sábado, 22 de diciembre de 2012

Entrevista a Arthur Laffer sobre las medidas a tomar. (Economía, Política. 1116)

Una interesante entrevista a un economista de referencia, Arthur Laffer.
Esto es lo que dijo respecto a la situación actual y cómo afrontarla:
"El pasado jueves 13 de diciembre, la Fundación Rafael del Pino organizó una concurrida conferencia a cargo del economista estadounidenseArthur B. Laffer. Conocido como el padre de la Economía de la Oferta, ha sido una figura clave a nivel internacional en el desarrollo de políticas económicas de corte liberal. Su famosa "curva de Laffer" ha inspirado numerosas reformas tributarias centradas en la rebaja de impuestos y la simplificación de los códigos fiscales.
Gracias a la Fundación Rafael del Pino, Libre Mercado ha tenido la oportunidad de entrevistarle durante su esperada visita a Madrid.
LM: Déjeme empezar con una sorpresa. A Vd. le gusta decir que solamente necesita un lápiz rojo para arreglar los presupuestos públicos de los países que han incurrido en un déficit descontrolado. Por eso queremos hacerle entrega de un lápiz rojo... pero de tamaño XXL, porque confiamos en usted pero nos tememos que hay mucho que recortar.
AL: (Se ríe) ¡Me encanta, Muchas gracias! La verdad es que lo haría encantado. 
LM: Empecemos entonces con la entrevista. ¿Qué me dice de las continuas propuestas que piden subir los impuestos a los ricos? Warren Buffet ha pedido a Obama que haga eso mismo.
AL: Veamos el caso de Buffet. Cuando dice que paga pocos impuestos no nos está contando toda la verdad. Si hacemos caso a sus explicaciones, se supone que sus ingresos en 2010 fueron de $40 millones de dólares. Esto es mucho dinero para cualquiera de nosotros, pero en realidad es 250 veces menos de lo que de verdad ingresó Warren Buffett ese año. 
¿Qué ocurre entonces? Que los $10.000 millones de dólares que sumó a su fortuna en 2010 figuran, a efectos tributarios, como ganancias de capitales no realizadas. Esto es parte de lo que la mayoría de economistas define como ingreso corriente, hasta la Oficina Presupuestaria del Congreso lo hace así. Por eso debemos tener en cuenta que todos los impuestos que Buffet propone aumentar son impuestos que él no paga.
LM: ¿Qué haría Vd. al respecto? ¿Propondría un "flat tax" (impuesto de tipo único) como hizo, por ejemplo, en los años 90?
AL: Claro. Lo más eficiente sería gravar cualquier tipo de ingreso personal con un tipo único muy bajo. Cuando Jerry Brown optó a la presidencia de Estados Unidos, en 1992, yo trabajé en su programa fiscal, incorporando la idea del flat tax. La idea consistía en sustituir el código fiscal por dos únicos impuestos, el IVA y el Impuesto sobre la Renta, que tendrían un tipo único del 12%. El Impuesto sobre la Renta incorporaría entonces categorías como las ganancias de capitales no realizadas. Bajo aquel modelo, la recaudación se hubiese mantenido estable pero el crecimiento económico habría sido magnífico. Hay que defender la idea del "flat tax" porque ayuda a que los sistemas tributarios sean más simples, más lógicos. Además, ayuda a que la evasión fiscal caiga. Esta es una reforma de sentido común, que entiende hasta mi nieta de ocho años. A veces parece que hace falta un Doctorado en Economía para dejar de entender lo que realmente funciona. 
LM: ¿Y no le frustra que así sea?
AL: Hoy en día hay tanta preocupación académica por los modelos económicos que a menudo se olvida que la realidad es lo que cuenta. Los modelos están muy bien como modelos. En la economía real, los incentivos fiscales son muy importantes para acelerar o frenar el crecimiento. Muchos economistas lo entienden cuando planteamos, por ejemplo, que crear un impuesto a quien supera un límite de velocidad consigue que la gente conduzca más lento. Si lo hacemos con el tabaco, también comprenden que subir esos impuestos consigue que se reduzca el consumo de cigarrillos. Pero cuando hablamos de un impuesto al empleo, no quieren entender que esa lógica sigue funcionando, y que subir los impuestos que afectan al trabajo no genera más trabajo, sino menos. 
LM: ¿Y qué opina si le digo que en 2011 se subieron o se crearon en España más de 50 impuestos regionales y que, en lo que va de 2012, ya se han aprobado 27 subidas de los impuestosnacionales?
AL: La verdad es que amo este país, siempre que vengo me encuentro a gente encantadora, muy hospitalaria... Me entristece mucho que un país como España que ha dado tanto al mundo se inflija un castigo tan duro. Este comportamiento masoquista es duro de ver y de aceptar. ¿Qué puedo decir? Pues que lo que necesita España es bajar todos los impuestos, controlar el gasto y simplificar las regulaciones. Si a eso le unimos una política comercial abierta y una moneda estable, ya tenemos todos los ingredientes que necesitamos. El Estado no tiene que aspirar a más que eso, tiene que dejar que el libre mercado se encargue de generar la prosperidad que necesitamos. 
