miércoles, 24 de diciembre de 2014

La debacle de las cajas de ahorro: veinticinco años después

 Dale Steinreich analiza la debacle sufrida por las cajas de ahorro en EEUU 25 años después, mostrando las causas de dicha debacle y refutando con hechos el mito de que dicha debacle fue causada por la desregulación y el "libre mercado".
Artículo de Mises Hispano: 
El 9 de agosto de 2014 se cumplen veinticinco años desde la firma de la ley de rescate del sector de cajas de ahorro  (S&L, por sus siglas en inglés) de EE. UU., la Ley de Reforma, Recuperación y Aplicación de Instituciones Financieras (FIRREA, por sus siglas en inglés) de 1989. Después que el presidente George H.W. Bush, sancionara la FIRREA, el gobierno federal tomó el control de 327 S&L quebradas con 147.000 millones de dólares en activos.

¿La causó la “desregulación”?

Ahora mismo el escándalo de las S&L reposa en lo más profundo del Agujero de la Memoria, pero en su momento los medios de comunicación más importantes tuvieron la mayor influencia en cómo vieron la debacle la mayoría de los estadounidenses. Hace un cuarto de siglo, la prensa y los medios televisivos de masas (como pasó con la crisis financiera de 2008) presentaron la debacle como el resultado inevitable de mercados libres sin trabas volviéndose locos. En particular, se centraron en un supuesto estallido de desregulación que supuestamente ocurrió durante la administración de “laissez faire” de Reagan (enero de 1981 – enero de 1989). Una exponente actual de esta opinión es, por supuesto, Paul Krugman.
Esta explicación favorita de los progresistas no solo no está en absoluto apoyada por hechos, sino que más investigación revela asimismo la farsa que fue realmente el supuesto Reagan del libre mercado.
Como revela una tabla publicada en Business Economics,[1] la ola de “desregulación” de las décadas de 1970 y 1980 empezó realmente en 1976 con el sector ferroviario bajo el presidente Gerald Ford. De 1978 a 1980, el presidente Carter sancionó cuatro leyes relajando los controles regulatorios sobre los sectores aeronáutico, ferroviario, de transporte por carretera y bancario. El cacareado Reagan del “libre mercado” solo sancionó dos relajaciones de controles en el sector del autobús y el ahorro.
Tabla 1. Hitos legislativos desreguladores
Ley
Año
Elementos clave
Ley de Reforma de Revitalización y Reguladora del Ferrocarril
1976
Permitía a los ferrocarriles una autonomía limitada al establecimiento de tarifas; fue la primera pieza de legislación desreguladora en la ola reciente.
Ley de Desregulación de las Aerolíneas1978Instaba al Consejo Aeronáutico Civil a poner el máximo empeño en la competencia en su regulación del servicio de pasajeros; señalar que la autoridad del consejo sobre tarifas y fusiones nacionales acabaría el 1 de enero de 1983 y que el CAC sería abolido el 1 de enero de 1985.
Ley Staggers de Ferrocarriles1980Limitaba la jurisdicción de la Comisión Interestatal de Comercio sobre tarifas para aquellos mercados en que los ferrocarriles ejercieran dominio del mercado; introducía competencia en precios.
Lay de Transporte Motorizado1980Permitía a camioneros crear filiales y expandirse a mercados regionales adicionales; acaba con la obligación de demostrar necesidad pública; ponía menos restricciones a ciertas prácticas de transporte del sector; facilitaba la entrada e introducía competencia en precios.
Ley de Desregulación y Control Monetario de las Instituciones de Depósito (DIDMCA)1980Permitía a los bancos mutuos de ahorro realizar préstamos comerciales, corporativos y empresariales igual a un 5% de su activo; permitía el pago de intereses sobre depósitos a la vista; eliminaba máximos en tipos de interés.
Ley de Reforma Desreguladora del Ómnibus1982Permitía a las empresas conseguir autorización para operar sin solicitud a la I.C.C. en muchas circunstancias.
Ley de Reestructuración de las Instituciones de Ahorro (Garn-St. Germain)1982Autorizaba a las cajas de ahorro a conceder préstamos comerciales iguales al 10% de su activo; permitía inversiones en propiedad personal no residencial y en empresas de inversión en pequeñas empresas.
Fuente: Business Economics vía Silk (1985).
No debería hacer falta decir que las “desregulaciones” sancionadas por Carter, Reagan y Clinton (FSMA 1999 y CFMA 2000) apenas dieron paso a estructuras sectoriales que se parecieran algo a mercados libres. La DIDMCA en 1980 aumento el máximo del seguro federal de depósitos de 40.000$ a 100.000$ y por tanto aumentó el riesgo moral del sector. Garn-St. Germain en 1982, con sus nuevos programas de “ayuda al capital” fue otra ronda de bienestar corporativo disfrazado como una verdadera desregulación.

