martes, 1 de marzo de 2016

El miedo a los políticos

Fernando Herrera sobre el miedo que tenemos a los políticos y sus causas. 


Hace ya más de dos meses hubo en España unas elecciones generales; desde entonces, estamos sin gobierno, o más específicamente, con un gobierno en funciones. Al parecer, todas las inversiones se han paralizado en nuestro país, y muchos de los ciudadanos votantes viven en un sinvivir no sea que se ponga a gobernar el PSOE con el apoyo de Podemos. O, al menos, así lo atestiguan los numerosos mensajes que, aunque sea en tono de broma, circulan por las redes sociales.
¿Cómo es posible que esto ocurra? ¿Pasa lo mismo en países como Alemania, Inglaterra o los Estados Unidos? ¿De verdad se quedan los proyectos de los inversores paralizados hasta que se resuelve quien va a gobernar? Entonces, ¿por qué tanto miedo a los políticos españoles?
Vaya por delante que no creo que los políticos españoles sean intrínsecamente peores o mejores que los de otros países, por muy civilizados que éstos nos parezcan. Lo que ocurre, y este es el problema, es que los políticos españoles alcanzan mucho más poder sobre los ciudadanos de lo que obtienen sus homólogos en los otros países. Aclaro: es obvio que en términos absolutos Obama o Merkel son más poderosos que cualquiera que sea nuestro presidente del Gobierno. Pero aquí estoy hablando del poder vis-a-vis sus conciudadanos. Y estoy seguro de que ni Obama ni Merkel pueden hacer en sus países las cosas que Rajoy/Sánchez o quien sea pueden hacer en España (como tampoco podrían hacer las cosas que Maduro hace en Venezuela).
Cualquiera que conozca mínimamente el panorama español sabe que nuestros políticos pueden hacer muchas cosas con las propiedades que están en territorio español, para lo cual se cuidaron de darse soporte explícito en la Constitución. Pueden gravarlas, expropiarlas y regularlas de mil maneras. En estas condiciones, hasta que no se aclare el espíritu del nuevo gobierno, ¿quién se atreverá a invertir? Más aún, ¿quién se atreverá a hacerlo si no puede recuperar la inversión en cuatro años?
Pero no solo eso: hay quien teme que la educación de sus hijos se vaya al traste si gobierna un partido que no esté de acuerdo con los conciertos educativos, o que empeoren los servicios médicos hasta el punto de quedarse sin cobertura efectiva, o que se dilapiden los fondos que supuestamente garantizan nuestra jubilación.
En resumen: es lógico que en España haya miedo a los políticos, pues dependemos de ellos demasiado. Dependen nuestros negocios, nuestra educación, nuestro futuro, nuestra salud… todo. Los políticos tienen demasiado poder sobre la sociedad española.
Creo que el lector coincidirá conmigo en que en un país desarrollado como España no deberíamos tener miedo de los políticos. No es sano que este miedo exista. Hay que erradicar este miedo.
¿Y cómo se hace? Está muy claro: limitando, reduciendo o incluso eliminando, por qué no, el poder de los políticos. Ese debería ser el objetivo de un verdadero gobierno de reforma como el que tratan de vendernos, y no redefinir el contrato de trabajo o reconocer el derecho a la protección de la salud. La verdadera asignatura pendiente en estos momentos es que el español pierda miedo a los políticos y pueda votar sin jugarse la vida, o muchas de las cosas importantes, en ello.
Formas hay muchísimas: justicia independiente y eficaz (algo imposible si la justicia depende del presupuesto público); parlamento independiente del gobierno y no supeditado a sus necesidades[1]; responsabilidad directa de los representantes electos ante su circunscripción; o, simplemente, obligación de respetar el programa electoral propuesto y votado, sin salirse de él.
Cada vez es más urgente: España necesita un marco institucional en que Podemos pueda gobernar sin que las inversiones se paralicen o queden amedrentadas amplias capas de la población. No se me ocurre otra forma de que perdamos el miedo a los políticos.



[1] Al parecer, en Alemania el Reichstag aprobó una ley que prohíbe al gobierno alemán espiar a los ciudadanos alemanes. ¿Alguien puede siquiera empezar a imaginar que algo similar ocurriera en España?

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