LM: ¿Y como convencería a nuestros políticos? Porque lo cierto es que Vd. consiguió en su día que numerosos dirigentes demócratas dieran un apoyo contundente a las rebajas de impuestos que propuso el presidente Reagan. 
AL: John F. Kennedy era el primero que decía que no hay mejor política social que la creación de empleo. He sido y sigo siendo un buen amigo de su familia, lo mismo que de Al Gore y otros muchos demócratas. Me gusta hablar con ellos, entre otras cosas, porque en una conversación puedo ver que, en el fondo, saben que lo que yo les propongo es de sentido común. En 1986, cuando se aprobó mi programa tributario, el tope máximo del Impuesto sobre la Renta cayó de más del 50% al 28%, el tipo mínimo creció del 11% al 15%, el número de tipos se simplificó de 17 a menos de cinco... ¿Cuál fue el voto en el Senado? ¡97 a favor, 3 en contra! Nunca me olvido de esos tres que dijeron que no... (Ríe). Pero fíjate en que entre los demócratas que lo aprobaron: estaban Al Gore, Ted Kennedy, Bill Bradley, Chris Dodd, Joe Biden, Harry Reid... ¿Por qué? ¡Porque sabían que estábamos haciendo lo correcto! Y eso nos enseña que nunca hay que caer en la desesperanza, siempre hay que confiar en que podemos seguir avanzando.
LM: Estados Unidos se acerca peligrosamente al llamado "precipicio fiscal". Si no hay un acuerdo de ultimísima hora que lo remedie, el 1 de enero de 2013 se producirá una de las mayores subidas tributarias de la historia reciente...
AL: Lo único que puedo hacer yo ante este tipo de escenarios es decirle a los representantes políticos de mi país lo que necesitamos para evitar llegar a este punto. Ellos podrán hacerme caso o no. Lo que me temo es que la llegada de esa fecha, de ese ‘precipicio fiscal’, es ya casi inevitable. Eso puede hacer que 2013 sea un año muy incómodo y difícil. Espero que esto genere una reacción que nos lleve a un cambio político y económico en Estados Unidos. Necesitamos una agenda de crecimiento basada en la libertad económica, como hicimos en los años 80.
LM: ¿Y confía en que esto ocurrirá?
AL: Sí, sobre todo porque a nivel estatal ya se están viviendo importantes victorias para la libertad económica. Esta semana, por ejemplo, el gobernador de Michigan aprobó una ley de derecho al trabajo, que básicamente permite que el trabajador decida libremente si quiere estar vinculado a un sindicato o no. Esto ha ocurrido en Michigan, un estado de tradición sindical muy fuerte, por lo que hablamos de un ejemplo de que está habiendo grandes cambios en la buena dirección. Ahora mismo hay treinta gobernadores republicanos por veinte demócratas y un independiente. Los republicanos tienen el control de muchos parlamentos estatales, lo que aumenta más aún su margen de maniobra.
LM: Pero Obama ha sido elegido de nuevo...
AL: Lo triste es que, por mucho que el Presidente Obama es una excelente persona, un magnífico ser humano, pestá equivocado, muy equivocado en sus políticas económicas. Ha sido elegido otra vez por su popularidad, pero lo que necesitamos es otro Reagan. Esperemos que la próxima vez lo tengamos.
LM: ¿Se atreve a anticipar a algún posible candidato presidencial que podría comandar esa agenda de reformas?
AL: Como se suele decir, el hábito no hace al monje. No sabemos qué puede ocurrir cuando alguien llega al cargo de presidente. Jack Kennedy, por ejemplo, fue un Senador bastante pobre pero tras llegar a la Casa Blanca encabezó una de las mejores administraciones de la Historia. Bill Clinton también fue sorprendentemente bueno. Incluso de Reagan se puede decir que no fue un buen gobernador de California... ¡pero cuando llegó a la Presidencia de Estados Unidos la cosa fue muy diferente!
LM: Ha puesto como ejemplos de gestión económica a Kennedy y Clinton. ¿Cree que dicho partido puede volver a abrazar las reformas de mercado?
AL: A día de hoy, lo dudo, pero le diré una cosa: ninguno de los actuales dirigentes demócratas manejaría su economía familiar como hoy pretenden manejar la economía estadounidense. El problema es que están metidos en la pelea política, donde todo es más irracional, hasta que la situación llega a un punto grave. Y es entonces cuando se produce la reacción, que será una especie de revuelta palaciega. No puede ser de otro modo: hay que conseguir que en Washington se corrijan los errores que se han cometido... desde Washington.
Eso sí, aunque creo que los demócratas sabrán estar a la altura cuando lleguemos a ese punto, también creo que esta vez son ellos quienes están haciendo que todo vaya peor. En los 60 ocurría lo contrario, eran los republicanos los que bloqueaban las reformas necesarias. Al final del día, esta no es una dicotomía entre socialdemocracia y conservadurismo, entre demócratas y republicanos, sino que es una dicotomía entre la buena y la mala economía.
LM: El gobierno de Obama ha apostado por salir de la crisis a golpe de gasto. ¿Por qué se opone Vd. a estos programas de estímulo?
