viernes, 8 de julio de 2016

Capitalismo: una historia de progreso

Adolfo D. Lozano analiza brevemente una historia de progreso popular gracias al capitalismo, y que como bien dice, sólo una ideología de ciegos podría negar.


Artículo del Instituto Juan de Mariana: 
El capitalismo es el único sistema en la historia donde la riqueza no fue adquirida por el saqueo sino por la producción, no por la fuerza sino por el comercio, el único sistema que representaba el derecho del hombre a su propia mente, a su trabajo, a su vida, a su felicidad, a sí mismo”. Ayn Rand.
Cuando en 1620 llegaron en el Mayflower decenas de ingleses a América, sólo la mitad sobreviviría los meses necesarios para poder celebrar la primera Acción de Gracias. La mitad pereció por falta de alimento y abrigo. Así pues, los supervivientes dieron gracias por las buenas cosechas. En un mundo poco comunicado e interconectado aún, o dicho de otro modo poco globalizado y muy dependiente de la producción local, las buenas cosechas eran esenciales.
Cuatro siglos más tarde, los norteamericanos preocupados por el exceso de comida sobrepasan en mucho a los preocupados por su falta, lo cual es si cabe más reseñable si tenemos en cuenta que la población de hoy Estados Unidos se ha multiplicado por más de veinte veces en estos siglos y la población dedicada a la agricultura es porcentualmente hoy casi insignificante.
Los estadounidenses, como estereotipo del occidental actual, tienen comodidades, una esperanza de vida y un acceso a información, viajes, comunicaciones, medicina, cultura, etc., que no podían ni soñar sus más ricos antecesores. Ni siquiera las antiguas realezas. Por ejemplo Luis XIV de Francia, el épico Rey Sol, quien fue el rey más admirado del siglo XVII con una vida llena de lujo en Versalles, casi murió de viruelas, enfermedad que mató a parte de sus herederos y que fue erradicada en el siglo XX. En su palacio Versalles, donde las ventanas, habitaciones, chimeneas, puertas, lámparas, etc., se cuentan por cientos, el frío era gélido en la mayoría de estancias, de ahí los ropajes y pelucas del Rey Sol.
Ricos y poderosos reyes que tardaban días en recorrer distancias que hoy nos llevan horas o minutos, que eran víctimas de enfermedades infecciosas porque se desconocía la teoría de los gérmenes, o que simplemente no tenían algo efectivo para solventar un dolor de cabeza. Imaginémonos si estos eran los hombres más ricos del mundo hace pocos siglos, cómo vivían las personas ya no pobres sino incluso promedio.
Pero avancemos décadas, incluso algún siglo y situémonos sólo a 100 años vista atrás. De acuerdo al economista Carol Boyd Leon en 1915 la sociedad más rica del mundo, la estadounidense, por suerte no se parece mucho a la de hoy. Hace un siglo el estadounidense medio tenía que invertir una tercera parte de su renta en alimentación. Entonces el pollo no era algo para comer todos los días, sino que solía comerse los domingos o en comidas especiales. Por eso en parte comían mucha manteca de cerdo, para compensar la falta de calorías de otros alimentos que hoy, a diferencia de entonces, encontramos a precios asequibles.
En un país con la tercera parte de la población de hoy, Estados Unidos hace un siglo era un país de hogares con bastantes personas. Tener un hogar para un solo ocupante era entonces un gran lujo. Y tengamos en cuenta que la renta media estadounidense es hoy apreciablemente superior a las británica o la belga, por poner dos de las rentas medias occidentales nacionales más altas. Las mujeres tenían más hijos por muchas razones: primero para ayudar en las tareas del campo y segundo porque muchos fallecían en el parto o prematuramente.
Todavía en 1915, los estadounidenses no conducían. Caminaban o usaban caballos. De hecho uno de los mayores problemas de la ciudad de Nueva York en el siglo XIX era el pánico a que los excrementos de caballos anegaran la ciudad o la infestaran propagando alguna enfermedad. Hace un siglo sólo un tercio de norteamericanos tenía un rudimentario teléfono para comunicarse y menos de la quinta parte tenía una estufa para calentarse. En unas cuantas décadas, artilugios como la televisión, el aire acondicionado o las lavadoras y lavavajillas se democratizarían. En 1915 ni siquiera estaban disponibles para Rockefeller, el hombre más rico de Estados Unidos.
Hace un siglo tampoco había antibióticos ni cuidado dental efectivo ni métodos anticonceptivos. Ir dentro de una misma zona a un restaurante italiano, japonés o francés es una posibilidad actual de la globalización pero impensable hace unas décadas.
De hecho, el norteamericano medio es hoy más rico en poder real de compra que Rockefeller, el hombre más rico de Estados Unidos y uno de los más ricos del mundo, hace un siglo.
Como escribe el economista Don Boudreaux:
Honestamente, no estaría ni remotamente tentado a abandonar 2016 para ser un mega millonario en 1916. Esto significa que para los estándares de 1916, hoy soy más que un millonario. Lo cual supone, al menos dadas mis preferencias, que hoy soy materialmente más rico que lo que lo era John Rockefeller en 1916. Y si eso es cierto, mis preferencias aquí no son inusuales, por lo que prácticamente todo americano de clase media de hoy es más rico que el hombre más rico de América hace 100 años.
Y tiene razón. El Capitalismo es, en suma, una historia de vertiginoso progreso popular que sólo una ideología de ciegos podría negar.

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