miércoles, 10 de mayo de 2017

No, no somos un paraíso fiscal

Juan Rallo analiza y muestra la trampa de la burda manipulación que pretenden generalizar sobre que España es un paraíso fiscal en el que las grandes empresas tributan el 7% de sus beneficios.
Y la realidad de lo que pagan es muy diferente. 

Artículo de su página personal: 
No, no somos un paraíso fiscal
Uno de los argumentos más extendidos a favor de subir los impuestos a las grandes empresas es que, de acuerdo con la Agencia Tributaria, éstas apenas pagan unos impuestos equivalentes al 7% sobre sus beneficios. Dicho de otro modo: cualquier pequeña empresa, autónomo o trabajador asalariado estaría soportando una carga fiscal superior a la de las megacorporaciones que pueblan el Ibex 35. Enunciado así, suena escandaloso: ¿cómo puede ser que el Gobierno de España no meta en vereda esta inexplicable asimetría tributaria? La realidad, empero, es bien distinta: tal como denunció ayer la Asociación Española de Asesores Fiscales, el tipo que realmente padecen las grandes compañías supera el 26%. ¿De dónde surge, entonces, la enorme discrepancia entre ambas cifras?
El dato del 7% que nos proporciona la Agencia Tributaria es una ratio entre el Impuesto sobre Sociedades pagado en España y los resultados contables exclusivamente positivos que han logrado las grandes empresas en todo el mundo. He ahí la doble trampa: por un lado, la Agencia Tributaria no toma en consideración los impuestos que esas mismas empresas han sufrido en el extranjero por las ganancias cosechadas en el extranjero, y esta omisión reduce artificialmente el numerador de la ratio; por otro, la Agencia tampoco resta los resultados negativos que estas grandes empresas han padecido en algunas de sus divisiones (los llamados “ajustes por consolidación), de modo que esta omisión eleva artificialmente el denominador de la ratio. ¿Efecto final de minorar el numerador y de inflar el denominador? Que el tipo impositivo parece mucho más pequeño del que realmente es: no el 7%, sino más del 26%. Nada sorprendente, por otro lado: si las grandes empresas sólo sufrieran una fiscalidad del 7%, España sería un paraíso fiscal magnético que acapararía todas las inversiones europeas. Por desgracia, no es el caso.

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