viernes, 20 de julio de 2012

El paternalismo estatal alimenta el infantilismo social. (Política, Economía. 809)


Diego Sanchez de la Cruz da de lleno en este breve artículo en lo que supone el paternalismo estatal y el daño que esto hace a la sociedad, incapaz de sobrevivir por sí misma:

"Todo empieza con la idea de que el Estado debe cuidarnos de la cuna a la tumba. Ahí empezamos a perder nuestra capacidad para salir adelante a base de imaginación y esfuerzo. Chapoteamos entonces en la sopa boba, condenados a buscar prosperidad en el BOE en vez de en el mercado.
El paternalismo estatal alimenta el infantilismo social, y su consecuencia acabará siendo el empobrecimiento generalizado. Alimentamos mientras podemos la ficción de que podemos vivir a costa de los demás. Asumimos que la prosperidad es infinita y que tenemos derecho a disfrutarla sin trabajar por ello.  Abrazamos cualquier discurso que culpe a otros de nuestros problemas. Todo vale, con tal de que la fiesta siga.
Pero un día se apagan las luces. Toca bajar a la tierra, hacer autocrítica, corregir excesos y rectificar errores. Pero el niño malcriado no está por la labor. Quiere que Papá Estado le de más, pero Papá Estado está quebrado precisamente por los excesos que tanto le gustaban a ese niño.
Él nunca analizará los datos. Eso muy frío. Lo que importa es la “dignidad”, la “justicia”. Todo lo demás nace de mentes malvadas. Por eso, no tardará en leerse un panfleto de treinta páginas que refuerce sus más bajas pasiones para, acto seguido, salir a la calle a pegar cuatro gritos. Solamente un facha o un salvaje explotador puede oponerse a sus propuestas. ¡Él es el 99%! ¡Él es el pueblo, coño!
Ya se cree todo un revolucionario. Seducido por los cantos de sirena del rencor y de la envidia, pedirá que otros paguen el pato y paguen más impuestos “por solidaridad”. Tienen que financiarle la fiesta, tienen que solucionarle la vida. Ni hablar de renunciar a Papá Estado. Y si para mantener esa ficción hay que endeudarse más, pues habrá que endeudarse más. Lo que sea, menos decir adiós a su irrenunciable derecho a vivir a costa de los demás."
Me hago eco también de un comentario al respecto del artículo que me parece sumamente acertado: 
"pero es que a ese niño malcriado, su “Papá” sigue contándole el cuento de la “solidaridad” , “la igualdad” y “los derechos sociales”, aun cuando se han quedado sin dinero y están llamando a la puerta con la orden de embargo. Ese “Papá” que ha maleducado a sus hijos, cuando no puede seguir pagándoles el ritmo de vida que les proporcionaba, no les dice que el dinero se acabó y toca buscarse un poco la vida. No, les explica un cuento de miedo y les dice que hay una crisis exterior, que no se preocupen, que sus “derechos” no se tocan, que habrá que quitarle más dinero a los empresarios y los especuladores, que sus “derechos” están “garantizados”, que tomará tosas las medidas necesaria para garantizarles el bienestar, que lo ricos todavía pueden colaborar mucho más, etc…
El niño malcriado no esta por la labor de reconocer que algún día tendrá que valerse por si mismo, pero es que su “Papá”, aunque en la ruina, tampoco esta dispuesto a admitir que sus hijos trabajen y se solucionen ellos solitos sus problemas. Simplemente les quiere bajar un poco (casi nada) la paga. Por qué si sus hijos fuesen realmente autónomos, ¿Qué haría él en la vida? ¿Cual sería su función, su objetivo…….., su poder?
El niño ha interiorizado tanto los valores que le enseño su “Papá”, que no es ya que ni se plantee independizarse y trabajar, es que como le recorten lo más mínimo su paga, se enfada (y mucho) y como buen malcriado incluso muerde la mano que le da de comer."
Tristemente, este es el pensar de la mayoría de la sociedad hoy en día, y cuanto más tarde en hacerlo, más se hundirá en el pozo.

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