martes, 12 de marzo de 2013

Consecuencias del intervencionismo del Estado. El correo electrónico podría convertirse en la próxima víctima de los impuestos (Política, Economía.1.320)

El lógico declive del United States Postal Service (el Correos estadounidense), ha desencadenado este debate. Y es que los políticos tienen soluciones para mantener toda ineficiencia y gasto público. Más impuestos, metiendo la mano a la fuerza en el bolsillo del ciudadano y atacando su bienestar y poder adquisitivo.

Y este es uno de los problemas reiterativos que provoca el Estado y su interferencia en el mercado. Bien poner fuertes trabas y desincentivar la iniciativa privada en el negocio, bien haciendo competencia desleal ya que al ser público puede incurrir constantemente en pérdidas subsidiando el negocio sin cerrar (y esta capacidad recurrente de acceder a recursos ilimitados le hace tener pocos incentivos a ser eficiente) o bien en tercer lugar, promover directamente e imponer el mantenimiento de monopolios, de empresas ineficientes que no sobrevivirían si no fuera así al no adaptarse a las nuevas tecnologías, menores costes, mejores servicios o nuevas necesidades o demandas del mercado (clientes) a costa del progreso y del dinero del ciudadano para mantener privilegios (ya sean públicos o privados) creando barreras de entrada a dichos competidores o directamente prohibiéndoles su participación.


La historia está llena de ejemplos en múltiples sectores, pero qué mejor ejemplo que la misma historia del correo postal americano en este esclarecedor artículo, y que supone un reiterado desembolso de dinero a los ciudadanos privando a la gente de elegir un mejor servicio.

Este mantenimiento de privilegios se vuelve a poner de manifiesto hoy con el actual debate surgido en el Estado de California, donde se pretende crear un nuevo impuesto, en este caso al correo electrónico.

Supongo que los "amantes" de los servicios públicos, las nacionalizaciones, el creciente gasto público (e insostenible)...deben estar encantados, aunque luego incongruentemente seguro que se quejan de sus consecuencias. Es lo que suele pasar...

Como publica El Confidencial:

"El lógico declive del United States Postal Service (el 'Correos' estadounidense), ha desencadenado un debate que muchos verán como disparatado, pero que otros entenderán como algo planteable. Todo se ha originado en la ciudad californiana de Berkeley

En un pleno municipal, un asunto candente sobre la mesa: USPS había planteado ya vender su sede en la ciudad ante el declive de la facturación en una sociedad cada vez más reacia al papel, y más proclive al ancho de banda. El asunto no era baladí para la comunidad y los concejales se revolvieron incómodos en sus asientos. Uno de ellos, Gordon Wozniak (nada que ver con ‘Woz’ el cofundador de Apple), fue al pleno con los deberes hechos. Había logrado cuadrar las cifras y encontrar una solución ‘sostenible’ al cierre de ese edificio en concreto, y por extensión a todo el servicio de correos: imponer una tasa al uso del email.

Su defensa fue encendida y entusiasta: la bestia negra de todos los males que afectaban al entrañable servicio de correos venía del World Wide Web. ¿Por qué no establecer un impuesto al uso del correo electrónico? A nuestro aguerrido protagonista le salían las cuentas: con esa tasa se financiaría el mantenimiento del correo tradicional, y este peculiar ‘Woz’ se anticipó a la avalancha de críticos que le acusarían de retrógrado, al avanzar que parte de los ingresos provenientes de esta tasa podría “reinvertirse en mejorar el ancho de banda” o dedicar el excedente a otros menesteres.

Una tasa muy recurrente





La columnista del Washington PostRebecca Grant, corre a sugerir que esta medida podría considerarse como tasar la gasolina para revivir los carruajes de caballos aunque el propio Wozniak también estaba preparado para esta alusión.

Este osado concejal ha defendido su postura precisamente en un correo electrónico enviado a un blog de noticias local, en el que argumenta que este 'modus operandi' impositivo se aplica ya en otros terrenos. Así, asumimos como normal que con la gasolina se financie la sanidad en algunas comunidades (el conocido ‘céntimo sanitario’) y otro tanto de lo mismo puede deducirse de las tasas que se aplican a alcohol y tabaco. ¿Por qué no cobrar un impuesto para cada correo enviado? 

Wozniak argumenta, además, que con esta medida se acabaría de una vez por todas con el spam, una bestia negra que pone en riesgo el email como herramienta efectiva de comunicación.

Pero dejando de lado lo peregrino o no de la idea, los expertos han puesto ya el grito en el cielo ante la imposibilidad de llevarla a efecto. ¿Cómo poner en práctica esta medida técnicamente? Por otro lado, una tasa sobre el uso del correo electrónico situaría si cabe en una posición todavía más frágil a esta forma de comunicación, ya tocada seriamente por los sistemas de mensajería de las redes sociales o las aplicaciones de chat."

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