Lo que le ocurrió realmente al sector

Desde la formación de la Oxford Provident Building Association en Frankford, Pennsylvania, en 1831, las S&L, salvo durante una recesión en la década de 1890, fueron empresas económicamente sólidas durante los siguientes cien años.[2] Mayer, Duesenberry, y Aliber[3] sitúan un punto de inflexión en la Gran Depresión y el New Deal.
Antes del New Deal, las hipotecas normalmente eran de cinco años y se liquidaban en bloque (intereses totales más principal) al vencimiento.[4] La National Housing Act (NHA) de 1934 fue la legislación que estableció la Federal Housing Administration (FHA), que animó a las S&L a abandonar las hipotecas a corto plazo con pago único en favor de las “más asequibles” hipotecas a largo plazo de tipo fijo (LTFRM, por sus siglas en inglés) que prevalecen hoy.[5]
Aunque los progresistas en el Congreso y la administración Roosevelt pensaban indudablemente que la FHA haría más asequibles las viviendas, también estaban motivados por crear empleos en una economía deprimida. Sin embargo, no podían aprobar la propuesta ellos solos. Lo que vino en su rescate fue una coalición de intereses empresariales conservadores, incluyendo no solo las S&L, sino empresas inmobiliarias, de construcción, comerciantes de madera, fabricantes de ladrillos y arquitectos.

La piedra angular, en su sitio

Aunque el primer componente de la estructura inestable del sector de S&L fue la hipoteca a largo plazo de tipo fijo, el segundo fueron sus carteras de activos peligrosamente no diversificadas. A las S&L se les incentivaba para no tener  normalmente mucho más que hipotecas a largo plazo de tipo fijo.
Tanto Mayer[6] como Hadley[7] culparon al código fiscal por estimular una insensata falta de diversificación de activos. Hadley también culpó a la Ley de Control de Tipos de Interés (IRCA, por sus siglas en inglés) de 1966. A cambio de una ventaja en los máximos de tipos de interés en los depósitos respecto de los bancos comerciales, la IRCA obligaba a las S&L a invertir una gran parte de sus activos en hipotecas. ¿Cómo de grande? Hadley[8] informaba de que antes de la “desregulación”, las hipotecas, de media comprendían en torno a un asombroso 82% de las carteras de activos de las S&L.

El sector de posguerra, 1945-1960

Desde la perspectiva de sus directivos, los años de oro del sector en el siglo XX fueron indudablemente después de la Segunda Guerra Mundial, cuando la economía volvió a la producción de tiempos de paz. Le siguió una suburbanización y las S&L, con su territorio protegido para el préstamo inmobiliario, asumió un puesto prominente en muchas comunidades a lo largo de la nación.
Todo iba más o menos bien hasta mediados de la década de 1960. El ligero aumento en los tipos de interés en las dos décadas después de la Segunda Guerra Mundial no planteó muchos problemas para las S&L. El tipo de intereses en los bonos del Tesoro a diez años era del 2,8% en 1953 y del 4% en 1963.[9] La llamada estructura de tipos de interés no cambió en absoluto durante este periodo de tiempo.
Los años entre 1965 y 1982, sin embargo fueron una historia diferente. En 1982, el tipo de las letras del Tesoro era del 14%  y el de los bonos a diez años, del 13,9%.[10] Los tipo no solo habían subido enormemente, sino que la curva de rendimiento también se había invertido. Las S&L estaban pagando tipos de interés a sus depositantes más altos de lo que estaban ganando con sus préstamos hipotecarios, sin nunca vía rápida de escape a la vista.

