sábado, 6 de mayo de 2017

La tragedia de un tercio de los trabajadores: paro, temporalidad y sueldos bajos

Juan Rallo explica la nueva manipulación analítica del sindicato de Técnicos del Ministerio de Hacienda (Gestha) al respecto del mercado laboral español, exponiendo el problema de la dualidad laboral que presentan los trabajadores, el por qué no hay intención de cambiarlo, y cuál es la solución. 
Artículo de El Confidencial: 
Foto: Oficina de empleo de la calle Orense de Madrid. (EFE)Oficina de empleo de la calle Orense de Madrid. (EFE)
El pasado 1 de mayo, el Sindicato de Técnicos del Ministerio de Hacienda (Gestha) publicó un informe donde pretendía atestiguar la extrema precarización del mercado laboral español: el 47% de los trabajadores españoles cobra menos de 1.000 euros y el 34% ni siquiera alcanza el salario mínimo interprofesional. De ser así, tendríamos un panorama desolador: casi un 20% de la población activa estaría desempleada y la mitad de la que disfruta de un empleo ni siquiera cobraría 1.000 euros mensuales; esto es, alrededor del 60% de la población activa española estaría o en el paro o ingresando una miseria.
Los datos de Gestha parecen ser rigurosamente ciertos, dado que proceden de la estadística publicada anualmente por la Agencia Tributaria de 'Mercado de trabajo y pensiones en las fuentes tributarias'. Sin embargo, una vez los analizamos con un mayor detalle, es fácil comprobar que se están utilizando tramposamente. No en vano, lo primero que llama la atención es que, según la fuente estadística 'Mercado de trabajo y pensiones en las fuentes tributarias', España tuvo en el año 2015 más de 17,3 millones de asalariados. Algo sorprendente habida cuenta de que, según la Encuesta de Población Activa (EPA), el número de trabajadores por cuenta ajena en 2015 fue de 14,7 millones. O dicho de otro modo, ambas fuentes estadísticas presentan una discrepancia de 2,6 millones de personas (en realidad, de más, dado que los datos de la Agencia Tributaria no incluyen a Navarra y el País Vasco). Ahí es nada.
¿A qué se debe esta notable diferencia entre ambos datos? La propia Agencia Tributaria nos lo explica: si una persona trabaja solo entre enero y junio y otra trabaja solo entre julio y diciembre, la Agencia Tributaria nos dirá que hay dos asalariados en la economía; en cambio, la EPA sostendrá que hay un asalariado y un parado. Es decir, la Agencia Tributaria nos indica cuántos españoles han obtenido alguna renta salarial en algún momento del año (aunque proceda de un empleo de un par de horas), mientras que la EPA nos informa de cuántos puestos de trabajo equivalentes se han mantenido a lo largo del año.
El matiz es importante, dado que nos permite comprender mejor la perversa naturaleza de nuestro hiperregulado mercado laboral. Al contrario de lo que podría indicar una lectura superficial de la EPA, en España no hay 4,2 millones de personas permanentemente paradas, 3,9 millones de personas ocupadas permanentemente con un contrato temporal y 11,4 millones de personas ocupadas permanentemente con un contrato indefinido. No: en España hay, por un lado, 8,1 millones de personas (parados+temporales en las estadísticas de la EPA) que alternan periodos de desempleo con periodos de extrema precariedad laboral; y, por otro, unos 11,4 millones de personas con ocupaciones relativamente estables (trabajadores con contrato indefinido, el 88% de los cuales lleva más de dos años en su mismo empleo). Es decir, el mercado laboral español se divide en dos: aproximadamente un tercio de la población activa está excluida de empleos con una mínima calidad ('outsiders') y alrededor de dos tercios sí cuentan con empleos relativamente aceptables ('insiders').
Cuando Gestha nos dice que el 47% de los españoles cobra menos de 1.000 euros y el 34% ni siquiera alcanza el SMI, está mezclando datos de 'insiders' y 'outsiders', transmitiendo la idea de que, como decíamos, en nuestro país o estás parado o estás cobrando una miseria. Pero en realidad las personas que están paradas y las que están cobrando una miseria son esencialmente las mismas (dependiendo del mes, están paradas o están cobrando temporalmente una miseria). Así pues, en realidad, en España o estás a) semiparado y cobrando intermitentemente una miseria; o estás b) empleado establemente con sueldos no espectaculares pero desde luego no misérrimos. Basta ir al colectivo de personas con contratos indefinidos (colectivo con más de 11,4 millones de personas) para comprobar que, en 2015, el número de trabajadores que percibían menos de 1.000 euros mensuales no superaba el 20%. De hecho, el 50% de los trabajadores con contrato indefinido percibía mensualmente más de 1.900 euros (y el 20%, más de 3.500 euros).
En el siguiente gráfico representamos, por un lado, el sueldo medio por deciles de todos los españoles que durante 2015 obtuvieron algún tipo de remuneración salarial según la Agencia Tributaria (la base de datos a partir de la cual Gestha concluye que el 47% de los asalariados españoles cobraron menos de 1.000 euros); por otro, el sueldo medio por deciles de los empleos indefinidos según el Instituto Nacional de Estadística. Es fácil observar que la mayor discrepancia entre ambas series se produce entre los deciles más bajos, pues es ahí donde se concentra el mayor porcentaje de trabajadores semiparados con contratos basura (españoles que entran y salen del paro mediante contratos temporales de corta duración); en cambio, entre los deciles salariales medios y medios altos, el diferencial es mucho menos, ya que el tipo de empleo predominante es el estable e indefinido.

