miércoles, 28 de junio de 2017

Subida del salario mínimo, la intención es buena, pero…

Carlos Montero analiza a raíz del economista Arturo Damm, cómo la subida del salario mínimo, puede tener buenas intenciones, pero genera paro (siempre que se sitúe por encima del salario de equilibrio de mercado). 

A finales del pasado año se aprobó en el Congreso de los Diputados la propuesta de Unidos Podemos de subir el Salario Mínimo Interprofesional a 800 euros en 2018 y 2019, y a 950 euros en 2020. Una subida que se ajustaría a la recomendación de la Carta Social Europea que sitúa al Salario Mínimo en el 60% del salario medio. Una propuesta razonable y justificada teniendo en cuenta la divergencia producida entre el incremento de los beneficios empresariales tras la crisis y el mantenimiento de los salarios de los trabajadores. Que los salarios, a nivel general, hay que subirlos, es algo con lo que todos los organismos independientes están de acuerdo, ahora hace falta que lo estén las patronales.
 
Ahora bien, algunas voces reclaman que esta subida es insuficiente, y que el Salario Mínimo debería situarse por encima de los 1.000  euros mensuales. Hay que tener cuidado con estas iniciativas a mi entender populistas. Como afirma el economista Arturo Damm Arnal, una subida del SMI sensiblemente por encima del salario de equilibrio provoca de forma ineludible subida en el desempleo. Damm lo justifica así:
Un precio mínimo es aquel que el gobierno fija por arriba del precio de equilibrio, al cual la cantidad ofrecida iguala la demandada, con la intención de beneficiar al oferente, quien por ley no puede aceptar, a cambio de lo que ofrece, un precio menor.
El salario es el precio del trabajo, y el salario mínimo es el salario que el gobierno fija por arriba del salario de equilibrio, al cual la cantidad ofrecida de trabajo, de parte de los trabajadores, iguala a la cantidad demandada de trabajo, de parte de los empleadores, con la intención de beneficiar al trabajador, quien por ley no puede ser contratado a un salario menor. La intención es buena, pero ¿qué sucede si a ese salario, mayor al del equilibrio, los empleadores no están dispuestos a contratar a tantos trabajadores como están dispuestos a contratarse a ese salario?
Si realmente se trata de un salario mínimo, establecido por el gobierno por arriba del salario de equilibrio, y suponiendo todo lo demás constante, de tal manera que las curvas de oferta y demanda de trabajo no se desplazan, el resultado no puede ser otro más que una menor cantidad demanda de trabajo de parte de los empleadores combinada con una mayor cantidad ofrecida de trabajo de parte de los trabajadores, todo lo cual se traduce en desempleo: habrá trabajadores que a ese salario, el mínimo, estén dispuestos a trabajar, pero no habrá empleadores que, a ese salario, estén dispuestos a contratarlos. Los trabajadores que sí consiguen trabajo lo logran a costa de quienes no lo consiguieron. Todo lo anterior sucedería si realmente se trata de un salario mínimo (lo cual puede no ser el caso, por más que el gobierno imponga un alza en los salarios), y si todo lo demás permanece constante (lo cual tampoco puede ser el caso).
El problema con el salario mínimo es que crea desempleo. El problema con los aumentos al salario mínimo es que crean más desempleo.

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