domingo, 6 de marzo de 2016

Camboya e Inditex: entendiendo la reciprocidad en la cooperación

Fernando Parrilla analiza la cuestión de Camboya e Inditex, y lo necesario de entender la reciprocidad en la cooperación a raíz de diversos experimentos entre monos y su concepto de la justicia, que es malinterpretada en muchas ocasiones. 



Uno de los vídeos más interesantes que he visto últimamente fue el que mostró Pablo Herreros en la Thinking Party de la Fundación Telefónica (es de hace unos años, se puede ver en Youtube), donde se puede ver a dos monos separados por una pared de metacrilato con un agujero por donde solo pueden intercambiar objetos pequeños;  uno de ellos sabe cómo abrir un bote por medio de una piedra de la que dispone  en su lado de la jaula, al otro mono le han dado el bote con cinco avellanas cerrado con un precinto que solo puede ser roto con la piedra y técnica de la que dispone su compañero de al lado.
El resultado del experimento es que el mono que sabe abrir el bote le facilita al otro mono la piedra y le explica cómo debe proceder para abrirlo. Gracias a esta ayuda, el mono inexperto termina abriendo el bote y, sorprendentemente, agradece la ayuda entregando cuatro de las cinco avellanas al mono experimentado.
El experimento parece demostrar que los simios tenemos un concepto de justicia bastante más complejo de lo que podíamos imaginar.
Lo que nos enseñan desde pequeños es que hay que repartir las cosas a partes iguales. Compartir y no ser egoístas. Y podría parecer que estos monos se han comportado siguiendo estas pautas, pero en realidad todo es bastante más complejo.
Me explico: el primer mono sí comparte sus conocimientos. Se podría argumentar que él no tenía el bote y no ganaba nada permaneciendo callado, pero seguramente habría dado igual, ya que el impulso de ayudar a un congénere sin perder nada a cambio sería suficiente para activar su cooperación. Pero resulta que en vez de repartirse las avellanas a partes iguales (uno pone el conocimiento, y el otro tenía el bote de su lado y hace el trabajo) se han repartido de forma, aparentemente, bastante desigual.
Expresado en términos que un director de ONG pueda entender: un solo mono tiene tantas avellanas como cuatro monos por el simple hecho de saber abrir un bote y tener una piedra a mano que prestar. ¿Es eso justo?
Pues es bastante posible que hayamos evolucionado a especies que consideran justo premiar el conocimiento, y la voluntad de compartirlo, de forma lo suficientemente generosa como para que los individuos con la capacidad de conseguir mayores recursos se sientan lo suficiente motivados a seguir compartiéndolos.
Trasladando el experimento a la polémica entre Inditex y Camboya, tendríamos a Amancio Ortega encerrado en España con una piedra, que es su empresa, y una técnica de abrir botes de avellanas bastante compleja basada en redes de distribución, proveedores, ventas, etc muy complicada de replicar. Por otro lado están los camboyanos con bastante tiempo libre para abrir botes de avellanas, pero sin la posibilidad de hincarle el diente a ninguna. Gracias a la colaboración entre las partes se produce un reparto de avellanas bastante similar al experimento (con las matizaciones que se quieran).
¿Por qué a la mayoría de la gente no le parece justo? ¿No somos también simios que deberían apreciar la justicia de la situación? Aunque sea especular demasiado voy a intentar explicarlo.
Existe otro experimento con monos, y este no sorprende mucho, en el que cuando a un mono se le da mejor comida que a otro, éste último se enfada y termina rechazando la comida (de peor calidad pero perfectamente válida) que recibe. Dicho de otro modo, si se hiciera el primer experimento de tal forma que al primer mono le dan cuatro avellanas y al segundo una, sin que haya nada que lo justifique, seguramente el segundo mono no lo aceptaría.
Así que es bastante posible que el problema con las personas que no aceptan que Amancio Ortega se esté llevando tantas avellanas sea que estén viendo una foto incompleta, donde alguien le da arbitrariamente al dueño de Inditex una cantidad desproporcionada de riqueza a cambio de nada, y otros reciben una cantidad mucho menor por trabajar muchas horas al día.
Eso explicaría por qué alguien que sí entiende lo valioso que resulta que te den la oportunidad de abrir botes, ya que lleva años viviendo rodeada de ellos sin poder abrirlos, sí se muestre de acuerdo con la situación ante la mirada perpleja de otra persona que no lo comprende, seguramente porque siempre ha dado por hecho que las avellanas viajan desde un benefactor todopoderoso hasta su mano, sin tener que preocuparse de cómo demonios se usaría una piedra para alcanzarlas si un dichoso día las cosas no fueran tan fáciles.

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