lunes, 14 de mayo de 2018

El feminismo radical sigue marcando la agenda. Una agenda totalitaria, injusta y desigual

El feminismo radical, que hoy en día tiene la bandera del feminismo y dirige todas sus actuaciones (y que no tiene nada que ver con la igualdad ante la ley, sino que busca la desigualdad ante la misma en función del género) está llevando a una situación cada vez más esquizofrénica. La guerra de sexos que persigue esta ideología dirigida desde la izquierda radical (el ejemplo en Chile proviene de la diputada comunista, pero se está buscando también aquí en España) va a llevar a la convivencia a situaciones extremas y su estrategia es llevar la lucha de clases a todos los ámbitos (también los sexos) para implosionar el sistema (y llevar a cabo su utopía de crear "al hombre nuevo" bajo su absoluto control, y que siempre ha devenido, por antinatural en debacle) e implosionar también la convivencia social, pretendiendo así ganar más adeptos para la causa comunista, por vía de la agitación y el enfado.


Para ello, la estrategia es la división y el conflicto. La creación de generalizaciones a raíz de casos estadísticamente ridículos (y más si se compararan con decenas de otras variables). Tiene que introducir una creencia de generalización, de insostenibilidad, de indignación. Necesita extrapolar casos aislados al conjunto. Así, crecientemente se escuchan las reivindicaciones de todos los hombres son unos violadores y acosadores y todas las mujeres una victimas (2,65 violaciones en España por cada 100.000 habitantes y 18,6 abusos sexuales por cada 100.000 habitantes). 

La estrategia de la izquierda radical siempre es ir sumando minorías haciendo bandera para ir ganando múltiples apoyos (por contradictorio que sea lo que venden a cada uno), pero ahora va a lo grande (mujeres y pensionistas) para "asaltar los cielos". Y para captarlos primero tiene que inocularles la idea de la victimización (mediante la mentira y la manipulación vía generalización de casos aislados y la constante propaganda mediante sus múltiples altavoces mediáticos y educativos). Y paralelamente, extender la acusación del otro grupo (en este caso, el hombre) de explotador. 

De esta manera, el último paso en su agenda totalitaria es un paso más que destroza los principios jurídicos básicos del Estado de Derecho: la presunción de inocencia y la carga de la prueba por parte de la presunta victima (hecho aberrante que por cierto ya se produce en la "ley de violencia de género" en España). 

Así, en Chile se está estudiando que el hombre tenga que demostrar si es acusado por una mujer que hubo consentimiento (en lugar de tenerlo que demostrarlo la demandante). Y esto es una auténtica locura, cuyas implicaciones son brutales (por negativas) y los incentivos perversos que provoca (difamación, extorsión, venganza, obtención de privilegios y subvenciones...) son inimaginables. 

Una aberración jurídica propia de las peores dictaduras que serán el día a día. Y las consecuencias para la convivencia y las relaciones humanas entre personas de distinto sexo serán funestas (reducción de relaciones de todo tipo, de contacto sexual y no sexual, aumento de la desconfianza, de acritud, de odio, de rivalidad, de no verse como iguales, destrucción creciente de la familia, ausencia de relaciones fijas y serias, reducción (y todo esto viene dándose) del compromiso y del matrimonio, reducción de la natalidad...

 Se exponía hace unos días en este artículo "Follar ante notario", hacia dónde está llevando (y hacia dónde iba a llevar) la irracionalidad de la dictadura de género, mostrando otros casos a parte del chileno en los que se está imponiendo esta carga de prueba y el consentimiento previo mediante pruebas de cualquier proceso en una relación, lo que está llevando a la aparición de aplicaciones para dar consentimiento explícito a cada nuevo paso de la relación sexual (que aquí en España ha sido retirada por la presión del lobby feminista al acusarla de machista), lo cual lleva a todavía mayor indefensión. 

Lo evidente, es que la dictadura de género sigue avanzando paso a paso distorsionando las relaciones, y creando conflictos crecientes (y peligrosas guerras de sexos) donde antes no lo habían, con múltiples consecuencias indeseadas. 




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