miércoles, 13 de marzo de 2013

La tributación creativa de los gobiernos sigue en aumento (Política, Economía. 1.326


Como bien comenta McCoy en este artículo "la tributación creativa consiste en esencia, en inventarse figuras impositivas que permitan sangrar aún más al depauperado sector privado de la economía con el fin de financiar lo infinanciable ante la necesidad política y de conservar el voto sobre la base de promesas estadísticamente imposibles."


Artículo de Cotizalia

"McDonald’s, prepárate: la siguiente puedes ser tú.

Llevaba tiempo con ganas de escribir sobre esto de la tributación creativa, consistente, en esencia, en inventarse figuras impositivas que permitan sangrar aún más al depauperado sector privado de la economía. La voracidad recaudatoria tiene un doble recorrido:horizontal, hechos imponibles novedosos hasta ahora no gravados, y vertical, mayores tipos, menores deducciones o una mezcla de ambos. Eso sí, la finalidad se mantiene inalterable: financiar lo infinanciable ante la necesidad política, ande yo caliente, de conservar el voto sobre la base de promesas estadísticamente imposibles. Que Dios conserve el Estado del bienestar.
Porque, miren, eso de hacer de la necesidad virtud y aprovechar las necesidades de las arcas públicas para hacer un replanteamiento del modelo fiscal en su conjunto, como que evidenciaría la incapacidad de más de uno, aparte de dar una pereza intelectual de muerte. Los tiempos de pasar a la historia ya han quedado atrás, y el poder se concibe como algo efímero, pese a que a la mayoría de quienes lo ejercen no se los sacaría de la poltrona ni con agua caliente. De ahí que prime la urgencia del momento frente a la trascendencia de cualquier planteamiento que vaya más allá. Es lo que hay, es ese el triste destino de nuestro voto, papel higiénico en manos de arribistas.
La última ocurrencia viene de ese nido de despropósitos en el que, en determinados ámbitos, se ha convertido la Generalitat de Catalunya. Con objeto de ajustar su presupuesto en la magnífica suma de 22 millones de euros,  frente a los 5.400 y 9.000 solicitados respectivamente en 2012 y 2013 al Fondo de Liquidez Autonómica, no se le ha ocurrido otra cosa que establecer un tasa sobre las bebidas refrescantes con exceso de azúcar, a la espera de una definición más concreta en la propuesta que finalmente se presente. 0’024 euros por lata y 0’15 por botella de dos litros, sin que se sepa aún quién recauda o quién paga. Si esto es desincentivar el consumo, que venga Juan Español y lo vea…
Se trata de una idea desarrollada ya en países como Francia y que parte de una premisa no comprobada: la relación causa-efecto entre la ingesta de un único producto y la obesidad de una parte sustancial de la población, con sus correspondientes gastos médicos. Desde ese punto de vista, se trata de una medida discriminatoria ya que han empezado por aquí como podrían haberlo hecho por la bollería industrial, las hamburguesas –McDonald´s, tiembla- o los propios actimeles, cuya aportación calórica sorprendería a más de uno. Azúcar vs. grasas, bebido frente a comido, refrescante vs. batidos, exactamente… ¿por qué? Al limitar su extensión a una sola categoría -con un peso, además, de poco más del ¡1,5%! en la ingesta calórica total- la fuerza argumental se desvanece como un azucarillo –oh, perdón- y es legítimo pensar que priman otros intereses.
Pero supongamos que sea así, que lo es: que estamos en una deriva de la salud ciudadana peligrosa y que es fundamental atajarla si no queremos una sociedad de gordos, insostenible sanitariamente. Bien, en ese caso, lo lógico sería alinear el interés, tanto de Administración como fabricantes y educadores, en presentar un modelo de vida saludable que, de acuerdo con una serie de hábitos mundialmente reconocidos, eduquen preventivamente en lugar de coaccionar fiscalmente, ¿no creen? Algo a lo que las empresas afectadas se prestarían de buena gana. Si es imprescindible una asignatura de nutrición, hágase, pero que nadie pierda por el camino, especialmente si ha obrado en el marco de la ley, que esa es otra. Una propuesta similar del alcalde Bloomberg fue echada abajo judicialmente ayer en Nueva York por... arbitraria. Vaya.
De hecho, la medida resulta irrisoria en los términos en los que se ha planteado ya que los cánones debieran multiplicarse por cuatro para que tuvieran algo de incidencia en la decisión del comprador. Y, sin embargo, sirven, de nuevo, para que los inversores internacionales y las multinacionales presentes en España vuelvan a cuestionarse la idoneidad de nuestro país como destinatario de unos fondos para los que hay más oportunidades que nunca en el resto del mundo desarrollado. No hay que olvidar que las bebidas refrescantes facturan más de 12.000 millones, emplean a cerca de 65.000 personas y pagan 550 millones de impuestos y cotizaciones sociales al año a la piel de toro. Como para andarse con bromitas de caciquitos regionales…"

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