soluciones (si Ciudadanos y Vox no levantan, al menos en parte, sus vetos), a largo plazo el votante de derechas tenderá a imponer la segunda de ellas, esto es, la reunificación del voto de la derecha.
De hecho, el veto recíproco de Ciudadanos y Vox bien podría ser una estrategia para forzar al votante de derechas a que proceda a recomponer su voto de cara a futuros comicios: esto es, a que constate que la actual fragmentación del sufragio conduce inexorablemente a la tragedia de los anticomunes (a que gobierne la izquierda) y se dé cuenta de que ha de votar de un modo distinto. La cuestión, claro, es en qué dirección se producirá esta reordenación del voto: acaso Ciudadanos confíe en que, cuando el votante de Vox compruebe que apostar por los de Abascal solo sirve para imposibilitar un Gobierno PP-Cs, entonces ese votante volverá al PP, permitiendo nuevos pactos mayoritarios entre los populares y los de Rivera sin que estos últimos se manchen ideológicamente gobernando con la 'derecha populista' de Vox. A su vez, Vox puede confiar en que los votantes de Ciudadanos abandonarán a Rivera y apoyarán al PP toda vez que estos comprueben que su veto a Vox imposibilita que gobierne la derecha, enterrando así al centro derecha progresista de Ciudadanos y, por tanto, permitiendo coaliciones de gobierno PP-Vox más escoradas hacia la derecha conservadora.
Si tales son las respectivas expectativas de Ciudadanos y de Vox (es decir, si cada uno de ellos cree honestamente que saldrá ganando del proceso de recomposición del voto de la derecha), no se extrañen si, finalmente, no se produce ningún levantamiento de los vetos recíprocos, puesto que ambos partidos pueden estar dispuestos a sacrificar el bienestar de sus votantes a corto plazo para que sus formaciones salgan ganando en el largo plazo. Si, en cambio, alguno de ambos partidos piensa que, en realidad, ellos serán los principales perjudicados de esa reordenación a largo plazo del espectro de la derecha, entonces esa será la formación que finalmente termine cediendo y levantando su veto antes de la conformación de los gobiernos municipales y autonómicos. En pocos días comprobaremos si alguna de ellas va de farol o si, en cambio, están convencidas de tener las mejores cartas frente a sus rivales, es decir, en pocos días comprobaremos si la división del voto de la derecha la conduce a la tragedia de los anticomunes.

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