jueves, 11 de mayo de 2017

El Conseller de Educación incendia la Comunidad Valenciana

Pilar García sobre el "plurilingüismo" de Marzá y su engaño educativo. 

Artículo de Voz Pópuli: 
Vicent Marzà, el día de la toma de posesión.Vicent Marzà, el día de la toma de posesión. EFE
Alicante está en llamas. Y no precisamente porque se hayan adelantado sus tradicionales fiestas de Hogueras de San Juan. Los alicantinos están que arden porque creen que el Conseller de Educación les ha engañado. Le acusan de alta traición: Marzà ha decidido que el español sea lengua proscrita en la escuela. Las manifestaciones por la libertad lingüística se suceden con una afluencia de participantes que va en aumento. Todo parece indicar que el descontento masivo hará perder votos a los socialistas mientras amenaza con hacer desaparecer del mapa político a Compromís en esta provincia.
Cuesta creer que la práctica de excluir el idioma común de las aulas, como ocurre en Cataluña, haya llegado también hasta aquí. Ante mi sorpresa, curioseo un poco a través de algunos profesores y maestros de Idiomas y Educación (la plataforma más activa contra el Decreto Marzá). La intensidad de su respuesta consigue apearme de las alturas de mi incredulidad. Una vez que tomo tierra, no me queda más remedio que adentrarme en un tema tan pegajoso como el chicle. Cuando crees que has acabado y lo enganchas, no hay manera de desprenderse de él.
Comienzo por escuchar varias entrevistas de Vincent Marzà, Conseller de Educación de la Comunidad Valenciana, de la coalición nacionalista Compromís, referidas al Decreto de Plurilingüismo Dinámico. El nombrecito se las trae. Solo esto debería haberme bastado para adivinar la impostura que no tarda en asomarse tras el pomposo término. No crean que desconozco la costumbre de algunos políticos por maltratar las palabras hasta hacerlas reventar de dolor. Con un tormento adecuado, cualquier término acabará por decir lo que el gobernante quiera, en poco tiempo.
Las intervenciones de Marzà reproducen mantras casi idénticos en todas y cada una de sus declaraciones recogidas en la radio, la televisión y la prensa local. Con un desparpajo que para sí quisieran algunas folclóricas, el conseller afirma con rotundidad que la norma se ha diseñado para que “todos, todos, dominen-de-verdad tres idiomas, el castellano, el inglés y el valenciano”. Todos-dominen-de-verdad-tres-idiomas. ¿Notan como sufren todas estas palabras encadenadas al verse forzadas a caminar taciturnas en busca del políglota nirvana de Marzà? Es lo que les decía antes. La lengua es muy sentida y le duelen que la usen para trampas tan poco creíbles. A continuación, les detallo los motivos por los que el Conseller no puede realizar lo que promete.
El reto del trilingüismo parece ya de por sí inverosímil en un país como España, conocido por su escasez de profesorado especializado en lenguas. Pero, lo más inaudito del decreto estaba por llegar. Cuando acabo su lectura, descubro que tampoco hay dotaciones, ni recursos extraordinarios para su aplicación. Esta importante cuestión se despacha con una escueta frase: “el desarrollo de este decreto … no podrá comportar incremento de coste económico en los presupuestos de las consellerias” (Disposición Adicional Novena).
Para compensar este pequeño detalle relativo al capital, el Conseller se salta la secuencia lógica de su cometido como gobernante, se pone la bata de profesor y promete un aprobado general para “todos” en el apartado de lengua. Pero no un aprobado general cualquiera. Los alumnos, asegura Marzá, recibirán el título de bachiller acompañado de un lustroso certificado ligado a un estándar de prestigio en Europa: el Marco Común de Referencia de las Lenguas -MCERL. Se le conoce como “el Marco”. El nivel avanzado corresponde al C1 que es el que nuestro gobernante recién llegado a Educación otorgará a los bachilleres. ¿Un C1 avanzado en los 3 idiomas? No. El C1 de Marzà es, adivínenlo ustedes, sí, seguro que han acertado: en lengua valenciana. Pero el Conseller no para ahí a la hora de conceder dispensas de examen.
Y es que este político, con barba cerrada y cara de malote, reparte certificaciones con la misma facilidad con la que los cuentacuentos lanzan disparates. En inglés, a los bachilleres les garantiza, por decreto, un nivel B1, equivalente a una competencia “intermedia baja”. Así, como lo oyen. Un nivel medio de inglés es lo que les promete… para el 2024. Es decir, dentro de 7 años. Supongo que no les descubro nada si les digo que ahora mismo en los países líderes de la Unión Europea, sus estudiantes pueden acreditar ya un nivel avanzado de inglés antes de entrar en la universidad. De manera que, los nuestros, difícilmente podrán competir en igualdad de oportunidades. Suena todo tan a Chirigota de Cádiz que me siento en la obligación de recordarles que seguimos en la Comunidad Valenciana hablando de Plurilingüismo.
