martes, 20 de junio de 2017

El fracaso del Multiculturalismo

Emilio Meneses analiza el fracaso del multiculturalismo tal como se está gestionando políticamente hoy, y cómo seguirá empeorando la situación, a la que no se sabe enfrentar. 


Artículo de Letras Libertarias:
Algo apesta en Escandinavia. O para ser más preciso: algo apesta en Bélgica, Francia, Holanda, Inglaterra, Alemania, Suecia y Dinamarca.
Lo que está oliendo mal en la región es el cambio de la percepción pública frente a dos grandes temas: la propuesta de una sociedad multicultural y el proyecto de unidad política de la Unión Europa como segundo término. Dado los últimos atentados terroristas en Inglaterra, me quiero enfocar en lo primero.
¿Qué es el multiculturalismo? ¿Es un sistema de valores, un tipo de análisis, se come acaso con papas fritas? Dado que no existe una definición única y aceptada me daré la libertad de definirla como no tomar políticas de estado para que masas inmigrantes se asimilen a un país receptor.[1]
Desde hace décadas estuvo en boga tal idea promoviendo la supuesta riqueza cultural cuando grupos humanos distintos entran en contacto. La idea en la teoría suena bien, pero en la práctica hay problemas si la minoría “invitada” quiere tener leyes propias en los barrios donde viven y ejercen violencia si su religión es "insultada".
Esto se ha traducido en la inmigración masiva de grupos humanos que se niegan a asimilarse a su nuevo país o tienen valores antitéticos a los occidentales. Hoy en Inglaterra un 6% de las mujeres que profesan la fe islámica no hablan inglés y un restante 16% lo habla mal[2], el 52% de los musulmanes en el mismo país consideran que la homosexualidad debe ser ilegal, contra el 11% del resto de la población[3].
Personalmente, no me gustó la pregunta de Gallup sobre la prohibición de los homosexuales. Es demasiado abierta. Uno podría perfectamente responder “Debería ser prohibida, y obligarles a pagar una multa" o, también “Debería ser prohibida, y debemos tirar desde un edificio a quienes son sorprendidos practicándola”. Hay datos más duros sobre la integración de la comunidad musulmana en Inglaterra: son el 5% de la población, pero sólo representan el 0,54% de las fuerzas armadas.[4] Aún más indicativo es que en los últimos años más musulmanes británicos se hayan unido a ISIS que al Royal Army.[5]
Si bien este fenómeno ha tomado palestra en los medios desde el año 2015, no es nuevo. Mark Steyn en su libro Lights out advertía hace 10 años del cambio demográfico y cultural que amenaza a Europa[6], cambio que se ha realizado con el consentimiento de los partidos políticos tradicionales europeos. Aún peor, Steyn relata una serie de casos donde cualquier crítica al Islam o denuncias de crímenes en manos de miembros de tal religión son fuertemente atacados y silenciados por los estados. Famoso es el caso del Canadian Islamic Council contra Maclean. Este fenómeno ya no afecta únicamente a Europa.
En Alemania el periodista alemán Constantin Schreiber tuvo un choque con la realidad. Él se hizo famoso el 2015 por videos en YouTube para refugiados donde les explicaba la cultura alemana — un tipo con impecables credenciales multiculturales, la verdad.[7] Ahora Constantin tiene una cualidad que la mayor parte de los periodistas occidentales carece: habla árabe fluidamente y tiene un interés genuino en la cultura islámica. Pero como buen periodista que huele una noticia, decidió entrar sin previo aviso a varias mezquitas supuestamente moderadas y escuchar que predicaban los imames. El mes pasado publicó un libro titulado Inside Islam, donde relata su experiencia, y fue un verdadero shock para la sociedad alemana:llamados abiertos de los imames a no aceptar los valores occidentales como democracia o igualdad de los sexos, desconfiar completamente de tu vecino si no es musulmán y no tener amistad con él. Y mi frase favorita de un Imam: cuidarse del "peligro de la navidad", (Weihnachtsgefahr).Se vienen tiempos interesantes en Alemania.
En resumen: un porcentaje no menor de una reciente minoría en Europa no sólo se niega a integrarse, sino además pretende destruirla. Y esto con la asombrosa complacencia de la clase política europea, lo que ha traído como consecuencia que la mayor amenaza para la seguridad europea está en manos de hombres jóvenes nacidos en Europa y con pasaporte europeo.
Pese a todos estos problemas, la clase política local  en su mayoría — no es siquiera capaz de nombrar el problema por su nombre. No saben cómo definir la realidad actual y mucho menos cómo enfrentarlaEl lenguaje en la política define cómo interpretas realidades y qué harás para enfrentarlas.
Tras el atentado terrorista en Manchester, políticos británicos como Jeremy Corbin trataron el ataque de «incidente», como si le hubiera caído un ladrillo a alguien por accidente; otros políticos y periodistas dijeron que «hay que acostumbrarse», o sea, que nada se puede hacer.
Otros como Trudeau siguen tratando las atrocidades como «sin sentido» («senseless»), ignorando que tal ataque tiene un sentido muy claro y definido: poner en jaque nuestra forma de vida.
Otros tratan al terrorista como un «monstruo» que, cosa curiosa, es exactamente cómo ISIS quiere que veamos a sus miembros: alguien que siembra terror en nuestros corazones.
Por el contrario, Donald Trump, un tipo totalmente novato en la política internacional que improvisa cada cinco minutos y exagera sus éxitos cada otros diez, pero quien evidentemente sabe usar el lenguaje de manera correcta, define a ISIS de «evil losers», es decir, seres que no tienen nada que ofrecer al mundo y deben ser físicamente eliminados de la faz de la tierra.
Parece que la persona a quien toda la prensa y muchos políticos quieren tratar de tonto tiene más sentido común que todos ellos juntos. Triste ver que el personaje más odiado y vilipendiado es el único que sabe a qué se enfrenta.
Esto sólo seguirá empeorando.

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