sábado, 6 de mayo de 2017

Sí, puede ganar Le Pen

Juan M. López-Zafra analiza las probabilidades de victoria de Lepen (y por tanto de gran sorpresa) en las inminentes elecciones francesas.

Artículo de El Confidencial:
Foto: La líder del Frente Nacional (FN), Marine Le Pen. (EFE)La líder del Frente Nacional (FN), Marine Le Pen. (EFE)
Este domingo 7 se celebrará la segunda vuelta de las elecciones de Francia, con la presencia de Emmanuel Macron, candidato de En Marche!, alto funcionario del Estado y durante dos años ministro de economía con Manuel Valls, y Marine Le Pen, durante más de seis años presidenta del Front National (cesó en su puesto el día 24 del mes pasado) y diputada en el Parlamento Europeo. La noche del miércoles protagonizaron un intenso cara a cara durante dos horas y media donde pusieron de manifiesto sus distintas visiones de Francia. De las características de cada uno de ellos ya hablamos aquí hace unos meses.
Como era previsible, la campaña de Marine Le Pen se ha centrado en una idea-fuerza: recuperar Francia para los franceses. Y lo ha defendido desde una doble perspectiva: la cultural-identitaria y la económica.

Básicamente, el principal problema que pretende resolver Le Pen es el de la pérdida de los valores que han definido la República: la igualdad de todos ante la ley y la laicidad, muy distinta de la aconfesionalidad de nuestro país. En alguna ocasión ha señalado, no sin razón, que la gran diferencia entre la inmigración a EEUU y la que se da en Francia es que la primera tiene que trabajar para vivir allí, mientras que en Francia “hay millones de desempleados; no podemos darles sanidad, educación, … financiar a la gente que viene y viene”.
Siendo un diagnóstico realista (los sobredimensionados estados europeos cargan sobre las espaldas de los contribuyentes el “gasto social” de todos, nacionales y extranjeros, sin considerar las consecuencias en el déficit, la deuda y las generaciones futuras, descapitalizando a los trabajadores con impuestos crecientes), las soluciones entran dentro de lo irrealizable, vendiendo como efectivas lo que son simples llamadas a las vísceras. Es evidente que la República ha fracasado de manera estrepitosa en la integración de una población de origen extra comunitario que se siente maltratada pese a haber tenido las mismas oportunidades educativas, sanitarias y sociales que sus homólogos de la metrópoli. La búsqueda del apaciguamiento social mediante una escalada de transferencias económicas (para pagar los “derechos sociales”) y una serie de reformas educativas que no han hecho sino instaurar la idea de que el aprobado es, como aquí, un derecho, ha llevado a una fractura social muy complicada de gestionar, donde las proclamas identitarias siempre gozan de aceptación de un amplio sector de la población.
Fuera del control de la inmigración, el resto del programa se centra en la economía, con un análisis de los problemas y unas propuestas de solución que en España firmaría Podemos. Devolver la soberanía económica a Francia recuperando el franco (aunque manteniendo el euro para las cuentas internaciones, tras las enormes críticas que ha suscitado su plan inicial de ruptura completa) para “proteger el ahorro de los franceses” y “recuperar su poder adquisitivo” para “luchar contra el monstruo del paro”. Ya le habría gustado al ministro Carlos Solchaga que tales premisas fueran ciertas: el 13 de mayo hará 24 años de su tercera devaluación en 9 meses para cerrar el año con un paro del 23.9% (más de tres puntos y medio más que el anterior y dos décimas menos que un año más tarde) y que una inflación que, de forma recurrente, alcanzaba el 5%
Aplicar el patriotismo económico, el proteccionismo inteligente (que no define en ningún sitio), para devolver la grandeza a Francia, fue otro de los grandes titulares que dejó. Históricamente, envolverse en la bandera es uno de los recursos más manidos por los populistas, como los generales Franco o Videla o el bolivariano Maduro. En la práctica, esa propuesta de Le Pen ha supuesto siempre la quema de camiones españoles en la frontera.
Como hemos visto, hay muchas diferencias con el programa económico de Trump; donde éste apuesta por reducir, Marine apuesta por aumentar; donde él apuesta por el individuo, ella apuesta por el Estado. Y, siendo el de Trump un programa carísimo (los incrementos de gasto en defensa acompañados de reducciones de impuestos pueden resultar en un aumento del déficit), sin embargo apuesta todo a una baza ganadora: la mayor libertad económica de los norteamericanos, que provocará un aumento de la confianza y con ello de la inversión, las ventas, las exportaciones, y un crecimiento asociado de la economía, que en los cálculos de su equipo debería ser suficiente para financiar ese déficit; complicado, pero no imposible.
