Es la hipocresía de siempre. Venden una historia, crean una fábula sobre algo, que apela siempre a los sentimientos (no a la racionalidad) para obtener apoyo y empatía.
Luego, es otra cosa totalmente distinta, pues las cosas están lejos de funcionar cómo ellos dicen, están lejos de ser tan simples como ellos pretenden hacer ver.
Vienen entonces las desilusiones, el afrontar los hechos con los dichos, la realidad con las fábulas, las consecuencias reales de los actos y políticas con las imaginarias esperadas y prometidas, el mundo real con el paraíso prometido...

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