jueves, 24 de diciembre de 2020

La subida del salario mínimo y los problemas del empleo

Salvador Arancibia analiza los problemas para el empleo (ésta realmente es solo una de las consecuencias directas, pero hay más), que supondrá la subida del salario mínimo en 2021 que se está planteando el gobierno. 

Artículo de Expansión: 



La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, y la vicepresidenta y ministra de Asuntos Económicos y Digitalización, Nadia Calviño. JMCadenas EXPANSIÓN



El incremento del salario mínimo que se baraja no supondría una mejora evidente a nivel individual, pero en términos globales sí que puede retrasar la recuperación de parte de los empleos perdidos.

El Gobierno discute en estas semanas si, en las circunstancias actuales, debe o no elevar el salario mínimo interprofesional fijado ahora en 950 euros para acercarlo a los 1.000 euros que es la cifra objetivo fijada en el programa de Gobierno entre PSOE y Podemos. Las anteriores subidas, las de 2019 y 2020, especialmente la primera, fueron duramente criticadas por el Banco de España que entendió que tendrían efectos negativos sobre el nivel de empleo general.

La vicepresidenta Nadia Calviño es partidaria, al estar la economía española sometida a una fuerte presión por los efectos de la pandemia, de no subir el salario mínimo para el próximo año o, al menos, que la subida sea bastante más modesta de la que la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, querría conseguir para aproximarlo a los 1.000 euros mensuales.

Las razones de las dos partes en confrontación tienen cierto sentido. No parece que sea este el mejor momento para aprobar una subida del salario mínimo, con una economía que todavía no ha recuperado los niveles previos a la pandemia, que en términos de empleo ha perdido muchos ocupados y con una tasa de inflación situada en terreno negativo en la actualidad y con visos de permanecer así, o muy baja, durante el futuro inmediato.

En sentido contrario se puede argumentar que si el Gobierno ha decidido que, a pesar de esas limitaciones anteriores y del enorme déficit público existente, se pueden subir las pensiones y los salarios de los empleados públicos un 0,9% en 2021, no parece que haya razones objetivas para impedir que otro colectivo numeroso y con niveles de renta muy bajos no pueda también ver cómo mejora su nivel adquisitivo.

La discusión, más allá de los efectos directos sobre quienes perciben el salario mínimo, se ha venido centrando de forma recurrente sobre las consecuencias que en relación con el nivel de empleo general puede provocar una subida del salario mínimo. Y sobre ello no hay un acuerdo entre los estudiosos sino que en anteriores ocasiones se generó una fuerte controversia.

La subida de 2020, cuando se pasó de 900 euros al mes a 950 se hizo sin grandes discusiones porque, aun siendo relativamente importante, quedaba muy alejada de la llevada a cabo el año anterior que fue cuando el Gobierno la elevó en un 23% desde 736 euros a 900.

Fue entonces cuando, además de las opiniones en contrario planteadas por las organizaciones empresariales, se unió a esas críticas la opinión del Banco de España al coincidir en el tiempo la subida con la publicación de un análisis del supervisor sobre los efectos de esta medida en el empleo. El artículo partía de utilizar los datos de la muestra continua de vidas laborales elaborada cada dos años por la Seguridad Social y analizaba los efectos de las subidas de los años anteriores y hacía una proyección de lo que podría pasar en 2019 tras la fuerte subida decidida entonces por el Gobierno.

El estudio del Banco de España calculaba que las consecuencias de la subida en 2019 se cifraban en una pérdida de 125.000 empleos, el 0,8% de los ocupados a tiempo completo que había en el mercado laboral. Se basaba en lo que había ocurrido en el pasado inmediato con las subidas decididas. Ello significaba, para quienes estaban afectados por esa subida, es decir todos los que percibieran el salario mínimo, que casi el 13% de ese colectivo podría perder el empleo.

Las discrepancias se elevaron de tono hasta el punto de que la entonces ministra de Trabajo, Magdalena Valerio, pidió que el Banco de España reconociera que se había equivocada en sus cálculos a la luz de la evolución del empleo en los meses siguientes. El supervisor se mantuvo en su posición señalando por un lado que, con cifras provisionales, se podía apreciar un descenso del número de horas trabajadas en colectivos como el de empleadas de hogar y en tareas agrícolas (dos de los colectivos más ligados al salario mínimo), y que, en todo caso, cuando se publicara la nueva muestra continua de vidas laborales (sobre datos de 2019), se analizaría de nuevo el impacto y sería el momento de ver quién tenía razón.

En principio esto debería haber ocurrido en el verano de 2020, pero la pandemia ha retrasado los trabajos. Hasta el pasado mes de octubre no se han proporcionado los microdatos necesarios para que se puedan iniciar los trabajos del informe, y recientemente el Banco de España señaló que en el primer trimestre de 2021 habrá terminado su análisis sobre el impacto de la subida de 2019 en el empleo en ese año. El retraso puede parecer un inconveniente, y de hecho hay quien está criticando su ausencia, porque a la luz de los resultados del análisis, que podrían discutirse en todo caso, se podría argumentar mejor la conveniencia o no de una nueva subida del salario mínimo interprofesional en los momentos actuales. No obstante, algunas consideraciones previas realizadas por el Banco de España sí podrían permitir anticipar su posición. El paro, como consecuencia de la pandemia y sus implicaciones económicas, ha aumentando sustancialmente y lo ha hecho entre los trabajadores temporales (que son los que tienen salarios más bajos) y en sectores, como el ocio y la hostelería, en los que el salario mínimo está bastante extendido. Además, hay que tener en cuenta que la inflación en España está en terreno negativo, lo que genera en sí mismo una ganancia del poder adquisitivo de las rentas salariales aunque éstas no suban. La subida que se está discutiendo, entre un 0,9% y cerca del 2%, supondría entre 8 y 13 euros mensuales. Individualmente no supondría una mejora evidente, como sí ocurrió cuando se subió el salario mínimo más de un 22%, pero en los momentos actuales sí puede propiciar que, en términos globales, no se recuperen parte de los empleos perdidos. La decisión que se tome finalmente dependerá casi en exclusiva de factores políticos.

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