viernes, 4 de marzo de 2016

Presidente Trump

Interesante análisis de Jesús M. Pérez sobre el fenómeno Donald Trump desde una perspectiva no tan alejada como la española. 
Como bien concluye, "es difícil imaginar que gane las elecciones presidenciales frente a Hillary Clinton, pero sería entre divertido y terrorífico imaginar el mundo con el presidente Trump."
Artículo de Guerras Posmodernas:
De un tiempo a esta parte mantengo una rutina con una amiga que vive en Estados Unidos. Ella me pregunta mi opinión sobre cierto artículo de análisis internacional de algún autor español publicado en El País y yo le contesto por enésima vez que no leo los artículos de opinión de la prensa española. Entonces busco el artículo al que ella se refiere y pasamos a destriparlo. La situación habitual es que al autor de turno se le escapa las claves del asunto que toda la prensa en Estados Unidos maneja. A estas alturas no sé si es un síntoma de la decadencia periodística de El País o un síntoma de que en el siglo XXI  para un ciudadano español con Internet la prensa nacional resulta superflua para seguir la actualidad del mundo.
El último artículo al que mi amiga hizo referencias se refería al éxito de Donald Trump en las primarias republicanas. Salió justo en un momento en que los medios estadounidenses están volcados en analizar la campaña de Trump, burlarse de Trump o advertir del peligro que supone Trump. Y me parece insuficiente y torpe quedarse en el análisis de que Trump triunfa porque apela a los más bajos instintos del electorado con un discurso xenófobo. Sería igual de irrelevante que un análisis de un periodista extranjero que contara en su medio que un sector del electorado español se ha vuelto loco votando a un partido liderado por un comunista a sueldo de Caracas y Teherán que ha defendido, entre otras muchas cosas, acabar con la división de poderes, prohibir los medios de comunicación privados y salirse del euro para imprimir dinero a lo loco e imponer controles cambiarios.
Trump es un fenómeno singular porque ha subido en las encuestras diciendo cosas que hubieran hundido la carrera de otros candidatos en otros ciclos electorales, como decir que John McCain no es un verdadero héroe de guerra porque fue derribado sobre Vietnam o que la actitud de Megan Kelly hacia él durante el debate en FOX News se debió a que la periodista estaba con la regla. Las encuestas y estudios reflejan que el público valora que Trump “habla claro” y “dice lo que piensa”, aunque sea tan difícil su posición en torno a tantos temas en los que se ha contradecido. Bill Maher señaló que una característica importante de Trump es que no pide perdón. Y en un país con el discurso público atenazado por lo políticamente correcto (que a pesar de la degeneración del término en España, es un concepto de la izquierdas posmoderna) el discurso de Trump genera apoyo en la masa que no se siente identificada con las élites educadas y sofisticadas de ambas costas que copan Hollywood y los medios (veáse lo que escribí en “Los muchos Estados Unidos”). Por contrastar, es interesante ver cómo Dana Carvey imitó a Barack Obama y comparó su manera elaborada y algo pomposa de hablar con las de Ronald Reagan, Bill Clinton y George W. Bush. El resultado es que paradójicamente Trump ha encontrado el apoyo electoral en la clase obrera estadounidense.
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La clave que he echado en falta en los análisis españoles y que se ha convertido en la palabra fetiche en Estados Unidos es que Donald Trump es percibido como un candidato anti-establishmentexactamente como Bernie Sanders. William S. Lind, autor del concepto de “Guerras de Cuarta Generación”, escribía hace poco que “la línea de fractura en la política estadounidense no es republicano vs. demócrata sino establishment vs. antiestablishment”. Trump no es un “político profesional” y con su fortuna personal no necesita para su campaña el apoyo económico de grupos de interés y lobbies. Así, Bill O’Reilly decía que Trump y Sanders son lo mismo. Trump entró en las primarias como una figura rompedora que logró que su figura y su discurso se convirtiera en el centro del debate. Scott Adams, autor de las tiras deDilbert, ha escrito una larga lista de artículos analizando la estrategia de comunicación exitosa detrás del personaje delirante y bufonesco que es Trump.
La avalancha de análisis de estas últimas semanas son resultado del Partido Republicano entrando en pánico y la desesperada necesidad de comprender la fórmula del éxito de Trump. La lista de candidatos republicanos se ha reducido pero quedan en liza dos candidatos con entidad como Ted Cruz y Marco Rubio que están logrando que el voto del elector republicano “tradicional” se divida, facilitando las victorias de Trump. Una posible victoria de Donald Trump y Hillary Clinton en las primarias obligaría a muchos republicanos a aceptar a la segunda como el mal menor, tal como ya ha asumido Max Boot. Es difícil imaginar que gane las elecciones presidenciales frente a Hillary Clinton, pero sería entre divertido y terrorífico imaginar el mundo con el presidente Trump.

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