miércoles, 16 de mayo de 2018

Mentiras y medias verdades sobre el sistema público de pensiones

Sergio Marqués muestra las mentiras y medias verdades sobre el sistema público de pensiones, realizando (y respondiendo) a dos preguntas clave al respecto. 

Mucho se está hablando estos días sobre el futuro de las pensiones en España. Y como suele ser costumbre, las opiniones más difundidas sobre el asunto no son aquellas que provienen de economistas de prestigio, ni aquellas otras basadas en una mirada realista, objetiva y razonable del futuro. No, las opiniones más difundidas, en muchos casos afirmaciones tajantes basadas en la simple ignorancia, corresponden casi en exclusiva a políticos profesionales. Políticos que viven, y muy bien por cierto, de intentar convencernos que ellos son nuestra mejor garantía de futuro, que ellos defenderán nuestros intereses particulares por encima de cualquier otra consideración.  Políticos que, en general, no dudarán en mentir, o en el mejor de los casos decir medias verdades, sobre cualquier tema con tal de asegurarse la continuidad de su acomodada vida, para asegurarse, ellos sí, un plácido futuro. Y así, el “debate de las pensiones”, asunto en el millones de españoles nos jugamos nada más  y nada menos que nuestra futura tranquilidad financiera, se está convirtiendo hoy más que nunca en terreno abonado para  falsedades.
Ante tanto mensaje político intencionadamente falseado, hay dos preguntas que deberían ser contestadas y explicadas con claridad y franqueza a la población. Claridad y franqueza sobre el actual sistema de pensiones públicas, indispensables para que un debate  digno de tal nombre pueda ser realizado en nuestro país.
Primera pregunta clave: ¿va a entrar en quiebra el sistema público de pensiones? El actual sistema público de pensiones, tal y como está diseñado, nunca va a quebrar. Y no va a quebrar por la simple razón de que los políticos pueden, mediante las leyes, reducir las obligaciones del sistema. Es decir se puede, y de hecho es lo que se ha estado haciendo de forma continuada en las últimas décadas, reducir indefinidamente la cuantía de las futuras pensiones para hacerlas cuadrar con los ingresos por cotizaciones. El actual sistema de reparto, no está obligado a pagar pensiones de una determinada cuantía en función de las cotizaciones que cada persona haya aportado a lo largo de su vida laboral, sino que dicha cuantía puede ser redefinida, recalculada a conveniencia, en cualquier momento. Usted, como cotizante a la seguridad social,  siempre tendrá derecho al cobro de una pensión pública, pero nunca sabrá la cuantía de la misma. Dicha cuantía la decidirá el gobierno en función de sus intereses, prioridades o disponibilidad presupuestaria. Si usted confía en el actual sistema está, literalmente, entregando su futuro financiero a los políticos. Mal asunto.
Segunda pregunta clave: ¿es el actual sistema público de pensiones sostenible? Pues en función de lo explicado anteriormente depende de lo que entendamos por sostenible. Sostenible en el tiempo sin duda. Sostenible en cuanto a la calidad de las pensiones, rotundamente no. Con la actual tendencia demográfica es imposible que las pensiones se mantengan en niveles similares a los actuales. Vamos encaminados a una inexorable, y muy severa, pérdida de poder adquisitivo de las pensiones públicas que no va a ir acompañada de una reducción de las cotizaciones para pensiones. Se calcula que en unas tres décadas el poder adquisitivo de las pensiones públicas baje a la mitad, mientras que las cotizaciones a la seguridad social se mantendrán en los niveles actuales o superiores. Es decir, que para “sostener” el actual sistema estaremos condenados a pagar cada vez más, para recibir cada vez menos.
Lo menos que se merece la población española es que, ante un reto de tales dimensiones como es asegurar un futuro digno a los pensionistas, los políticos, defiendan el sistema que defiendan, expliquen a la población estas dos verdades. Verdades que a día de hoy no se están diciendo. Y solo cuando todos seamos conscientes de la realidad, de las limitaciones y carencias reales del actual sistema público de pensiones, se podrá iniciar un debate honesto y realista del futuro de las pensiones en España. Porque al menos en este tema, como decía un conocido político de infausto recuerdo, los españoles nos merecemos un gobierno, y una clase política en general, que no nos mientan. El futuro de millones de españoles, nunca mejor dicho, depende de ello.

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