sábado, 18 de noviembre de 2017

El buen Nobel y las malas empresas

Carlos Rodríguez Braun analiza las declaraciones del Nobel de Medicina Richard J. Roberts sobre los beneficios empresariales en el sector de la salud. 

Para entender todo esto en mucha mayor medida, habría que entender las consecuencias que tiene sobre la salud del ciudadano, el bolsillo del consumidor y contribuyente, la creación de monopolios empresariales, la corrupción del gobierno y los enormes intereses creados que tiene como consecuencia la ausencia de libertad de mercado que hay en el sector, empezando por la cuestión de las patentes sobre medicamentos (sin olvidar agencias gubernamentales como la FDA), que implican la imposición del sector público para proteger intereses empresariales, que inflan beneficios, disparan los precios de los medicamentos, retrasan y entorpecen los avances médicos y la aparición de medicamentos y crean incentivos perversos en el sector. 

Una obra muy interesante y que analiza en profundidad todo esto tema y la cuestión de las patentes (sobre ideas) y el daño que hacen, desmontando uno por uno todos los argumentos que se emplean para su mantenimiento es la obra "Against Intellectual Mmonopoly" (lamentablemente no está en español). 
Artículo de Libre Mercado: 
Pixabay/CC/DarkoStojanovic
El ganador del Premio Nobel de Medicina Richard J. Roberts denunció la maldad de los beneficios empresariales: "La investigación en la salud humana no puede depender tan sólo de su rentabilidad económica. Lo que es bueno para los dividendos de las empresas no siempre es bueno para las personas. La industria farmacéutica no es cualquier otra industria: estamos hablando de nuestra salud y nuestras vidas, y las de nuestros hijos y millones de seres humanos". Ante la observación: "Pero si son rentables, investigarán mejor", replicó el científico:
Si sólo piensas en los beneficios, dejas de preocuparte por servir a los seres humanos.
Si la maldad es una característica a veces acentuada en las personas, anidará también entre los empresarios, igual que entre los médicos. Pero lo que dice el Nobel es que los empresarios no son sólo perversos sino además estúpidos, porque creen que pueden obtener beneficios sin preocuparse de los seres humanos. Esto es absurdo, porque si un empresario hace eso, entonces los humanos dejarán de comprarle.
Y aún más. Según el doctor Roberts, los empresarios no sólo no quieren ayudarnos, sino que de hecho lo que buscan es perjudicarnos. Por ejemplo, dejan de investigar en medicamentos que pueden curar enfermedades,
porque las farmacéuticas a menudo no están tan interesadas en curarle a usted como en sacarle dinero, así que esa investigación, de repente, es desviada hacia el descubrimiento de medicinas que no curan del todo, sino que cronifican la enfermedad y le hacen experimentar una mejoría que desaparece cuando deja de tomar el medicamento. Es habitual que las farmacéuticas estén interesadas en líneas de investigación no para curar sino sólo para cronificar dolencias con medicamentos cronificadores mucho más rentables que los que curan del todo y de una vez para siempre.
Pero es imposible que un medicamento que cure realmente del todo una enfermedad no sea rentable. Y aún menos posible es que si existe ese medicamento no sea conocido y aprovechado por alguna empresa. Nótese que el Nobel no está hablando de los países pobres, aunque allí también tiene el tópico habitual: "Apenas se investigan las enfermedades tercermundistas, porque los medicamentos que las combatirían no serían rentables". Otra vez, esto no es lógico desde el punto de vista empresarial. Pero dejémoslo de lado, porque el doctor quiere centrarse en los países ricos:
Le estoy hablando de nuestro Primer Mundo: la medicina que cura del todo no es rentable y por eso no investigan en ella.
La única manera de que esto sea así es que no haya competencia entre las empresas, y la única manera de que eso exista es si interviene el Estado con regulaciones y privilegios. Pero de esto no habla el premio Nobel, que repite aquí también las consignas del pensamiento único: "Los políticos son meros empleados de los grandes capitales". Los grandes pensadores, capaces de detectar muchos matices en su propio campo, suelen ignorarlos en los demás.

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