martes, 28 de febrero de 2017

Todos somos fascistas

Luís I. Gómez denuncia la peligrosa obsesión que recorre la sociedad. 

Artículo de Desde el Exilio: 
wehret
Cuando Käte Kollwitz, la primera mujer miembro de la Academia de Artes berlinesa,  diseñó su “Wehret den Anfängen!” (Defiéndanse de los comienzos!) lo hacía consciente de que lo que estaba ocurriendo en Europa con los fascismos y el antisemitismo no era más que el comienzo del terror… que pronto sería dolorosa realidad.  Ella amonestaba a sus compatriotas ante la pérdida de libertades civiles, ante la creciente censura impuesta por las agrupaciones locales del partido Nazi, ante la intimidación a que se veían sometidos miles de ciudadanos por parte de los aguerridos voluntarios (la “gente buena de la época” ) de las juventudes hitlerianas.
Que vienen los fascistas! Los votantes de Trump, los votantes del Brexit, los del PP y la mismísima Angela Merkel con sus macroempresas y gigabancos alemanes son la avanzadilla del nuevo fascismo, nos proclaman desde los púlpitos y escraches varios los representantes y acólitos de “la gente buena” de nuestros días.
Pero es que no se detienen ahí:
Que defiende usted la libertad individual? Fascista! por insolidario y egoísta.
Que defiende usted la libertad de prensa? Fascista! por defender a quienes propagan las mentiras capitalistas.
Que defiende usted la responsabilidad individual? Fascista! por menoscabar y menospreciar la labor salvífica del estado.
Que defiende usted la igualdad ante la ley? Fascista! por poner en duda los logros sociales obtenidos mediante las leyes de discriminación positiva.
Que defiende usted la libertad de expresión? Fascista! por defender a quienes abusan de esa libertad para contravenir los dictados de lo políticamente correcto.
La prevención diaria de un nuevo Holocausto se ha convertido en parte central del credo Europeo. Si usted dice públicamente que le parece que eso no es más que una obsesión extraña, ya ha puesto un pié en la hoguera de pellets (con su correspondiente certificado de sostenibilidad) preparada para los nuevos herejes. Pues les digo más: no es solo una obsesión, es altamente peligrosa. Por tres razones.  Primero: convertimos histéricamente crímenes aislados en un peligro cotidiano. Segundo: hacemos como si la libertad de expresión fuese la responsable de que las personas voten por partidos y opciones extrañas. Y esto nos lleva a tercera, que esos partidos raros pueden hacerse pasar por defensores de la libertad de expresión. Así, nos encontramos ante  una sociedad que suprime sus propias libertades por miedo a los enemigos de la libertad.

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