La turbulenta década de 1970

Aunque la IRCA (1966), en conjunción con la Regulación Q, ayudó a ralentizar la salida de fondos de S&L a tasas de retorno más altas en otros lugares, el flujo no se detuvo. Los depositantes ricos conseguían tipos superiores de retorno retirando sus fondos de bancos y S&L y comprando títulos del Tesoro. Las S&L tuvieron que reducir sus préstamos, lo que iba contra el propósito de la IRCA de 1966.[11]
Al no poder competir basándose en los tipos de interés, bancos y cajas de ahorro ofrecían a sus depositantes linternas, tostadoras y despertadores por abrir nuevas cuentas. Aparte de esta competencia sin precios, se produjo una conveniente carrera armamentística en la que se creaban sucursales superfluas de bancos y cajas de ahorro en multitud de ubicaciones en ciudades para supuestamente satisfacer cómodamente las demandas de los clientes.[12]

La desbocada década de 1980

Después de aproximadamente catorce años de lucha inútil contra las fuerzas del mercado, la Regulación Q (control de los tipos de interés) fue completamente derogada en marzo de 1986. Aunque la Regulación Q y los controles de los tipos de interés mantuvieron con vida a las S&L durante más de una década, está claro que desperdiciaron una incalculable cantidad de recursos intentando eludir el problema del descalce de plazos del sector.[13]
A finales de 1980, según estimaciones, el valor de mercado de todo el sector de S&L era de unos 120.000 millones de dólares.[14] Fue está situación del sector la que motivó la aprobación de la DIDMCA y Garn-St. Germain. Estas desregulaciones faux empujaron a los directores de las S&L a ocultar la mala situación financiera del sector tras prácticas contables engañosas.
Solo un esqueleto de la coalición de intereses privados que había impulsado con éxito la aprobación de la National Housing Act en 1934 trató de salvar el sector de las S&L en 1989: empresas de construcción, sindicatos y empresas inmobiliarias.[15] Sin embargo, los relatos negativos de la prensa y la televisión pagaron su peaje. En lugar del generoso rescate que esperaban algunos directivos del sector, lo que este recibió fue en cambio una reestructuración legislativa en la FIRREA que las eliminó casi completamente del paisaje del sector de los servicios financieros.

[1] Leonard Silk, “Reagan’s High Risk Growth Game”, The New York Times (10 Feb. 1985): sec. A: 1 y ss.
[2] James R. Barth, The Great Savings and Loan Debacle (Washington, D.C.: American Enterprise Institute, 1991), pp. 9, 12.
[3] Thomas Mayer, James S. Duesenberry y Robert Z. Aliber, Money, Banking, and the Economy, 4ª ed. (Nueva York: Norton, 1990).
[4] Ibíd., p. 94.
[5] Barry G. Jacobs et al. Guide to Federal Housing Programs, 2ª. ed. (BNA, 1986), p. 7.
[6] Mayer et al., p. 33.
[7] Linda U. Hadley, “Agency Implications of Inside Ownership and the Thrift Crisis: An Empirical Analysis”. Tesis doctoral. Universidad de Auburn, 1993.
[8] Ibíd., citando a Kaufman, 1992.
[9] Mayer et al., p. 94.
[10] Ibíd.
[11] Ibíd., p. 95.
[12] Ibíd.
[13] Mayer et al., pp. 96–97.
[14] William Niskanen, “Heads I Win, Tails You Lose”, National Review (31 de Agosto de 1992): 45–48.
[15] Martin Mayer, The Greatest-Ever Bank Robbery: The Collapse of the Savings and Loan Industry(Nueva York: Scribners, 1990), p. 51.

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