sábado, 5 de marzo de 2016

Contra el supremacismo lingüístico: no soy ciudadano de segunda por hablar español

Elentir denuncia el supremacismo lingüístico que intentan imponer los nacionalistas (en este caso en Galicia), haciendo caso omiso a las reiteradas resoluciones de los Tribunales Superiores de Justicia, la última en Lugo, al establecerse ilegalmente el gallego como único idioma oficial de ese ayuntamiento. 
En este sentido es de destacar varios puntos (y que es compartido en otras regiones de España), como son: 

-El intento constante de omisión de la oficialidad de la lengua española en las ordenanzas, intentando convertir a los hispanohablantes en ciudadanos de segunda. 
-El recurso constante al victimismo por parte de los nacionalistas ante cualquier denuncia de imposición ilegal y de la exigencia de igualdad de derechos lingüísticos. Pues ellos no quieren la igualdad, sino la supremacía. 
-La ruptura de una convivencia social de la comunidad donde no hay ni debiera haber conflictos para expresarse, creada y estimulada por fanáticos empeñados en emplear el idioma como "ariete ideológico para un proceso político que tiene con fin el separatismo del resto de España". 
-El empleo del idioma no como herramienta de expresión, sino de imposición (control de la educación y crecientes trabas a que las familias decidan cómo educar y en qué lengua a sus hijos), lo que hace al idioma un enorme daño, al emplearse como herramienta e intolerancia hacia la lengua española. 
-Pretensión que haya unos ciudadanos con más derechos que otros en función del uso de la lengua, en lugar de establecer los mismos derechos como debiera ocurrir en democracia, con la finalidad de "imponer sus caprichos identitarios" y erradicar un idioma que "estorba en sus proyectos nacionalistas". 
En definitiva, no convivencia, sino conflicto, no igualdad, sino supremacía, no integración, sino separación, no libertad, sino imposición, no medio de expresión sino ideológico, no una herramienta civil, sino política. 

Artículo de Contando Estrelas: 
Ayer el Tribunal Superior de Justicia de Galicia tumbó la ordenanza lingüística de Lugo, que establecía ilegalmente el gallego como único idioma oficial de ese ayuntamiento.
Una situación ilegal que también se da en otros ayuntamientos
La situación es la misma que se da en Ferrol, como ya os comenté aquí. Diversos ayuntamientos gallegos mantienen ordenanzas que omiten, ilegalmente, la oficialidad de la lengua española en los mismos, convirtiendo a sus vecinos hispanohablantes, de facto, en ciudadanos de segunda categoría. Hace diez años el TSJG ya había dictado otra sentencia parecida sobre la ordenanza lingüística de la localidad coruñesa de Puentes de García Rodríguez. Por otra parte, en 2006 el Tribunal Constitucional dictó una sentencia declarando inconstitucional que la Generalidad tuviese el catalán como lengua “preferente”. Los ayuntamientos que poseen ordenanzas que excluyen el español conocen perfectamente esta jurisprudencia. Saben que mantienen una situación ilegal, pero mientras no haya denuncias, se hacen los suecos. Da la sensación de que lo que pretenden es que los ciudadanos tengamos que denunciar uno a uno todos los casos para que dejen de cometerse estas ilegalidades. En el caso de Lugo, la denuncia la puso Galicia Bilingüe. Gracias a ella, los lucenses están más cerca de reconquistar la igualdad de derechos lingüísticos.
Burda rabieta nacionalista: acusan al TSJG de apoyar el ‘supremacismo’
Las reacciones de los nacionalistas han sido de lo más previsibles. El BNG ha hablado de “un ataque contra nuestro idioma”, confundiendo la lengua gallega con su imposición ilegal. Es el recurso sistemático del nacionalismo al victimismo, incluso para agredir los derechos de los demás, lo mismo que llevan décadas viendo en Cataluña y el País Vasco. Pero la mayor muestra de cinismo la ha dado A Mesa pola Normalización Lingüística, una organización afín al BNG que nunca ha disimulado su vocación de constituir una inquisición lingüística dedicada de lleno a imponer el gallego. Su actual mandamás, Carlos Maceira, ha comentado la citada sentencia sobre la ordenanza de Ferrol afirmando lo siguiente“El Tribunal apoya el supremacismo lingüístico del español”.
En 2014 Maceira apoyó a unos violentos con la excusa de ‘defender la lengua’
Hay que recordar que en EEUU se ha usado esa palabra para definir a los que creen que unos ciudadanos tienen más derechos que otros en función de su raza. Lo que renemos en Galicia no son dos razas distintas, sino dos comunidades lingüísticas, a menudo entrelazadas, puesto que muchos gallegos que tenemos el español por lengua materna también acostumbramos a usar la lengua gallega, y viceversa. Galicia, a nivel social, es una comunidad modélica en cuanto a convivencia lingüística, ya que los hablantes de una y otra lengua rara vez tenemos conflictos por el hecho de expresarnos en cada una de ellas. El conflicto lo están intentando crear ciertos fanáticos, empeñados en utilizar el gallego como ariete ideológico para un proceso político que tiene como fin la separación de Galicia del resto de España. Un proceso que ni siquiera se detiene ante la violencia. Hay que recordar que en 2014 Maceira defendió a varios separatistas juzgados por agredir a manifestantes de Galicia Bilingüeafirmando que les juzgaban por “defender la lengua”. Una declaración miserable que aún no ha rectificado a día de hoy.
El supremacismo, en Galicia, es lo que sostienen los separatistas
Para tipos como Maceira, el gallego no es una herramienta de expresión, sino de imposición. Otros usan los idiomas para entenderse con los demás, pero él prefiere utilizar el suyo como si fuese un garrote para aporrear a los gallegos que no pensamos o hablamos como él quiere. Con ello le hace un enorme daño al gallego, dicho sea de paso, al confundirlo con su personal intolerancia a la lengua española. Y puestos a hablar de supremacismo, quienes pretenden que haya gallegos con más derechos que otros en función de su lengua son Maceira y los que opinan como él. A diferencia de ellos, lo que defiende Galicia Bilingüe es justo lo contrario: “Dos lenguas, mismos derechos”. Lo normal, en fin, en cualquier territorio de un país democrático en el que coexisten dos lenguas oficiales, lenguas que hablan ciudadanos que pagan por igual sus impuestos y que tienen las mismas obligaciones legales, y por tanto los mismos derechos. Lo normal en una comunidad bilingüe es que las dos lenguas tengan igual reconocimiento, porque con ello se amparan los derechos de los hablantes de ambas. Lo anormal en un país democrático es que unos intolerantes se dedican excluir y erradicar un idioma porque les estorba en sus proyectos nacionalistas. Y en el caso de la ordenanza de Lugo no sólo es anormal, sino también ilegal. Así que díganlo sin rodeos, señores nacionalistas: lo que ustedes hacen es pisotear la ley y los derechos de los demás para imponer sus caprichos identitarios. Al más puro estilo supremacista.

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