Cuatro horas y 37 páginas de lectura de decreto después, me encuentro con lo que el Conseller de Educación entiende por “dominar tres idiomas” y que consiste en:  hablar valenciano con fluidez, ingles medianamente y castellano regular. El idioma español, “si eso”, se lo trae usted de casa, o de Barrio Sésamo, porque, en la escuela, el idioma común de todos los españoles, oficial en todo España, queda reducido a un 20% de las materias que se imparten.
El tema de las certificaciones por decreto se las trae. Recordemos que la Conselleria otorga el certificado made in Europe en valenciano avanzado C1, en paralelo con el título de Bachillerato. Hemos de admitir que supone una “innovación” a la hora de motivar a los alumnos a no pegar ni golpe dada la garantía de hacerse con un certificado por decreto. Pero hay algo más inquietante aún: la discriminación por razones de desigualdad social y/o académica. Para los alumnos de Formación Profesional, el decreto-trampa-de-Marzá no ha dispuesto de Certificación en Idiomas referenciadas al Marco Común Europeo. Nada. Rien. Nichts. No es que los padres de este colectivo de alumnos reclamen poder alcanzar un nivel de inglés equivalente al de los bachilleres, que bien podrían. Reivindican su derecho a no ser excluidos de las certificaciones de idiomas por decreto en los ciclos de grado Medio y Superior
Por arte de birlibirloque, la magia del “C1” en valenciano aparece en volandas alrededor de los 18 años solo para un grupo reducido de afortunados bachilleres. Los elegidos que han contado con la dicha de disponer de voluntad, medios y recursos para realizar los dos años de estudios de bachiller se alzarán con el premio. Nada que objetar por ellos. Sin embargo, el Conseller disfraza la verdad cuando asegura que el Decreto del Plurilingüismo hace posible el “dominio de tres idiomas”. Lamentablemente, el decreto no establece certificaciones avanzadas en castellano. Y, en inglés, los estudiantes han de conformarse con un modesto certificado Básico o Intermedio B1. Tampoco la norma alcanza “a todos”, como se puede comprobar.
A los bachilleres, Marzá se los imagina repartidos a lo largo y ancho de la geografía valenciana. Los mejores empleos para ellos. El certificado C1 de valenciano es el nivel que exigen en las convocatorias para optar a plazas de funcionarios de la Generalitat. Y esto ¿por qué? Simplemente, porque son bachilleres, les han otorgado un aprobado general sin haber superado ninguna prueba específica y les han expedido un certificado C1 en Valenciano. Juegan en la liga de los certificados en primera división. Como este certificado otorga ventajas de salida en el mercado laboral local, habrán comprado el silencio de alguno de ellos, el de sus padres y su entorno familiar en lo que se interpreta como una discriminación sin precedentes en un decreto. Con burdas manipulaciones como esta, les obligan a ser cómplices de un abuso y un embuste monumental.
Aquellos cuyo deseo es NO continuar con los estudios de bachillerato tras los 16 años, sino seguir preparándose para trabajos vocacionales, o en la enseñanza profesional, como por ejemplo los especialistas de grado superior de laboratorios, veterinaria y turismo, para estos no hay certificado nivel C1 en valenciano al acabar sus estudios. A no ser que estén dispuestos a acceder a una prueba de lengua y pagar por la acreditación en un centro privado. O, a examinarse en la Escuela Oficial de Idiomas, donde solo tienen plazas para un 10 por ciento de los que la solicitan.
Al Conseller, los padres, profesores y alumnos le piden que arregle pronto este embrollo que él solito ha montado. También quieren que deje de llamarlo Plurilingüismo porque, cada vez que lo hace, ofende a toda la comunidad educativa europea que diseñó el sistema basado en el uso de la lengua materna como medio para el aprendizaje de lenguas adicionales (Cummins). Creen que el decreto Marzá conculca los derechos de los niños cuya lengua es el idioma español y cuyos padres no hablan valenciano. También, manipula las ilusiones y expectativas de los padres al prometer que todos podrán ser trilingües competentes cuando es incapaz de proveer de las dotaciones presupuestarias que la metodología plurilingüe exige y que son descomunales. En particular, para un país como España desprovisto de profesorado especializado en Plurilingüismo.
Estamos en Europa, somos europeos en el siglo XXI. Esto a veces produce mareos porque el escenario introduce nuevas variables en la elección de lenguas en un escenario de movilidad geográfica constante. Por el contrario, las normas acostumbran a ir siempre por detrás de las necesidades del ciudadano. Esto es lo que le ha pasado al decreto de Marzá: que ha quedado caduco antes de implantarse. ¿Por qué? Porque el Conseller quiere sustituir el castellano por el valenciano premiando por decreto con certificaciones a unos pocos privilegiados y penalizando a quienes no acepten tal delirio antidemocrático. Lo que permanece en el tiempo es el valor de la libertad y la igualdad de oportunidades y Marzá, y el séquito de especialistas que dice que le respaldan, no han sabido conjugar ambos.

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