AL: Un gobierno no crea recursos, los redistribuye. Cada vez que da dinero a una persona, se lo quita a otra persona primero: es un juego de suma cero. El Gobierno tiene funciones muy legítimas que puede y debe cubrir, pero cuando se gasta por encima de esos niveles, entonces se golpea al resto de la economía. Y, además, no olvidemos lo que decía mi amigo Milton Friedman: el gasto es el impuesto. Cada vez que se aumenta el gasto, se envía la señal de que tarde o temprano habrá que pagar más impuestos.
LM: En los últimos años se ha hablado mucho de los años 30, sobre todo para comparar la política monetaria de hoy con la de entonces. No obstante, cuando Vd. se refiere a este periodo con ánimo de extraer lecciones, lo que subraya son las políticas fiscales de Hoover y Roosevelt.
AL: Incomprensiblemente, buena parte de la literatura económica de los años 30 se olvida de hablar de las subidas de impuestos que se aprobaron entonces. ¡Es como ignorar que hay un elefante en la habitación! En mayo de 1930, por ejemplo, Herbert Hoover aprobó la mayor subida de los impuestos arancelarios que ha vivido Estados Unidos a lo largo de toda su Historia. Y no contento con eso, el 1 de enero de 1932, Hoover aumentó el tipo máximo del Impuesto sobre la Renta del 25% al 63%. A eso se le sumaron impuestos especiales, impuestos sobre bienes inmuebles, impuestos de sucesiones... Por supuesto, esto creó una espiral depresiva. Y poco después, con Franklin D. Roosevelt en la Casa Blanca, el Gobierno de Estados Unidos confiscó el oro, llevó el tipo máximo del Impuesto sobre la Renta hasta el 83%, subió la fiscalidad de las empresas, disparó el impuesto de sucesiones hasta el 90%, creó una tasa del 25% para los beneficios empresariales no retribuidos, etc. ¡Normal que nos metiésemos más aún en una depresión económica!
LM: ¿Y no le frustra que se olviden estas lecciones?
AL: Es que no entiendo que siga habiendo economistas que hablen de estos años fingiendo que nada de esto ocurrió. En las políticas impositivas de los años 30 hay una explicación a muchos de los problemas de aquellos años, pero hay quienes prefieren mirar hacia otro lado, parecería que no buscan saber la verdad.
LM: Antes habló de reformas pro-mercado a nivel estatal. ¿Es recomendable que los diferentes Estados de la Unión fijen diferentes políticas tributarias o sería deseable algún tipo de "armonización"? Porque aquí en Europa se plantea que los países de la UE deben coordinar sus impuestos.
AL: La competencia tributaria en Estados Unidos es un excelente laboratorio para comparar políticas tributarias. Y si sabemos extraer las lecciones correctas, permitir esta competencia nos indica qué tipo de recetas debemos aplicar.
LM: Vd. mismo dejó de vivir en California y ha mencionado públicamente que los impuestos tuvieron que ver con esa decisión...
AL: Imagine que tenemos dos territorios, A y B. Si A sube los impuestos a las personas y las empresas, es muy posible que esas personas y empresas acaben mudándose al territorio B. ¿Tan difícil es entender eso? Muchos profesores de Harvard me niegan que esto sea así. Los datos demuestran que se equivocan, pero ni siquiera hace falta recurrir a datos, esto es algo de sentido común.
Eso sí, como quieren datos, yo les doy encantado los datos que lo demuestran. Por ejemplo, si tomamos los nueve Estados de la Unión que no han instaurado un Impuesto sobre la Renta y los comparamos con los nueve que tienen un Impuesto sobre la Renta más alto, encontramos que los primeros crecen más, atraen a más gente... y recaudan más.
¿Más ejemplos? En las últimas décadas, unos once Estados que no tenían Impuesto sobre la Renta han acabado creando uno. Maine, Ohio, Indiana, Wisconsin... Todos ellos, sin excepción, tienen hoy un peso relativo mucho menor en la economía nacional. En algunos casos, la caída ha sido dramática: Michigan, por ejemplo, pasó de representar más del 5% de la economía de EEUU a poco más del 2,5%.
Otro ejemplo es mi Estado natal, Ohio. Nací en Youngstown, una ciudad muy industrial, y realmente quisiera vivir algún día en Cleveland, donde reside buena parte de mi familia. Pero las condiciones tributarias allí son ridículas, son marxistas. Cuando recorro las calles de mi ciudad, me sorprende que un Estado que tenía tanto poderío industrial se haya convertido en un campo empobrecido. ¡Y ante escenarios así yo me pregunto quién sigue pensando que una economía puede prosperar a base de impuestos! Es tan ridículo como pensar que una persona pobre pueda hacerse rica a base de despilfarrar dinero...
P: Lleva años recorriendo el mundo para difundir sus ideas... ¿Es que nunca se cansa?
R: Al contrario, vivo muy feliz haciéndolo. Ojalá me hiciesen más caso allá por donde voy. Todos seríamos no solo más felices, sino también más prósperos."
Fuente: Libre Mercado 1 y 2

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