miércoles, 27 de julio de 2016

Los helicópteros vuelan por ahora, pero un día se estrellarán

Carlos Montero se hace eco de las reflexiones de Tom Stevenson sobre las políticas que están llevando a cabo los Bancos Centrales y su dirección. 

Estamos navegando a través de aguas desconocidas. Las tasas de interés se han mantenido cerca de cero durante siete años en todo el mundo desarrollado. Los inversores están pagando por el privilegio de prestar dinero a sus gobiernos. Los mercados de acciones y bonos, que por lo general se mueven en diferentes direcciones, están tocando récords al mismo tiempo al mismo tiempo en medio de una recesión en los beneficios empresariales y el Brexit amenaza al Reino Unido y Europa con la recesión. Estos no son tiempos normales.
Si usted piensa que todo esto es raro, prepárese para lo que puede venir en un futuro inmediato. Ese zumbido de fondo es el sonido de los helicópteros que se preparan para soltar miles de millones de yenes en las calles de Tokio. El Banco de Japón se reúne esta semana para decidir si entramos aún más en el país de las maravillas de la política monetaria experimental.

Los bancos centrales son la historia más importante en los mercados financieros en este momento; incluso cuando no hacen nada son noticia. Mark Carney, el gobernador del Banco de Inglaterra estudió recientemente recortar las tasas aún más cerca de cero, pero se alejó del abismo, consciente del hecho de que se está quedando rápidamente sin balas.

El presidente del BCE, Mario Draghi, también cometió fue precavido la semana pasada, consciente de que muy pronto habrá adquirido todos los bonos del gobierno en Europa que puede comprar con sensatez.

"Pero el verdadero drama se está jugando en Japón", dice Tom Stevenson en The Telegraph. "Los helicópteros son metafóricas, por supuesto. Nadie espera que Japón duche realmente a sus ciudadanos con billetes de nuevo cuño, pero el efecto de las políticas radicales de estímulo monetario y fiscal que podría anunciar esta semana será el mismo.

El concepto del helicóptero del dinero fue ideado por el influyente economista de Chicago Milton Friedman en 1969 en un experimento mental para explorar cual sería el impacto de un único aumento masivo de oferta monetaria en la economía. La idea fue explorada por Bernanke en 2002 cuando sostuvo que, in extremis, cualquier gobierno siempre podría vencer a la deflación, simplemente imprimiendo dinero. Su intervención le valió el apodo poco halagüeño de "Helicóptero Ben".

El hecho de que muchas personas serias estén considerando ahora el equivalente de una inyección de dinero enorme es una indicación de que las herramientas que los bancos centrales han utilizado desde la crisis financiera han perdido su principal objetivo, que es el impulso de la recuperación económica.

Recortar las tasas de interés a cero ha sido mucho menos eficaz para estimular el crecimiento de lo esperado; inyectar dinero en la economía a través de la flexibilización cuantitativa no ha funcionado mejor. Incluso se discute si la QE ha empeorado las cosas, ampliando la brecha entre ricos y pobres avivando una burbuja de precios de los activos y recordando a la gente la fragilidad de la economía mundial.

El escenario del helicóptero del dinero es el equivalente financiero a una inyección de adrenalina en el corazón de un paciente que sufre un paro cardíaco. A diferencia de la flexibilización cuantitativa, que está diseñada expresamente para inflar el valor de los activos, el helicóptero hace que el dinero caiga directamente a las personas que pueden gastarlo en vez de a aquellas que ya acumulan mucha riqueza.

Pero también hay inconvenientes. Por un lado, la impresión de más dinero devalúa el poder adquisitivo de todo el dinero existente en circulación. El peligro es que la inflación, que se niega obstinadamente a subir, de repente y de forma explosiva, se dispare más allá de su objetivo y los bancos centrales tengan un problema completamente nuevo.

El segundo peligro es que los gobiernos cojan gusto a los helicópteros. Podrían acostumbrarse a pagar menos impuestos y usarlos para proyectos de inversión no eficientes. De repente, serían una herramienta útil tanto en los momentos buenos como en los malos. Si miramos la Alemania de Weimar o Zimbabwe, más recientemente, la incontinencia monetaria nunca termina bien.

Si usted se ha sido sorprendido por la extraordinaria sangre fría de los mercados financieros tras la conmoción del Brexit, no necesita mirar más que los bancos centrales en los EE.UU., Gran Bretaña, Europa y Japón. De hecho el Brexit puede llegar a ser visto como el catalizador para que los mercados de acciones disfruten de otro tramo alcista, ya que ha dado a los bancos centrales el amparo para asegurar que los mercados nunca caen.

No es sostenible en el largo plazo, por supuesto, pero es difícil ver qué podría persuadir a los bancos centrales para detener la adopción de más medidas de estímulo. Por ahora, este mercado alcista que cabrea a todo el mundo parece que va a seguir intacto."


Fuentes: Tom Stevenson, The Telegraph

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