miércoles, 8 de noviembre de 2017

No a la imposición del bable

Diego Barceló analiza el nuevo ataque a la libertad respecto al intento de imposición coactiva del uso del bable en Asturias. 
¿Hay alguna limitación para que quien quiera hablar en bable pueda hacerlo? No. ¿Hay alguna restricción para editar libros, revistas, periódicos o música en bable? No. ¿Y para comprar esas libros, revistas, periódicos o música? Tampoco hay ninguna restricción. ¿Está prohibido hacer cine o programas de radio o televisión en bable? No. ¿Se persigue a los comerciantes que quieran anunciar sus productos en esa lengua? Tampoco.
La utilización del bable no solo no tiene ninguna restricción, sino que cuenta con el apoyo del gobierno regional, que, por ejemplo, apoya la Academia de la Llingua Asturiana e incorporó el asturiano como materia de estudio en las escuelas. El grado de utilización del asturiano es el que cada día, libremente, deciden las personas que viven en Asturias.
¿Provoca lo anterior algún tipo de conflicto en la sociedad? Ninguno: quien quiere utilizar el bable lo hace, y el que no, no. Entonces, ¿por qué el tema del bable puede ser conflictivo? Porque hay un grupo minoritario de personas que desea que el bable se utilice más. Y para satisfacer sus preferencias están dispuestos a imponer al resto de la sociedad un mayor grado de uso del bable del que esa misma sociedad desea.
Los caminos para llevar a cabo esa imposición son variados. Unos, muy abiertos: la presión para que el bable pase a ser un idioma cooficial. Otros, más sutiles: por ejemplo, la campaña “¡Da-y caña al cañu!” de la Empresa Municipal de Aguas de Gijón. Por supuesto, ese grupo de personas nunca hablará de “imposición”. Dirán que intentan “salvaguardar el patrimonio cultural”, “normalizar el uso de la llingua”, “defender nuestra historia” y cosas por el estilo.
Como estamos frente a un intento de imponer las preferencias de unos sobre el resto de la sociedad, sorprende y alarma que la alcaldesa de Gijón, señora Carmen Moriyón, haya participado en un acto en favor de la oficialidad del asturiano. Del mismo modo, no sorprenden tanto, pero también alarman, los pasos dados por la nueva dirección regional del PSOE en ese mismo sentido. Todo demócrata debería tener claro que cualquier imposición tiene una raíz totalitaria.
Estamos a tiempo de evitar en Asturias que el tema del bable se convierta en motivo de conflicto, como tristemente ocurre en otras partes de España con el uso de otras lenguas regionales. Todos los que valoramos la libertad deberíamos estar alertas y rechazar cualquier intento de avanzar en su imposición, por más sutil y pequeño que nos parezca.
Aunque probablemente no sea la intención de todos los que defienden la oficialidad del bable, la experiencia de otras comunidades autónomas nos sugiere prestar a este tema la máxima atención: se empieza por el idioma, se sigue con la “identidad” y el “sentimiento de nación”, y se acaba exigiendo un “derecho a decidir” con el que nadie contaba al principio. En el proceso, la sociedad y las familias se van dividiendo en dos bandos enfrentados.
No permitamos ni el más mínimo rasguño a la pacífica convivencia de la que gozamos en Asturias. Aprendamos de los errores ajenos. No aceptemos con ingenuidad el disfraz bienintencionado de algo que en verdad ataca nuestros derechos. Como muestra la experiencia de otras regiones españolas, cada paso que cedamos alentará (y no calmará) a los que quieren imponernos el uso del bable.

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