En el caso de Le Pen, sin embargo, todo es mayor financiación pública, mayor intervención del Estado, más impuestos a las empresas, más proteccionismo, más patriotismo económico. Sí, de este también ha hecho gala Trump, es bien sabido; pero el norteamericano es consciente de que sus empresas son punteras en todo el mundo, algo que no ocurre con las francesas.
Estamos en presencia de, posiblemente, la segunda vuelta más reñida de la quinta República, después de las de 1974 en las que Valérie Giscard d’Estaing ganó a François Miterrand por poco más de punto y medio. Nada que ver con las de hace 15 años, cuando el padre de Marine fue vapuleado por un Chirac que consiguió entonces el apoyo más importante que ningún candidato haya conseguido jamás en esta quinta República. Las circunstancias geográficas y poblacionales de Francia hacen que las encuestas puedan recoger mejor la intención de voto de los electores que en los EEUU. Hay, sin embargo, una serie de circunstancias que no las encuestas recogen y que, en mi opinión, deben ser consideradas.
Marine Le Pen ha resultado ganadora en todos los caladeros tradicionales de la izquierda: los obreros, los funcionarios, los asalariados del sector privado, los que tienen problemas para llegar a fin de mes, los más jóvenes (18 a 34 años), los que no ven claro su trabajo. Alcanzaría ya un 40% de la intención de voto, pero sabemos que esta cifra, basada en encuestas, falla en muchas situaciones de estrés social (recordemos el Brexit o la victoria de Trump que anticipamos aquí, dado por perdedor con unas encuestas mucho más desfavorables que las de Le Pen; Nate Silver, el estadístico del NYT que nunca había fallado hasta entonces, sigue insistiendo en que aquello fue un error de muestreo “normal” mientras que la victoria de Le Pen sería un error histórico).
Propaganda electoral francesa. (Reuters)
Propaganda electoral francesa. (Reuters)
Por otro lado, esa cifra está demasiado cercana al 42% que, según Serge Galam, físico y analista de Sciences Po, puede suponer un cambio de escenario completo a su favor. Cierto es que deben darse algunas circunstancias, como la sensación de victoria del frente republicano que encabeza Macron, con el consiguiente “abandono” de su candidato el día 7, junto con voto masivo de los electores del Frente Nacional, algo mucho más previsible. Por otro lado, la denominada por algunos “izquierda alternativa” (que son los comunistas de siempre bajo piel de corderos, como ocurre aquí con Podemos) no ha aclarado qué votará, fundamentalmente por la indefinición cortoplacista y calculada de su líder Mélenchon.
A diferencia de una parte importante del Partido Comunista (miembro de la coalición Francia Insumisa), que pidió sin ambages al líder centrista para evitar “la llegada de la extrema derecha” (véase la declaración del PCF de Lille, “Sólo los imbéciles no cambian de parecer”), Mélenchon no se ha pronunciado, tal y como muchos líderes de Podemos en España. Del mismo modo, todo parece indicar que una parte no despreciable de Los Republicanos de Fillon finalmente apoyaría a Le Pen, tal y como ha hecho el que sería primer ministro con ella, Dupont-Aignan, presidente de En Pie Francia, escisión del partido de Fillon por la derecha y que ha cosechado unos resultados discretos pero muy superiores a los de hace 5 años.
Por último, existe un aspecto que empieza a resultar decisivo, el denominado peso digital, o respuesta de las redes sociales al mensaje de los candidatos. Como he señalado en ocasiones anteriores (aquí y aquí), lo que uno pueda decir en una encuesta no tiene por qué coincidir en absoluto con lo que uno exprese en las redes, donde cada cual se muestra como es. Pues bien, tanto Google Trends como otras 'webs' y 'apps' recogen la fuerza de Le Pen, en general bastante por encima de Macron. Aunque parece que, tras el debate, la imagen de la candidata se ha debilitado, sigue encabezando la popularidad digital.
En las elecciones norteamericanas lo tuve más claro, pero no descarten la sorpresa y que Le Pen acabe ganando.

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