En suma, en España, si perteneces al tercio de la población excluida del mercado laboral, o te hallarás en paro o tendrás un empleo precario mal pagado; si perteneces a los dos tercios de la población integrados en el mercado laboral, disfrutarás de un empleo estable y de un sueldo decente (y creciente con el tiempo). La población asalariada con empleo temporal y bien pagada o con empleo estable y mal pagada existe, pero es mucho menos relevante: 'grosso modo', unos españoles concentran las mieles (estabilidad y buen salario) y otros las hieles (precariedad y mal salario).
Evidentemente, esto no tendría por qué ser así: los bajos sueldos de los trabajadores temporales están muy relacionados con su baja productividad y su baja productividad está muy relacionada con su alta rotación (dado que permanecen muy poco tiempo en cada puesto de trabajo, no llegan a formarse y a mejorar su capacitación para ese puesto de trabajo). La forma de reducir la rotación —y, por tanto, aumentar la productividad y los salarios— es conocida: dejar de penalizar (de encarecer regulatoriamente) la contratación indefinida.
Pero esa es una solución que trágicamente no gusta a nadie: los dos tercios de población activa sobreprotegida ('insiders') no tienen el más mínimo interés en que esta situación cambie; mientras que el tercio perjudicado ('outsiders') o bien aspira a promocionar a la categoría sobreprotegida o bien cree erróneamente que la solución a sus problemas consiste en extender la sobreprotección de los 'insiders' a la totalidad de la población activa. Por eso, cualquier reforma laboral que intente reducir la protección de los 'insiders' para facilitar la inclusión de los 'outsiders' se topa con una frontal oposición de los primeros (“no queremos perder nuestra protección”) y con el inevitable recelo de los segundos (“no queremos más precariedad”).
Esa es la tragedia (o una de las tragedias) de nuestro mercado de trabajo: los sobrebeneficiados son mayoría y no quieren tocarlo; los sobreperjudicados están ideológicamente alienados y tampoco desean modificarlo. Por eso, incluso aquellos partidos que, como Ciudadanos, entienden el fondo de este problema han terminado claudicando y proponiendo soluciones alternativas: “Si el tercio de trabajadores precarios va a seguir existiendo indefinidamente, incrementemos sus pobres ingresos mediante un complemento salarial”. Lejos de atacar la raíz del problema —nuestro disfuncional marco laboral— abrazan un pragmatismo dirigido a parchear el problema —transferencias de renta a los 'outsiders'—.
Algunos, sin embargo, seguiremos defendiendo la solución justa, honesta y correcta: por un lado, liberalizar el mercado laboral para evitar que un tercio de la población esté excluido del mismo; por otro, facilitar el ahorro y la inversión interna para lograr una mayor acumulación de capital por trabajador que, a medio largo plazo, contribuya a incrementar los salarios de todos. Olvidémonos de las medias verdades de asociaciones como Gestha y afrontemos la terrible realidad que nos rodea a todos: la regulación laboral de los últimos 40 años ha sido un rotundo fracaso para un tercio de la población y debemos modificarla de raíz.

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