martes, 28 de febrero de 2017

El fracaso de los kibbutz bajo el modelo socialista

Wolvh Lórien analiza el fracaso de los kibbutz (Israel) bajo el modelo socialista. 

Artículo del Instituto Mises: 
Uno de los testimonios más interesantes del fenómeno del socialismo y los muros lo presentan los kibbutz israelíes. Originalmente comunidades socialistas, sin los tradicionales muros coercitivos de los estados socialistas, pero con fuertes muros establecidos por los lazos comunitarios inculcados en el seno de tales sociedades, que se fueron debilitando generación tras generación, debido a las frustraciones individuales de los más jóvenes, su necesidad de ver el mundo exterior, y los problemas económicos surgidos. Por otra parte, la inhibición de las aspiraciones individuales y su sumisión a la comunidad tuvo, paradójicamente, el efecto de hacer a unos menos iguales que los demás, creando un sistema estratificado y autoritario:

Para resumir, hemos enfatizado que los kibbutz siempre han enfrentado dilemas y tensiones, y por lo tanto conflicto y cambio. La comunidad de kibbutz es motivada por el igualitarismo y la coparticipación, pero está en constante transformación, y estos principios han sido gradualmente restringidos a un rol menos central en la vida social, dejando incrementalmente más espacio al individualismo y la familia. El endémico principio comunitario binario ha por lo tanto evolucionado hacia un polo individualista y alejado del colectivismo.
Este desarrollo ha sido influenciado por el hecho de que los miembros de un kibbutz también constituyen un empresario colectivo. El emprendimiento ha influenciado profundamente a la comunidad, alentando la diferenciación social que, en los kibbutz se desarrollan sobre la base de la autoridad, el prestigio y la influencia y, como en cualquier lado, forman la base de las distancias sociales, tendencias oligárquicas, la política de camarilla, y otras formas de vida social que son el resultado de la estratificación. Es más, cuando la relación entre los miembros se torna más formal, fría e inexpresiva, el aislamiento y la alienación tienden a extenderse en los entornos marginales. Tales procesos debilitaron la cohesión social de los kibbutz y alentaron su deslizamiento hacia una individualización aún más pronunciada.1
En los 50 se instituyó el intercambio temporario de jóvenes entre los diferentes kibbutz de la federación. En los 60 se permitió la salida temporal fuera de la federación, para trabajar, hacer dinero y financiarse un viaje por el mundo antes de establecerse definitivamente en el kibbutz. Ya en los 70 se empezó a permitir largos años fuera para estudiar en la educación superior:

Es de la convicción de los investigadores que estos diez o más años de estado temporal reflejaban nada menos que la reluctancia de la juventud de pensar en su establecimiento en los kibbutz. Esta moratoria expresa la falta de entusiasmo de los jóvenes de ingresar a la vida de los kibbutz como adultos y, por el otro lado, su resistencia a enfrentar la crucial decisión de separarse definitivamente de sus kibbutz. Es más, en la presente era de transformación, estos jóvenes son una tercera generación, cuyos padres, la segunda generación, les expresaban una actitud hacia la vida en los kibbutz mucho menos clara e inequívocamente comprometida que la que los fundadores, sus abuelos, expresaban hacia sus hijos.2
De esta forma no lograron sobrevivir a los principios socialistas y tras su crisis en los años 80 comenzaron a flexibilizarse y volverse progresivamente capitalistas, al punto que actualmente muchos kibbutz son industrias privadas cuyas acciones se comercian en las bolsas de Tel Aviv, Nueva York y Londres.
En fin, la historia del socialismo es la misma en todos lados, haya o no un estado detrás. Si los experimentos socialistas comunitarios de los inicios de la revolución rusa no hubieran sido desmantelados por el creciente poder de la burocracia soviética y el advenimiento del estalinismo, hubieran fracasado de todas formas. El socialismo, bajo la forma que sea, implica una institucionalidad extremadamente conflictiva, una economía muy costosa, hasta insustentable, y de escasa proyección de desarrollo. Y una sociedad que frustra y limita las aspiraciones individuales bajo el principio o la excusa del colectivismo, de tal forma de crear las condiciones propicias para que el propio igualitarismo sea rápidamente sustituído por un nuevo sistema de verdaderas castas sociales.

Notas
[1] Eliezer Ben Rafael, Crisis and transformation: the kibbutz at century’s end (1997), p.87-88
[2] íbid, p.82

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