domingo, 6 de marzo de 2016

Capitalismo y utopía

Ignacio Moncada analiza la cuestión del idealismo del socialismo y su comparación con el idealismo del capitalismo, que al igual que en su comparación real (comparación en la que el capitalismo es claramente superior) también es superior, por dos motivos básicos. 


“El capitalismo es un sistema ontológicamente abyecto”, decía recientemente Pablo Iglesias. Socialistas y comunistas suelen ver el capitalismo así, como un sistema moralmente inferior a su idealizado y colectivista mundo feliz. El problema es que, a la hora de argumentarlo, los partidarios del socialismo tienden a caer en una falacia: comparar el capitalismo real con el socialismo ideal; contraponen casos concretos de la parcial e imperfecta aplicación real de uno contra la concepción ideal del otro. Esto, obviamente, es trampa. O bien comparamos el capitalismo real con el socialismo real, o comparamos el capitalismo ideal con el socialismo ideal. Pero si hacemos esto, en ambos casos el capitalismo resulta superior. Ésta es la conclusión principal del libro Why Not Capitalism?, del filósofo estadounidense Jason Brennan.
Es poco habitual que los críticos del capitalismo hagan la comparación entre el capitalismo real y el socialismo real, porque la superioridad del capitalismo en la práctica queda demasiado clara. Dice Jason Brennan que “en el siglo XX, el mundo experimentó con dos grandes sistemas sociales. Los países que intentaron diferentes formas de capitalismo, como Estados Unidos, Dinamarca, Suiza, Australia, Japón, Singapur, Hong Kong o Corea del Sur, se hicieron ricos [...]. Por el contrario, los países que intentaron el socialismo, como la Unión Soviética, China, Cuba, Vietnam, Camboya o Corea del Norte, se convirtieron en infiernos. Los gobiernos socialistas asesinaron a unos 100 millones de sus propios ciudadanos (y tal vez muchos más), haciendo del socialismo algo tan letal como la Peste Negra del siglo XIV. En los países socialistas nadie se hizo rico, excepto tal vez unos pocos funcionarios del Partido Comunista. El socialismo fue especialmente malo para los trabajadores proletarios pobres, la misma gente a la que se suponía que el sistema más iba a ayudar. Así que, sí, el capitalismo tiene problemas [...]. Pero el socialismo fue un desastre. En resumen, ya tuvimos el debate entre el capitalismo y el socialismo, y el capitalismo ganó”.
Por los desastrosos resultados que el socialismo real obtuvo allí donde se aplicó, los defensores del socialismo suelen batirse en retirada a un plano argumental desde el que es más cómodo combatir: el mundo de los sistemas ideales. Cuando se expone el socialismo ideal desaparecen los problemas de coordinación económica, de incentivos, de información o de ausencia de precios que padece el socialismo. Sin ellos, ignorando el horror que supuso la aplicación práctica del socialismo, resulta más fácil predicar la superioridad moral del socialismo sobre el “abyecto” capitalismo.
Pero ¿es realmente el socialismo ideal superior al capitalismo ideal? En una utopía en la que todos hicieran siempre lo correcto y las imperfecciones del mundo real no existiesen, ¿sería preferible el socialismo al capitalismo? Filósofos socialistas como G. A. Cohen han argumentado que sí: todo el mundo viviría como si la sociedad fuese un gran campamento entre amigos en el que todo se comparte, todas las decisiones se toman en común y todas las cosas son de todos. El propio Cohen admite que las limitaciones del mundo real y la propia naturaleza del ser humano hacen de este ideal algo inviable a gran escala, pero argumenta que en el plano ideal el socialismo sería superior al capitalismo. Jason Brennan dedica su libro Why Not Capitalism? precisamente a refutar este argumento. Su conclusión es que, por los dos motivos siguientes, incluso en un mundo ideal el capitalismo sería moralmente superior al socialismo.
El primer motivo es que la existencia de propiedad privada mejoraría el colectivismo utópico de Cohen, porque seguiría permitiendo que todos compartieran sus bienes, pero además ampliaría el rango de cosas que cada uno puede hacer. Afirma Brennan que “existen una serie de razones para tener propiedad privada, incluso en condiciones utópicas. Las personas obtienen valor de tener cosas que puedan usar como deseen, sin tener que pedir permiso a los demás. Obtienen valor de ser capaces de emprender proyectos, y para ello, a veces necesitan cosas sobre las que obtener control exclusivo. Las personas tienen motivos para querer ser capaces de llevar a cabo proyectos por sí solos, en lugar de hacer todo de manera colectiva. Encuentran valor en tener espacios que son completamente suyos, de modo que se puedan sentir "como en casa" en esos espacios. Las personas pueden desarrollar afectos sentimentales hacia objetos particulares que tienen una historia especial. Y, por último, la forma más efectiva de hacer que las personas tengan los objetos que necesitan para sus proyectos es a menudo seguir las reglas de la propiedad privada, en lugar de tratar todo como si fuera un fondo común a distribuir de acuerdo a necesidades. Sí, en la utopía podríamos prescindir de la propiedad privada, pero la propiedad privada hace a la utopía mejor”.
El segundo y definitivo motivo, que toma del filósofo Robert Nozick, es la idea de que el capitalismo ideal no proporciona una utopía finalista, sino un marco para las utopías, una base sobre la que las personas pueden asociarse voluntariamente para llevar a cabo sus propias visiones de la buena vida sin imponer dicha visión a los demás. El capitalismo ideal amplía y mejora la versión utópica del socialismo, pues permite que quienes lo deseen puedan vivir en su propia utopía socialista mientras otros son libres de asociarse de otras formas que se ajusten mejor a su concepción de la buena vida. A este respecto, Jason Brennan apunta que “existe una asimetría esencial entre la utopía del capitalismo y la del socialismo. Los defensores del capitalismo permiten el socialismo, pero los defensores del socialismo prohíben el capitalismo. El capitalismo permite a las personas poseer propiedad individualmente, pero también permite que la posean colectivamente. Por el contrario, el socialismo prohíbe a las personas poseer propiedad individualmente y sólo permite poseerla colectivamente. Una utopía capitalista permitiría a las personas formar comunas, pero una utopía socialista prohibiría a cualquier persona ser propietario de una fábrica”.
En conclusión, no sólo el capitalismo real es superior al socialismo real, sino que también el capitalismo ideal es superior al socialismo ideal. Es curioso que a menudo se acusa al capitalismo que defendemos los liberales, basado en la libertad individual, la propiedad privada y la libertad contractual, de ser excesivamente utópico; de ser ideal sobre el papel, pero inalcanzable en la práctica. Es una gran concesión por parte de los críticos del capitalismo, pues es admitir que el capitalismo no es un sistema moralmente abyecto como opina Pablo Iglesias, sino moralmente noble, como explica Jason Brennan. Es cierto que el mundo perfecto no existe, es un ideal que no podemos alcanzar, pero eso no significa que no debamos transitar el camino hacia un mundo mejor, y eso pasa por acercarnos al ideal del liberalismo lo máximo posible. Tal vez cuanto más cerca estemos de ese ideal, más nos daremos cuenta de que se puede avanzar más de lo que creíamos.

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