jueves, 25 de mayo de 2017

¿Islam sólo hay uno?

Pepe Arenzana reflexiona sobre el Islam y lo que es. 
Artículo de blog personal: 
Navegando en dhow por el Estrecho de Ormuz, entrada al Golfo Pérsico (Foto: LUIS DAVILLA)Navegando en dhow por el Estrecho de Ormuz, entrada al Golfo Pérsico (Foto: LUIS DAVILLA)
Alguien (parece que de buena voluntad) me pide en Facebook que amplíe mi opinión al respecto del Islam para no llamar a confusión con lo que algunos denominan ‘islamofobia’. El asunto es demasiado largo y complejo para expresarlo en un mensaje y además tiene el problema de que FB es ‘lineal’, es decir, que pasadas unas horas o unos días tendría que empezar de nuevo a explicar mi opinión desde el principio para evitar los juicios sumarísimos de algunos.
No obstante, trato de resumir a vuela pluma algunas nociones (es mi punto de vista y nada más) y afirmo que el Islam es conceptualmente una infamia y una ignominia para el ser humano. El Islam no es una religión (o no sólo ni en primer lugar) -esto lo he repetido en muchas ocasiones-, sino un sistema que regula la vida privada (comida, vestimenta, miradas, maneras de relacionarse con los demás y hasta con Dios, etc) y pública de todos sus miembros, además de un sistema de gobierno que incumple las más elementales normas de respeto a la vida y hacia el resto de miembros de la tribu, ciudad, país o grupo humano.
Aun así, quienes piensan que el Islam es sólo y apenas una religión (invasiva, racista y excluyente hasta extremos irreparables, ya se ha dicho) tendrían que hacérselo mirar o estudiar en más profundidad el asunto y encontrar las contradicciones de cuanto dicen. No, no hay una cosa llamada Islam separada de los musulmanes, aunque sí es cierto, por supuesto, que musulmanes los hay de muchos tipos (prudentes, más o menos laicos o seculares, descreídos, fanáticos etc.). Pero algo les une culturalmente y les hace presas y víctimas de sí mismos. Incluso quienes no lo practican, a menudo se ven prisioneros de su entorno, incapaces de desenvolverse con un mínimo grado de la libertad que los occidentales entendemos por tal.
Repito, el Islam no es sólo una religión, es también una cultura, un modo de entender la manera de relacionarse con el mundo y con los demás que impone y exige obligaciones perversas y desastrosas. No es cierto, como han repetido numerosas veces George Bush o Barack Obama que el Islam sea una religión de paz (la palabra significa ‘sumisión’) y ponen como ejemplo la existencia de pacíficos ciudadanos musulmanes en su sociedad. Esto último puede ser cierto, pero la primera afirmación es falsa, errónea de principio a fin. A veces, como he dicho, los musulmanes, con frecuencia, son poco practicantes, seculares, descreídos o lo que se quiera y han aprendido a amar otros valores por encima de aquellos, pero eso no permite negar que en sí mismo y conceptualmente, el Islam es venenoso, asesino, cruel, racista, excluyente, ignominioso, una afrenta para el ser humano… A veces, también, muchos musulmanes, dentro o fuera de su respectivo país, en según qué circunstancias, practican la taqiyya hasta tanto no se produzcan las condiciones favorables o de temor necesarias para asumir el Islam en su total dimensión.
Pero, como digo, no es una religión que pueda separarse fácilmente ni hoy por hoy de todo lo que conlleva como sistema de gobierno, regulación de la vida privada, imposición en la vida pública, etc.
Esto va ya demasiado largo, lo sé, pero no quiero dejarme atrás algunos apuntes a vuela pluma que permitan al menos hacer pensar que no es la mía una opinión irreflexiva o inmeditada y, sobre todo, que esto pueda tener alguna utilidad para quien me solicita mi modesto punto de vista.
Así pues, anoto que el Corán en las suras es una recopilación, morfólogicamente absurda (diré por qué), de la ‘palabra revelada por Dios’ a Mahoma a través del arcángel San Gabriel. Esta parte del Corán, la de las suras está ordenada según la extensión de sus textos (o sea, por tamaños), lo cual no quiere decir que sea el orden en que le fueron ‘reveladas’ a Mahoma. Pero el orden cronológico es esencial para entender uno de los grandes problemas de ese texto, puesto que, según consta en las propias palabras del Corán, o sea, las de Mahoma, o sea las del arcángel, o sea, las de Dios, las suras posteriores anulan a las anteriores reveladas en el tiempo, de forma que una sura elimina el sentido de una dictada con anterioridad, la cual, a su vez, puede encontrarse situada muy atrás en el libro. Esto hace que para interpretar jurídicamente el Corán de manera correcta se necesiten doctores, imames, mulahs o ayatolas… Y el cacao es de órdago. Ah, por cierto, la llamada “sura de la espada” que ordena rebanar a los infieles se encuentra hacia el final cronológico de las revelaciones, de modo que ésta es la que predomina y prevalece sobre todas las misericordias y piedades proclamadas en las suras previas cronológicamente hablando… ¿Queda claro?
