viernes, 12 de diciembre de 2014

La servidumbre voluntaria

Manuel Hinds recurre al interesante e histórico discurso de Boètie (de 1548!) para responder al porqué hay países que aguantan las tiranías de gente que no tiene más poder que el que el pueblo le ha dado. 

Y es que los gobiernos sacan al pueblo lo que no tiene, a través de dejarlo endeudado por décadas para pagar las redes de clientelismo que les aseguran el poder.

Como bien describe Boètie "es el viejo truco del que le sustrae sus recursos al ciudadano y luego le hace que éste le agradezca por darle, a través de mecanismos no transparentes, una pequeña parte de ellos y hacer todavía que se la agradezca".

Artículo del Instituto El Cato:


Si usted se ha quedado pasmado al ver cómo países enteros aguantan la tiranía de grupos pequeños o de un tirano individual como Fidel Castro en su tiempo o Raúl en el actual, debería de leer el "Discurso del servilismo voluntario" que escribió Étienne de la Boètie en 1548, hace ya más de 450 años. Allí entenderá también por qué los gobiernos despóticos como los de Venezuela y Cuba, o los aspirantes a serlo como el nuestro (El Salvador), tienen ese apetito tan insaciable por fondos obtenidos por impuestos, deuda, petróleo o lo que sea.

En este discurso, que escribió cuando tenía apenas 18 años, de la Boètie escribió lo siguiente:

"Por ahora, yo quisiera meramente entender cómo es que sucede que tantos hombres, tantos villorrios, tantas ciudades, tantas naciones, sufren a veces bajo un tirano que no tiene más poder que el que ellos mismos le dan a él… Quien piense que las alabardas, los centinelas, la localización de las guardias, sirven para proteger y escudar tiranos está, en mi juicio, completamente equivocado… No son las tropas a caballo, no son las compañías de infantería, no son las armas lo que protegen al tirano. Esto no parece creíble como primer pensamiento, pero es de todos modos verdad que sólo son cinco o seis los que mantienen al dictador, los que mantienen al país en sumisión a él…

Esos seis manejan tan exitosamente a su jefe que él se convierte en responsable no sólo por sus propias fechorías, sino también por las de ellos. Los seis tienen seiscientos que se benefician bajo ellos…Los seiscientos tienen seis mil bajo ellos, que ellos promueven en rango, a quienes ellos les confieren el gobierno de las provincias o la dirección de las finanzas, de modo que ellos puedan servir como instrumentos de avaricia y crueldad, ejecutando órdenes a tiempo y haciendo tantos estragos que ellos no podrían subsistir si no fuera por la sombra de los seiscientos, ni ser exentos de la ley y el castigo excepto por la influencia de ellos.

La consecuencia de todo esto es fatal. Y el que sienta el deseo de levantar el velo observará que no son seis mil, sino cien mil, y aún millones, los que se pegan al tirano por esa cuerda a la que están atados. De acuerdo con Homero, Júpiter fanfarroneaba que era capaz de atraer a sí todos los dioses cuando el halaba una cadena… Así, el déspota sujeta a sus esclavos, algunos de ellos por medio de otros, y así lo protegen a él los que, si fueran decentes, tendrían que ser amenaza para él; tal como cuando, para partir madera, uno tiene que usar una cuña del mismo palo…

Obviamente, no hay necesidad de pelear para derrocar a este tirano, porque él sería automáticamente derrotado si el país rehusa consentir a su propia esclavitud: no es necesario quitarle nada, sino simplemente no darle nada… Son, por tanto, los habitantes mismos los que permiten, o más aún promueven su propia sujeción, ya que con sólo terminar ésta pondrían un fin a su servilismo. Un pueblo se esclaviza a sí mismo, corta su propia garganta, cuando, teniendo la posibilidad de ser vasallos o ser hombres libres, deserta sus libertades y toma el yugo, consiente en su propia miseria, o incluso, aparentemente la recibe con gusto".

Lo que de la Boètie describe es el viejo truco del que le sustrae sus recursos al ciudadano y luego le hace que éste le agradezca por darle, a través de mecanismos no transparentes, una pequeña parte de ellos y hacer todavía que se la agradezca.

En Venezuela, hasta hace poco, el gobierno del Socialismo del Siglo XXI le quitó al pueblo lo que tenía, los ingresos del petróleo, para luego comprar voluntades políticas en Venezuela misma y en el resto de América Latina, financiando partidos y gobiernos serviles a ellos. En El Salvador, el FMLN y el gobierno están sacándole al pueblo lo que no tiene, a través de dejarlo endeudado por décadas para pagar las redes de clientelismo que les aseguran el poder.

Como dijo hace tantos años de la Boètie, no hay necesidad de quitarles nada a los del FMLN, especialmente en una democracia. Basta con no darles los votos.
Este artículo fue publicado originalmente en El Diario de Hoy (El Salvador) el 7 de diciembre de 2014.

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