jueves, 22 de junio de 2017

Based Karol Dance vs Humanismo Totalitario

Francisco JavGzo analiza el actual Humanismo Totalitario que inunda la sociedad actual, y la guerra de guerrillas que se está produciendo contra la dictadura de lo políticamente correcto del manstreim. 


Artículo de Letras Libertarias:
Que los personajes que estén en televisión se tomen atribuciones y se sientan con derecho a opinar no es nada nuevo: al parecer, el status de ser personalidad pública –o, en realidad, ser mirado por masas ociosas que aparentemente no tienen nada mejor que hacer que mirar televisión chilena; contraten cable, por favor– les brinda algún tipo de súperpoder que les permite hablar cualquier cosa ya que, al estar en la pantalla, se transforman de inmediato en líderes de opinión. Así, constantemente, vemos a bailarines, actores, “opinólogos”, y tipas con bonita sonrisa y delanteras aún más bonitas –sobre todo esto, en mi opinión–, pronunciarse en relación a guerras, decisiones de política exterior, eventos climáticos, tendencias sociales y contingencia como si fueran alguna suerte de eruditos en la materia. Como si importara lo que saliera de sus bocas.
Sin embargo, si las masas ponen atención a los dichos emitidos por las personalidades de televisión, estos dichos se transforman en objeto de análisis, y también de crítica. Vemos, entonces, cómo la intelectualidad –que nunca es frontal, sino que busca influir en otros– da espaldarazos o crucifica opiniones según sea el caso. En relación a esto, podemos esperar que las opiniones (y también las personas, porque, sin dudarlo, se despliega el más bajo argumentum ad hominem) vayan acorde a la hegemonía de pensamiento, es decir, la manera de pensar más difundida y aceptada. En una sociedad que se dice libre, todo tipo de pensamiento y opinión podría convivir con cualquier otra, pese a las diferencias entre éstas, sin embargo, en la realidad, lo que ocurre es que lo que se encuentra dentro de esta manera de pensar, i.e., la más difundida, será tolerado, mientras que lo que esté fuera será vilipendiado y condenado. En un sentido quizás no tan físicamente violento como una dictadura promedio pero no por eso menos inocente en intención, las hegemonías culturales terminan transformándose en totalitarias una vez que han logrado posicionarse como la regla. Hoy en día, tal como reza el título del libro de Keith Preston, vivimos en La Tiranía de lo Políticamente Correcto, y si alguien no se adapta a través del acatamiento incondicional de una batería de preceptos que se han impuesto a través de la lucha cultural, sufrirá tarde o temprano el embate de este totalitarismo.
A Karol Dance, conductor de Mega, le ha tocado resistir el embate. Lucero, en relación a una sección del matinal Mucho Gusto donde se presentaba la historia de una pareja que vive en la calle y esperaba un “empujón” para salir adelante, se mostró conmovido por su situación, aunque en desacuerdo por su postura frente a la vida:
Ellos son dos jóvenes que tienen dos manos, y lo más importante es tener la fortaleza de querer salir adelante. La verdad es que la historia es súper conmovedora pero no me gustó que ellos estén esperando que les den un empujón (…). Ellos no tienen ninguna situación de discapacidad y tampoco son adultos mayores. Creo que más allá de que la sociedad les ha cerrado muchas puertas ellos también están cerrando las puertas a la sociedad (…)
Demás está decir que las opiniones en las redes sociales –aquella vulgar tribuna donde la información se democratiza y la inteligencia muere ahogada en un mar de cacografías, memes que reducen el IQ del lector hasta el nivel de un caracol de jardín, opiniones emocionales, incoherencias e insultos que harían llorar sangre hasta al más optimista de los pobres charlatanes que hablaban de paz y amor hace unos siglos– respondieron como una serpiente que escupe veneno al más temible de sus enemigos, incluyendo no sólo descalificaciones al argumento, sino también al emisor, algo absolutamente esperable cuando se trata de una opinión que va contra la corrección política.
Como regla general para la corrección política, la victimización siempre debe ser bien vista cuando proviene de algún grupo oprimido, y jamás ser cuestionada. De esta manera, la compasión incondicional borra del análisis a la responsabilidad individual, socializando la responsabilidad al atribuirla a la sociedad en su conjunto. Independiente si hay alguna relación o no entre la situación actual de los individuos en cuestión y su responsabilidad, la expresión totalitaria del humanismo y la igualdad no permite ni siquiera cuestionar el rol de los individuos (pobres y desamparados, por supuesto, porque a los que son ricos o gozan de alguna posición de poder jamás se les perdonaría nada y hay hasta placer en la opinión pública cuando estos últimos están sufriendo por alguna cosa) en el estancamiento en la pobreza. Se tiende a atribuir la pobreza siempre a algún tercero, como si la condición por defecto del ser humano fuera la riqueza, ignorando que, naturalmente, todos nacemos con nada más que la sangre y los fluidos amnióticos que nos cubren, y no algún tipo de riqueza universal que luego es arrebatada por algún explotador, un lobo del hombre.
No obstante, y pese a los ataques a su persona, Karol Dance logra concretar una pequeña pero significativa hazaña: en un medio donde la hipersensibilidad está fuertemente implantada, pues la televisión ha estado siendo bastión del igualitarismo y la corrección política desde hace ya bastantes años –la psicología izquierdista que indicara Theodore J. Kaczynski PhD en su célebre Industrial Society and its Future–, Lucero posiciona, consciente o inconscientemente, una opinión disidente al mainstream, personificando así la opinión de muchos que difieren de la corriente principal de pensamiento pero que no tienen la tribuna para que su voz pueda ser escuchada. Pequeñas subversiones a la hegemonía cultural que, aun teniendo bajo impacto, siguen la lógica de una guerra de guerrillas donde las ideas "incorrectas" comienzan a tomar posiciones más allá del espacio al que se les había relegado.

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