De pasada he mencionado la interpretación ‘jurídica’… Y es que, nótese que estamos hablando de un texto con valor jurídico, no dirigido a la espiritualidad del ser humano, sino a la regulación de todos y cada uno de sus actos cotidianos de forma netamente invasiva. Para colmo, añado ahora, hay que mencionar al menos una división capital entre el Islam sunita y el chiíta.
No entro en materia escatológica ni espiritual, pero sí en lo que se refiere a la manera de organización interna. En el Islam suní no existe una prevalencia jerárquica necesaria o imprescindible, es de tipo horizontal, salvo cuando existe la presencia de un Califa, a quien se le reconocen todos los poderes terrenales como enviado de Dios y máximo guía espiritual. Para los suníes, cualquier curita apestoso rodeado de cabras en un monte puede dictar una fatwa y de inmediato se convierte en norma de obligado cumplimiento para todo aquel que desee aceptar su autoridad. Nada pasa si no desea hacerlo así. De este modo, cualquier idiota puede dictar que se lapide a alguien por blasfemo y su comunidad lo aceptará como una ley insoslayable. En el chiísmo, por su parte, la jerarquía es vertical y sus ayatolás constituyen una pirámide jerárquica que hay que obedecer e imponer mediante diktat a todo el grupo a través de los severos organismos que componen la pirámide de arriba abajo.
Para quienes piensan que una cosa es el islamismo y otra lo islámico, es decir, para quienes opinan que hay dos o más clases de Islam, cabe añadirle algo fundamental: Piénsese que la mayoría de las mejores universidades norteamericanas reciben actualmente fondos de las petromonarquías a cambio de incluir en ellas algún departamento de estudios árabes. Es en esas escuelas de élite donde han implantado esa soberanamente falsa idea que repiten Bush y Obama, haciéndole creer al mundo que hay un Islam bueno y otro malo. Y no, coño, por definición y sobre todo por propia exigencia del mismo Islam, el Islam es sólo uno, igual que Dios es sólo uno, enseñanza esencial o capital del Islam que es completamente irreductible y que niega de raíz las afirmaciones de los ilustres presidentes de EE.UU y de todos sus equipos de asesores al respecto, así como la ingenua creencia tan extendida entre muchos occidentales. Repito: hay musulmanes y prácticas de muchos tipos, pero el Islam es sólo UNO…, y no puede haber más porque ontológicamente el propio Islam lo impide y lo niega, a sangre y fuego si es preciso.
Es sólo una pequeña aproximación, ya digo, para argumentar cuanto digo. Más allá de esto, existen, como todos sabemos, sectas más fanáticas, estrictas o salvajes en la aplicación e interpretación de la norma jurídica y espiritual, ya sean Siria, Irak, Afganistán, Pakistán, Qatar, etc., o más místicas (sufíes, a la manera de monjes dedicados a la meditación), o más relajadas, anárquicas y fuera de la norma, como son, en general, algunas de las formas practicadas en el África negra. En días recientes hemos conocido, por ejemplo, la capacidad del ISIS para imponer mediante fatwa de un presunto califa autonombrado bajo el nombre de Al-Baghdadi la necesidad de que todas las niñas y mujeres entre 4 y 49 años sean sometidas a la ablación, disparate ‘moruno’ del que no se tenían noticias ni siquiera en Arabia Saudí, que es, por cierto, una rama rigorista del Islam surgida en el siglo XVIII, no más.
Añado, y termino, que Hamás pertenece a estas ramas sunitas próximas al ISIS y que no dudarían en imponer a su población en Palestina los máximos rigores que vemos en otros sitios.
Sí, hay millones de musulmanes que no practican ni defienden esto, pero se ven impelidos, en ocasiones por miedo, es cierto, pero en otras por simple prudencia ante los riesgos y vuelcos de parte de su población, a callar, a silenciar, a guardar las formas y maneras, y, en definitiva, a acatar toda la barbarie que arrastra consigo una religión que, ya se ha dicho, no es ante todo ni sobre todo, ni en exclusiva, una religión.
Lo dejo aquí. He dicho.

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